jueves, 21 de abril de 2011

Vida cotidiana

El domingo 3 de octubre de 1824, alrededor de las 8 de la mañana, el comerciante John Moens, el doctor Francis Anderson y un guía local partieron hacia Arequipa a caballo y lomo de mula. Heinrich Witt permaneció en Quilca y aprovechó el día para deambular por el pueblo. Cruzó a pie la desolada y desierta hilera de colinas que separaba el cabo del valle de Quilca. En el cabo se encontró con los capitanes Warren, London y Hamilton, quienes estaban tratando de conseguir mulas en una villa. Como no apareció ningún animal, Witt y los capitanes se sentaron en una choza del lugar para tomar vino, pisco y chicha.

Cuenta Witt que mientras pasaban el tiempo bebiendo se percataron de que se estaba organizando una pelea de gallos en el lugar. Cada gallo llevaba una pequeña y afilada navaja amarrada a una de las patas. Se formó un redondel, pero los gallos mostraron tan poco valor que la pelea fue un fiasco. Witt y los tres capitanes cruzaron nuevamente las colinas y decidieron sentarse en una tienda de aguardiente atendida por dos mujeres que no se sonrojaban ante las bromas. Posteriormente fueron a bordo del "Alpha", donde se les unió el capitán Morley para pasar la tarde.

Los siguientes días Witt los pasó también en compañia de los capitanes. De acuerdo a sus apuntes, Hamilton era el más educado de todos, con modales de caballero. Sobre los otros tres (Warren, London y Morley), Witt no tenía una gran opinión. El miércoles 6 de octubre Witt realizó una visita a Juan Elguera, empleado de Marcó del Pont. Respecto a este hecho y para tener una idea clara de la perspectiva que tenían en aquella época los extranjeros sobre el comportamiento social de los lugareños, transcribimos a continuación parte del diario de Witt: "Mientras estaba con Elguera, tres mujeres de Arequipa, que decían ser damas, le hicieron una visita. Se sentaron confortablemente sobre el baúl y la banca de madera. No les incomodó para nada la bacinica que se veía debajo de la cama de Elguera. La mayor fumaba y la menor, una linda chica, se refugió sobre la cama al ser asustada por una rata. La vieja mujer de la tienda de aguardiente me ofreció un cigarro que ella había estado fumando el cual no me atreví a rechazar".

Los días seguían pasando y Witt seguía haciendo visitas, reuniéndose con los capitanes ya nombrados y conociendo a otros capitanes y tripulantes cuyas embarcaciones llegaban a Quilca. Recién el martes 12 de octubre recibió una carta de Moens con órdenes específicas para desembarcar parte de la carga del "Wanderer". Tres días después, el viernes 15, empezó el trabajo. Para ello Witt contrató a cuatro hombres de la tripulación del "Dolphin" y dos botes cargados de mercancías fueron enviados a tierra.

Por la tarde, el capitán Warren apareció en el "Wanderer" acompañado de un tal Dickson, tripulante del bergantín danés "Perle", cuyo capitán (Bruhn), al no estar familiarizado con la posición de Quilca, había pasado este puerto por sotavento. Por ese motivo envíó a Dickson y otros tripulantes en un bote a obtener información, pero el bote se desfondó y el grupo tuvo que nadar hasta el límite de sus fuerzas para salvarse de morir ahogado. Finalmente llegaron a Quilca a lomo de mula y sin un centavo en el bolsillo.

Al día siguiente, el sábado 16, el "Perle" pudo finalmente anclar fuera de la rada tras 84 días de travesía desde Río de Janeiro. Ese día también ancló el bergantín "Bruce" del capitán Craig, que había partido del Callao hace 24 días. Witt estuvo muy ocupado como para ir a visitar a los tripulantes de alguno de los barcos, pero conoció al capitán Craig en tierra, quien lo puso al tanto de las novedades políticas. El Callao continuaba bloqueado debido a la guerra de Independencia, mientras que en Lima, donde habían ingresado cien marinos del H.M.S. "Cambridge" para proteger la propiedad británica, el comercio estaba paralizado. Estas noticias Witt se las envió inmediatamente a Moens vía carta.

En tanto, la descarga de la mercadería continuaba bajo la supervisión de Witt y se enviaron otros tres botes a tierra. Por la noche Witt cenó a bordo del "Arab" y sintió cierta afinidad con el capitán Warren, de quien escribió lo siguiente: "aunque estaba un poco alterado, resultó agradable, tal vez por primera vez desde que lo conocí. Contó varias historias graciosas y cantó una serie de canciones... Era la medianoche cuando regresamos a nuestro barco".

jueves, 17 de marzo de 2011

Quilca, primer destino

A las once de la mañana del viernes 24 de setiembre de 1824 el barco inglés "Wanderer" ancló en el fondeadero de Quilca, el puerto de Arequipa. En ese momento, aunque la independencia del Perú ya había sido declarada por José de San Martín, los comerciantes extranjeros estaban obligados a solicitar una autorización especial a las autoridades españolas para desembarcar mercadería o trasladarse a otros lugares.

Ese primer vistazo al Perú no fue muy grato para Heinrich Witt, quien describe Quilca como una villa situada en un estrecho valle cubierto de maleza, por el que un río baja hacia el océano. Escribió Witt que el pueblo consistía en unas cuantas casuchas que rodeaban una iglesia en ruinas y que en la boca del río se había formado un banco de arena sobre el cual rompía el oleaje con violencia. Sin embargo, ese era el único lugar donde se podía conseguir agua fresca.

El domingo 26 de setiembre de 1824 Heinrich Witt dejó el "Wanderer" y bajó por primera vez a tierra, mientras que sus compañeros de viaje John Moens y el doctor Francis Anderson arreglaban sus papeles para solicitar permiso para viajar a Arequipa. Tras su primera visita a Quilca, Witt fue muy severo en sus apreciaciones: "Quilca me pareció el lugar más infeliz en el que haya puesto los ojos. Tiene 60 chozas miserables hechas de simple caña, sin cubierta de barro, sin color. Solo algunas de ellas tienen esteras sobre las cañas mientras que los techos tienen solamente esteras, lo cual ofrece poca protección frente a la lluvia. Se nos dijo que días atrás un toro y un caballo unidos por una correa, al tratar de ir violentamente en distintas direcciones, habían derrumbado varias chozas".

Ese día y en una de esas precarias viviendas Witt encontró al rico comerciante bonaerense Manuel Marcó del Pont, quien acababa de llegar de Camaná. Marcó del Pont junto al español Ambrosio Ibáñez habían obtenido una licencia especial del gobierno de Madrid para realizar actividades comerciales en los puertos intermedios de Sudamérica. Ellos tenían, asimismo, un acuerdo comercial con Anthony Gibbs & Sons de Londres.

Cuenta Witt que la casa donde encontró a Marcó del Pont no tenía ninguna ventana, siendo la puerta la única abertura que dejaba entrar la luz exterior. Sin embargo, el interior del lugar estaba forrado con tela de cáñamo y el suelo estaba entarimado. El mobiliario consistía en una cama envuelta en una piel, un baúl y un asiento hecho con dos palos y una tabla cruzada, donde se encontraba sentado Marcó del Pont, quien sufriendo de escalofríos y cubierto por un manto, se veía miserablemente enfermo.

Después de esa visita formal a un notable allegado a la Casa Gibbs, Witt notó que habían algunas carpas dispersas por el vecindario y ocupadas por alrededor de 40 hombres y mujeres que habían llegado de Camaná con el propósito de bañarse (en Quilca, dice Witt, fue la primera vez en su vida que vio a mujeres fumar y bañarse en el mar).

Además, bajo una carpa abierta, estaban el comandante del puerto y varios españoles almorzando juntos. Los gastos corrían por cuenta de Lucas de la Cotera, un comerciante español establecido en Arequipa, a quien todos los extranjeros que llevaban carga a los puertos intermedios estaban obligados a encomendarse y que debido a su riqueza tenía gran influencia sobre el gobernador español. En este punto cabe repetir que la Casa Gibbs era una de las pocas excepciones y no estaba encomendada a Lucas de la Cotera, sino a Marcó del Pont e Ibáñez.

El mismo domingo 26 de setiembre Witt, Moens y Anderson almorzaron a bordo del "Egham" del capitán Turner. Cuenta Witt que por primera vez probó el pisco, al cual describe como "un licor puro, blanco y fuerte hecho de uvas... que toma su nombre del puerto de Pisco, desde donde se exporta".

A pesar de que Witt describió a Quilca como un lugar precario y casi salvaje, él mismo reconoció su importancia comercial al consignar el nombre de los barcos y capitanes que se encontraban anclados en el puerto el martes 28 de setiembre de 1824. Ahí estaban los barcos ingleses "Wanderer" del capitán Warren y "Egham"del capitán Turner; los bergantines ingleses "Shakespeare"del capitán Morley, "Alpha"del capitán London, "Arab"del capitán Hamilton y "Dolphin", un barco de Gibraltar consignado a Samuel B. Mardon. La corbeta norteamericana "Peacock" del capitán Canning, la coberta francesa "La Diligente"del capitán Villars,  el barco norteamericano "Tartar"del capitán Gerry y los barcos franceses "Le Telegraphe" y "Ernestine".

Finalmente, el sábado 2 de octubre de 1824 llegó la autorización española para el viaje de John Moens y el doctor Francis Anderson a Arequipa. Ambos bajaron a tierra junto a Witt y se unieron a los capitanes Hamilton, Turner, London, Warren y Baldwin, quien había llegado dos días antes a mando del "Cora". Moens y Anderson querían trasladarse ese mismo día a Arequipa, pero se dieron con la sorpresa de que casi toda la población de Quilca estaba ebria debido a la celebración de una boda. Fue imposible conseguir mulas o guía y tuvieron que postergar el viaje para el día siguiente.

martes, 23 de noviembre de 2010

Heinrich Witt

Natural de Altona, un pueblo cercano a Hamburgo, Heinrich Witt escribió durante más de 60 años un puntilloso y detallado diario sobre su vida en el Perú. Conocer el contenido de este diario es vital para tener una perspectiva más amplia de las características que tuvo la inmigración europea en el Siglo XIX. Por ese motivo, a partir de este post, compartiré información extraída de los apuntes de Witt, lo que nos permitirá descubrir, entender y comprender aspectos de la inmigración que no son posibles de encontrar en los libros tradicionales de historia del Perú.

Witt nació a fines del Siglo XVIII en el seno de una familia de granjeros y comerciantes luteranos que alternaban etapas económicas de auge y crisis como consecuencia de las guerras entre los ducados alemanes y Dinamarca. Por supuesto, la familia Witt también fue afectada por las guerras napoleónicas. Casi al final de éstas, en 1814, Heinrich Witt concluye su instrucción escolar y es enviado a un internado en Inglaterra.

Un año más tarde, en diciembre de 1815, Witt retorna a Altona, donde a los 16 años inicia su carrera comercial como empleado en la oficina de contabilidad de Conrad Henrich Donner. En enero de 1823, huérfano de padre y madre, Witt recibe la recomendación de su tutor Lucas Willink de hacer un viaje a Londres y, gracias a los buenos oficios de su ex jefe Donner, ingresa como voluntario a la compañia Sadler Guest Co, la que efectuaba pequeños negocios de comisión con Alemania.

Pocos meses más tarde, su tío Diederick Willink le consigue el puesto de corresponsal general en la casa Anthony Gibbs & Sons. En un princio, Witt tuvo muchas dificultades para adaptarse al empleo y estaba a punto de perder su puesto cuando su antiguo jefe, Conrad Henrich Donner, llegó de visita a Londres y lo recomendó de tal manera que los Gibbs decidieron darle otra oportunidad, pero esta vez a cargo de las facturas y los libros de cuentas.

En ese momento los socios principales de la casa Anthony Gibbs & Sons eran George Henry Gibbs, William Gibbs y Charles Crawley. El fundador Anthony Gibbs ya había muerto. También en 1823 Witt conoció en Londres a John Moens, quien desde 1822 era encargado de la casa Gibbs, Crawley & Moens en Lima. En ese momento Moens tenía como asistente a Samuel B. Mardon, encargado de la sucursal de Arequipa, y los Gibbs consideraron que debían asignar a un nuevo empleado para trabajar con él. Es así que surge la posibilidad de enviar a Heinrich Witt al Perú.

Inicialmente Witt pudo ser enviado a la casa Gibbs & Casson en Gibraltar, pero los Gibbs lo descartaron porque su letra no era lo suficientemente buena, así que le ofrecieron un puesto como asistente de Mardon en el Perú. Después de consultar con sus tutores, Witt aceptó el ofrecimiento y se le informó que viajaría junto a John Moens en el navío "Wanderer" del capitán Warren llevando además una importante carga de productos manufacturados.

Los términos del compromiso contractual de Witt eran pasaje de ida gratis, así como cuarto y comida en Sudamérica. Su sueldo sería de 500 libras al año, pero se empezaría a pagar a partir del día de su llegada al Perú.

Junto a John Moens y un amigo personal de éste, el Dr. Francis Anderson, Witt partió de Liverpool hacia Sudamérica el 26 de febrero de 1824. Después de una recalada de tres días en Santa Cruz de Tenerife, el "Wanderer" navegó 168 días hasta llegar a Valparaíso el 16 de agosto. En Valparaíso el barco permaneció 26 días y finalmente llegó a Quilca, su puerto de destino, el 24 de setiembre. Witt señala que el viaje fue una odisea, especialmente durante los 55 días que el capitán Warren empleó en dar la vuelta al Cabo de Hornos desde la altura de la entrada del estrecho de Magallanes, en el Atlántico, hasta alcanzar la misma altura en grados de longitud en el Pacífico.

Foto: Heinrich Witt, comerciante y viajero que legó un detallado relato de sus experiencias en el Perú.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Alexander Prentice

Nuevamente incluyo un post provisional para responder brevemente sobre una consulta puntual relacionada a Alexander Prentice, ingeniero civil escocés, hijo de Thomas Prentice y Mary Reid, quien llegó a Lima a inicios de 1850 como miembro de la empresa de gas que se haría cargo de la instalación del revolucionario sistema de alumbrado público de la ciudad.

El ambicioso proyecto había sido presentado al presidente Ramón Castilla por Miguel Morel y el ingeniero Melchor Charún, quienes previamente habían establecido contacto con un joven Prentice para preparar una propuesta atractiva y viable.

Decidido a modernizar Lima y con los recursos económicos para hacerlo, Castilla aprobó el proyecto y de esta manera hizo posible el arribo de Prentice al Perú. El ingeniero escocés se encargó de adquirir e instalar la maquinaria necesaria, así como de dirigir los trabajos. Cuando el alumbrado a gas de Lima se convirtió en una realidad, el trabajo de Prentice fue reconocido y admirado en la esfera pública y privada.

Por ese motivo no sorprendió que poco después Prentice se convirtiera en ingeniero del Estado. En este cargo supervisó y dirigió una serie de importantes obras públicas a nivel nacional relacionadas sobretodo a muelles y ferrocarriles, así como al alumbrado por gas. Prentice también fue inversionista de la Empresa de Agua y fue miembro de la Bolsa Mercantil, institución que reunía a los más ilustres comerciantes y profesionales de Lima de aquella época.

En 1868 se asoció a John Mathison y George Petrie para formar la Compañia de Alumbrado por Gas de Chorrillos y en 1870, ya como ingeniero independiente, presentó al Estado una propuesta para la construcción de un muelle en el puerto de Pacasmayo, así como la implementación del ferrocarril de Pacasmayo a San Pedro de Lloc y Guadalupe. Sin embargo, su propuesta no fue aceptada.

Se dice que el rechazo a ese proyecto fue un duro golpe para Prentice, quien decidió dejar el Perú y fijar su residencia en Inglaterra. Prentice, quien en 1857 se había casado en Lima con Rosa Riera de Osambela, partió a Europa junto a su numerosa familia.

En el censo inglés de 1881 se encuentra amplia información sobre los Prentice. Por ejemplo, vivían en el número 12 de Endsleigh Gardens, Londres, Middlesex. Alexander Prentice declaró tener 53 años, ser ingeniero civil y haber nacido en Escocia en 1828.

Su esposa Rosa señaló tener 41 años y no ejercer ninguna ocupación, mientras que también fueron censados once de sus doce hijos. Thomas, de 20 años, señala ser ingeniero civil y soltero; Robert, de 19 años, declara también ser ingeniero civil y soltero. Charles y Stuart, ambos de 17 años, aparecen como estudiantes. Rosa, de 15 años, es también estudiante, mientras que Martin, de 14; Guillermo, de 12; y Manuel, de 11 años, son citados como escolares. Todos ellos habían nacido en el Perú.

El matrimonio tuvo otras tres hijas menores que nacieron en Londres y que figuran en el censo: Mercedes, de 9; Margarita, de 7; y Anita, de 5 años. Todas citadas como escolares. El único que no aparece censado fue el hijo mayor, Alexander Ignatius Prentice Riera, quien nació en Lima en 1859 y que posteriormente se establecería en Guatemala. En la casa londinense también vivía la cocinera de la familia, Florence Kennedy; la mucama, Florence Nightingale, y la encargada del cuidado de los más pequeños, Clara Mcaulay.

A pesar de la distancia, Prentice mantuvo sólidos vínculos comerciales con el Perú. Por ejemplo, en 1884, junto a sus socios Mathison y Petrie, fue indemnizado por el Gobierno de Chile tras el saqueo e incendio del amplio local de la Compañía de Alumbrado por Gas de Chorrillos durante la Guerra del Pacífico. El Tribunal Arbitral Anglo-Chileno decidió otorgarles 1,819 libras esterlinas y 18 chelines como reparación. Poco después Prentice y su familia volvieron al Perú, se establecieron en Miraflores y el ingeniero escocés retomó sus labores hasta que la muerte lo sorprendió el 1 de noviembre de 1896..

Foto: El ingeniero civil escocés Alexander Prentice (Archivo Courret).

viernes, 9 de julio de 2010

Byrne en Perú

Atendiendo al pedido de una lectora que solicita información sobre el apellido Byrne en Arequipa, publicaré a continuación un post temporal con algunos datos que pueden ser interesantes para su investigación. El apellido Byrne ú O'Byrne es de origen irlandés. Sin embargo, el primer Byrne que llegó al Perú no lo hizo procedente de Europa, sino de Chile.

Adolfo Byrne Larenas nació en la provincia de Concepción en 1818 y era nieto del teniente coronel chileno Enrique Larenas y Soto Aguilar, quien perdió la vida a fines de 1820 durante la llamada Guerra a Muerte (*). Existen indicios que permiten suponer que el primer Byrne que llegó a Sudamérica lo hizo con la intención de unirse a los ejércitos patriotas de liberación y aparentemente en Chile desarrolló una estrecha relación con el teniente coronel Larenas. Incluso, contrajo matrimonio con su hija Francisca Javiera Larenas y Alvarez Rubio. De esa unión nació Adolfo Byrne Larenas.

Sin embargo, la información relacionada a ese primer Byrne es minúscula y confusa. Su hijo Adolfo le atribuyó como nombre Juan, aunque también hay quienes señalan que su nombre real fue Federico. Referencias al apellido Byrne en Chile casi no existen. Incluso es posible que en un principio el apellido se haya modificado o se haya escrito incorrectamente (en Perú es común encontrarlo como Birne). El misterio se acentúa porque Francisca Javiera Larenas se casó por segunda vez en 1827, es decir, cuando su hijo Adolfo Byrne tenía 9 años de edad. Es probable que en ese momento haya sido viuda.

El segundo esposo de Javiera Larenas fue Juan Agustín Castellón Binimelis, una prominente figura en la Concepción de aquella época. El matrimonio tuvo seis hijos: Wenceslao, Lisandra, Amalia, Carlos, Camilo y Juan Castellón Larenas (los tres últimos participaron activamente en la fundación de organizaciones como el Club Concepción, Diario EL SUR, el Teatro Municipal de Concepción, el Liceo de Hombres y el Partido Radical).

Es evidente que la familia Castellón Larenas ocupó un papel preponderante en la vida económica, política y social de Concepción. Lo curioso es que Adolfo Byrne, el primer hijo de Francisca Javiera Larenas, no parece haber gozado de las mismas oportunidades que tuvieron sus medio hermanos y toda pista o información relacionada a su padre parece haberse esfumado. Siendo todavía soltero, Adolfo Byrne Larenas llegó al Perú por razones que no se conocen con exactitud. En Lima contrajo matrimonio con María Natividad Cisneros y la pareja tuvo seis hijos de acuerdo a las partidas de bautizo encontradas en Lima (Berenice, María Francisca del Carmen, María Adriana, María Haydee, Néstor José y Guillermo). Sin embargo, no se descarta que en realidad hayan tenido un número mayor de descendientes.

Adolfo Byrne trabajó en la facultad de Matemáticas y Ciencias Naturales del colegio o convictorio de San Carlos. Fue profesor del curso llamado "Recaudador y Tenedor de Libros" que era muy importante para las labores comerciales de aquellos tiempos.

Su hijo Guillermo Byrne Cisneros, cuyo nacimiento se presume que ocurrió en 1842, siguió la carrera militar y dejó una numerosa descendencia. Se casó por primera vez el 16 de abril de 1875 en la iglesia San Pedro de Tacna con la viuda Isabel Hurtado, hija de Pedro José Hurtado y Candelaria Gonzales.

Mucho tiempo después Guillermo Byrne se casaría por segunda vez a la edad de 67 años. La boda se realizó en Lima el 30 de mayo de 1911 y la novia fue Sofía Meza Pomareda, natural de Moquegua, hija de David Meza y Manuela Pomareda. A pesar de la diferencia de edad (el novio era 37 años mayor que la novia), la nueva pareja tuvo por lo menos siete hijos.

Antes del matrimonio habían nacido Violeta Angelina Byrne Meza (1906), Absalón Alejandro Byrne Meza (1907) y Alcira Florencia Byrne Meza (1910). En fecha posterior a la boda nacieron Beatriz Independencia Byrne Meza (1911), Irma Florencia Byrne Meza (1916), Félix Guillermo Byrne Meza (1918) y Nelly Paulina Byrne Meza, quien falleció a los pocos meses de nacida en 1919. Precisamente, el 1 de noviembre de ese mismo año, una severa neumonía le costó la vida a Guillermo Byrne Cisneros.

El caso de Guillermo Byrne Cisneros es curioso y sorprendente porque se le atribuye la paternidad de varias personas en diferentes lugares del Perú. Por ejemplo, Byrne Cisneros tuvo cuatro hijos naturales con Manuela D. Seminario. Ellos fueron María Antonieta Byrne, nacida en 1894; Néstor Guillermo Byrne, nacido en 1896; Manuel Alejandro Byrne, nacido en 1898; y, Rómulo Guillermo Byrne, nacido en 1899.

También Guillermo Byrne Cisneros reconoció ser el padre natural de Rafaela Byrne Rodríguez, nacida en 1915, mientras que se cree que fue el padre de María Byrne Díaz, natural de Lima, y Angélica Byrne Gómez, natural de Arequipa.

Del mismo modo, existen versiones que señalan que fue padre de Guillermo Nicolás Byrne, nacido en Chiclayo aproximadamente en 1869. La madre del pequeño fue Grimanesa Núñez del Arco y, de acuerdo a la documentación consultada, Guillermo Nicolás Byrne Núñez del Arco desarrolló una carrera como militar. Se casó con Ursula Martínez Farfán el 20 de abril de 1900 en la iglesia Santa Ana de Lima. Sin embargo, el matrimonio fue inscrito civilmente recién en 1917 a pedido de Anaís Byrne Martínez, hija de la pareja, quien presentó una solicitud especial ya que sus padres habían fallecido por ese entonces.

Continuando con la pista de los descendientes de Guillermo Byrne Cisneros nos encontramos con Uladislao Byrne. Sin embargo, en este caso, todo parece indicar que la relación entre ambos fue distinta. Tal vez fueron hermanos. En 1876 Uladislao trabajaba en la sección de departamento de las aduanas con el cargo de oficial interventor segundo y se cree que tenía un hijo: Udalislao Máximo Byrne, nacido en Lima presumiblemente en 1874 y quien aparece como testigo de nacimiento de varios de los hijos legítimos de Guillermo Byrne Cisneros.

Algunas fuentes consultadas creen que en realidad Udalislao Máximo fue hijo de Guillermo Byrne Cisneros, pero sobre esa información no existe ningún indicio concreto. En todo caso, Udalislao Máximo Byrne nunca se casó, pero tuvo varios hijos naturales. Por ejemplo, Moisés Otoniel Agustín Byrne, nacido en 1889 e hijo de Udalisdao M. y Losaira Montani. Años más tarde, en 1905, nació Juan Byrne Raggio, hijo de Uladislao M. y la italiana Marina Raggio.

Porteriormente, Uladislao Máximo desarrolló una larga relación afectiva con Rosa Astengo Poppe, quien había estado casada con Ricardo Pedreschi. Con ella tuvo tres hijos naturales a quienes reconoció al momento de inscribirlos: Evaristo Uladislao Byrne Astengo, nacido en 1910; María Angélica Byrne Astengo, nacida en 1913; y, Víctor Guillermo Byrne Astengo, nacido en 1915.

Por otra parte, también existen pruebas de la presencia en Lima de Reuben Byrne, un inglés que contrajo matrimonio con Raquel Buenaño y que tuvo una numerosa familia con la que se alejó del Perú a inicios del Siglo XX para afincarse en Estados Unidos.

Otra referencia sobre la presencia del apellido Byrne en el Perú se encuentra en libros relacionados a la explotación de polinesios en el Siglo XIX. En 1862 el irlandés Joseph Byrne obtuvo licencia del gobierno peruano para introducir al país colonos naturales de las islas del Sudoeste del Pacífico por un periodo de 5 años. El objetivo era que los colonos se dedicaran a labores agrícolas y domésticas a cambio de un salario. Byrne era un aventurero que había vivido en muchos países realizando diferentes trabajos sin mucho éxito. Por ejemplo, había tentado fortuna en los campos de oro de Australia y en Nueva Caledonia.

Cuando obtuvo la licencia del gobierno peruano, Byrne fletó casi inmediatamente la barcaza "Adelante" y partió del puerto del Callao en junio de 1862. Su primera parada fue Tongareva, en las Islas Cook, donde encontró que los nativos polinesios se encontraban severamente afectados por la carencia de alimentos, ya que una enfermedad había atacado principalmente a los árboles de coco.

Byrne no tuvo muchos problemas para convencer a los nativos de ir a trabajar a una isla cercana a cambio de una buena remuneración. Al final, 215 nativos aceptaron la oferta de Byrne, quien en lugar de trasladarlos a una isla cercana terminó llevándolos al puerto del Callao, donde, literalmente, los remató como esclavos por 200 y 300 pesos de la época (el precio dependía de la edad y sexo del colono).

El negocio fue tan rentable que muchos otros aventureros decidieron ir en busca de colonos a las islas de Oceanía. Sin embargo, la protesta de Francia y la reacción del gobierno peruano hicieron que las licencias para introducir colonos polinesios al Perú quedaran revocadas indefectiblemente en abril de 1863. Un alto porcentaje de colonos, que ya habían llegando al país en precarias condiciones de salud, murieron en los campos agrícolas.

Una nueva referencia al apellido Byrne en el Perú se encuentra ya entrado el Siglo XX cuando Joseph Byrne Lockey, miembro de la misión educacional norteamericana, asumió en 1910 el cargo de inspector de instrucción en Lima y Callao. Su legado han sido varias publicaciones donde desarrolla el concepto de panamericanismo.

Por otra parte, también es posible encontrar el apellido Byrne en Argentina, país al que los esposos irlandeses John Byrne y Julia Allen llegaron a mediados del Siglo XIX junto a sus seis hijos. En la actualidad existen muchos Byrne en Argentina y todos pertenecen a la misma rama familiar.

En Colombia, el apellido se encuentra como Byrne ú O'Byrne. Pero, en ambos casos, la rama se inició a partir del próspero mercader Frederick William Byrne, quien en 1850 era cónsul del Perú en Bogotá. Este dato es extraño porque no existe ningún indicio de que haya establecido vínculos comerciales con nuestro país o que haya tenido una estancia prolongada en el Perú. En cambio, sobre Byrne se encuentra amplia información en Panamá, donde desarrolló importantes negocios e incluso llegó a comprar la isla Pedro González. Por supuesto, los nombres de pila de Byrne fueron castellanizados en América Latina y se le conoció como Federico Guillermo. Finalmente, también hay presencia del apellido Byrne en Cuba, Puerto Rico y México.

(*) Enrique Larenas estuvo entre los patriotas sitiados en Talcahuano por las fuerzas realistas al mando de Benavides. Desprovistos de víveres y con ínfimas posibilidades de resistir mucho tiempo más el asedio realista, Larenas y los patriotas decidieron hacer frente al ejército enemigo. Cuando estaban tomando posiciones de combate, el caballo de Larenas se desbocó avalanzándose sobre las líneas enemigas. El teniente coronel no lo pudo controlar porque sus precarias riendas eran de lana y fue reducido de un pistoletazo para posteriormente ser ultimado a punta de lanza.

Nota: Existe un muy bien documentado libro genealógico llamado The Byrne and The O'Byrnes escrito en inglés por Daniel Byrne-Rothwell, pero lamentablemente no hay ninguna referencia a los miembros de esa familia que llegaron a las costas sudamericanas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Raíces irlandesas, influencia alemana

Con el objetivo de cerrar esta extensa historia respecto a los hermanos John y Alexander Blacker Thierry, nos remontaremos ahora a los orígenes de su familia.

Tanto John como Alexander fueron hijos del comerciante Alexander Blacker Burrows (nacido en Hamburgo, Alemania, el 17 de agosto de 1789) y de Jane Susan Marie Thierry Borkenstein (nacida en Hannover, Alemania, el 17 de mayo de 1795). (*)

La pareja contrajo matrimonio en la localidad alemana de Schleswig-Holstein el 23 de octubre de 1820 y poco tiempo después se trasladó a Inglaterra, específicamente a Gloucestershire, donde Blacker Burrows se dedicó al comercio de lana y donde nacieron sus tres primeros hijos: John Blacker Thierry (el 25 de febrero de 1822), Susan Blacker Thierry (el 19 de febrero de 1824) y Alexander Blacker Thierry (el 7 de abril de 1825). Posteriormente, la familia se mudó a otra ciudad inglesa, Brixton, donde nacieron Louis Blacker Thierry (el 17 de octubre de 1827) y Richard Blacker Thierry (el 26 de setiembre de 1829).

Esta rama de la familia Blacker tuvo origen irlandés, pero estuvo asentada en Alemania por muchos años. En el siglo XIX, Louis Blacker Thierry elaboró con su puño y letra un árbol genealógico de la familia (ver foto). Este documento se inicia citando el nombre de Marmaduke Blacker, quien nació alrededor de 1664 en Irlanda, probablemente en Limerick, una pequeña pero histórica ciudad medieval situada en la costa oeste irlandesa, muy cerca del río Shannon.

Es probable que Marmaduke Blacker haya nacido poco tiempo después de que Irlanda cayera bajo el poder del famoso político y militar inglés Oliver Cromwell. Se sabe que Marmaduke Blacker tuvo por lo menos dos hijos: William Blacker, nacido en Irlanda en 1686, y Eleanor Blacker, nacida también en Irlanda en año desconocido.

A inicios del Siglo XVIII, en 1705, cuando tenía 19 años, William Blacker dejó Irlanda y se trasladó a Inglaterra, donde conoció y contrajo matrimonio con Mip Reafearn, quien era natural de la localidad de Woodsome Mill, ubicada cerca de Hudders Fields Yorks. El matrimonio Blacker-Reafearn tuvo tres hijos: Thomas, John y William.

De los tres, John Blacker Reafearn, de acuerdo a lo que aparece escrito en el árbol genealógico de la familia, se convirtió en un hombre muy exitoso en el plano económico y social. El nació el 20 de agosto de 1729 en Finney Bridge, localidad correspondiente a la parroquia de Kirkheaton, en West Riding, condado de York, Inglaterra.

Alrededor de 1750, cuando tenía 21 años, viajó a Hamburgo, ciudad portuaria alemana que en ese momento era considerada el centro comercial más importante de Europa. En ese momento, en Hamburgo, ya existía la “sociedad de los comerciantes aventureros”, una organización conocida también como la British Factory que estaba formada por mercaderes ingleses que, bajo el amparo de la monarquía británica, había conseguido grandes concesiones de las autoridades alemanas para tener el monopolio de la comercialización de ciertos productos, principalmente ropa hecha de lana.

La “sociedad de los comerciantes aventureros” tenía su propio local, se regía bajo las leyes británicas sin que las autoridades alemanas pudieran intervenir en sus asuntos internos e incluso contaban con una parroquia, donde se celebraban ceremonias protestantes en inglés, lo que usualmente provocaba las quejas de la iglesia luterana alemana.

Desde aproximadamente 1780 John Blacker Reafearn llegó a convertirse en “Court Master” de la sociedad; es decir, en el funcionario de más alto rango. En ese entonces él ya había fundado la firma “The House of Blacker” en sociedad con sus dos cuñados: Thomas y John Cock. La compañía fue un éxito. Thomas se retiró de la firma con una utilidad de 40 mil libras esterlinas y se estableció en Londres, mientras que John Cock se retiró con 50 mil libras esterlinas y permaneció viviendo en Hamburgo.

Cuando los hermanos Cock decidieron retirarse de la firma, un sobrino de John Blacker Reafearn llamado Joseph Blacker, junto a sus dos hijos mayores (John y Thomas), se convirtieron en socios de la compañía y alcanzaron también altas posiciones en la “sociedad de los comerciantes aventureros”.

John Blacker Reafearn murió el 16 de marzo de 1798 dejando una fortuna estimada en un millón 600 mil libras. En el árbol genealógico de la familia Blacker se consignan datos respecto a sus herederos y a la ubicación de su casa comercial en Hamburgo, pero la dirección está escrita en alemán y con letra indescifrable.

En el aspecto personal John Blacker Reafearn se casó con Sarah Cock, natural de Harrington, Lancash, y tuvo ocho hijos: Charles, Thomas, Jane, Lucy, John, Frances, Sarah y Ann.

John Blacker Cock nació en Hamburgo el 28 de junio de 1763 y se casó en la misma ciudad cuando tenía 23 años. Su esposa, Elizabeth Burrows, también era natural de Hamburgo, aunque su familia era de origen inglés. La pareja tuvo seis hijos: John, Edward, Elizabeth, Henry, Frederick y Alexander Blacker Burrows.

Se sospecha que la familia sufrió en carne propia lo que fue la abrupta disolución de la sociedad inglesa de los comerciantes aventureros. En noviembre de 1806 las tropas francesas de Napoleón tomaron el control del puerto de Hamburgo y detuvieron a todos los comerciantes ingleses, quienes fueron declarados prisioneros de guerra. Así, bajo la presión militar francesa, se llegó a un acuerdo para disolver definitivamente la “sociedad de comerciantes aventureros” en 1808. Joseph Blacker fue el último “Court Master”.

Esta situación afectó significativamente los intereses ingleses en la región, pero John Blacker Cock, su esposa Elizabeth Burrows y sus hijos permanecieron viviendo en Hamburgo. Años más tarde, uno de sus seis hijos, Alexander Blacker Burrows, decidió dejar Alemania y trasladarse a Inglaterra, donde se convertiría en el padre de los hermanos Blacker, aquellos quienes a mediados del Siglo XIX llegaron al Perú como comerciantes en busca de fortuna, seguramente inspirados por el enorme éxito que alguna vez alcanzó su bisabuelo John Blacker Reafearn.

Foto: Primera página del árbol genealógico de la familia Blacker. El documento fue escrito por Louis Blacker Thierry en el Siglo XIX. (Cortesía Dr. John Blacker)

(*) Jane Susan Marie Thierry Borkenstein (en varios documentos alemanes el apellido aparece escrito como Borckenstein) fue hija de Carl Ludwig Thierry y Dorothea Amalia Borkenstein, quienes se casaron en Hamburgo el 31 de mayo de 1791. Carl Ludwig Thierry, quien entre ingleses decía llamarse Charles Louis, fue un activo comerciante de vino y pequeños productos, además de socio de la firma Thierry Borkenstein & Co de Hamburgo. Sus padres fueron Andre Thierry y Lucie -Catherina Schmalen, y nació en Hannover el 28 de julio de 1766. Además de Jane Marie Susan (o Susette en alemán), el matrimonio tuvo otros dos hijos: Johann Ludwig (John Louis) Thierry Borkenstein y Johann Adolph Thierry Borkenstein.

domingo, 7 de febrero de 2010

Las nietas de Alexander Blacker

Tras la pérdida del rastro de Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, los únicos familiares directos del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry que permanecieron viviendo en el Perú fueron sus nietas María Luisa y Elisa Blacker Higginson.

Cuando ambas eran todavía unas niñas, su madre, María Luisa Higginson Carreño, viuda de Alejandro Carlos Blacker Higginson, se casó en segundas nupcias con Richard Paul Delano Dartnell Checkley (*), natural de Irlanda y quien curiosamente había sido testigo de soltería en su primer matrimonio con Blacker.

Después de la muerte de Alexander Blacker Thierry y conocido su testamento, Richard Dartnell y María Luisa Higginson Carreño entregaron un poder general a Francisco P. López para que los represente en Paita y para que realice todas las acciones destinadas a salvaguardar los intereses de las nietas del finado Blacker Thierry.

En 1907, diez años después de este episodio, la nieta mayor de Alexander Blacker, María Luisa Blacker Higginson, contrajo matrimonio con Felipe Manuel Joseph Chávez Dartnell, natural de París, Francia, y hermano del famoso aviador peruano Jorge Chávez Dartnell. Sus padres fueron Manuel Gaspar Chávez Moreira y María Rosa Isabel Ramona Dartnell Guisse. Muy pronto el matrimonio tuvo un hijo, Felipe Manuel Chávez Blacker. Tiempo después, María Luisa Blacker Higginson, a quien se le conocía familiarmente como Lily, se mudó a París con su esposo y murió en la capital francesa en 1943.

Respecto a la nieta menor de Alexander Blacker, Elisa Blacker Higginson, ella contrajo matrimonio en Chorrillos el 17 de mayo de 1914 con Daniel Adolfo de Menchaca Figari, hijo del español Gabino de Menchaca Manene y Carolina Eustaquia Figari Rosas. La pareja tuvo una hija, María Luisa de Menchaca Blacker, nacida en 1916 y quien se casó en 1939 con Gustavo Adolfo Aspíllaga Anderson.

Foto: María Luisa Blacker Higginson, nieta de Alexander Blacker Thierry, atendiendo a su hijo Felipe Manuel Chávez Blacker. Archivo Courret.

(*) Richard Paul Delano Dartnell Checkley fue conocido en Lima como Ricardo Dartnell. Nació en Irlanda el 12 de setiembre de 1848 y fue hijo de Richard Dartnell y Helena Monsell Checkley, quienes también vivieron en el Perú por varios años y cuya historia merece ser conocida. Richard y Helena decidieron dejar Irlanda porque dos hermanos de Richard (Russell y William) estaban establecidos en Sudamérica. La pareja arribó a las costas sudamericanas aproximadamente en 1845 dejando siete hijos en Irlanda al cuidado de las hermanas de Helena, Rachel y Fanny Checkley. Después de algunos años de residencia en Sudamérica, Helena regresó a Irlanda llevando a una nueva hija, Emmeline, y estando embarazada de Richard (el futuro esposo de María Luisa Higginson Carreño). Helena dio a luz en Irlanda y posteriormente volvió al Perú con toda su familia. Ella y sus hijos se trasladaron primero a Liverpool, donde abordaron "The Countess of Sefton" el 9 de mayo de 1850. El barco llegó al Callao el 15 de agosto del mismo año.

viernes, 1 de enero de 2010

Ultimos Blacker en Paita

Después de la muerte del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry, los dos hijos de su segundo matrimonio quedaron bajo la tutoría y cuidado de José María Raygada Oyarzábal. Pronto el adolescente Luis Blacker Raygada siguió los pasos de su padre convirtiéndose en comerciante e involucrándose en asuntos consulares. En algunos documentos aparece citado como Louis Blacker e inclusive él utilizaba ese nombre para firmar cierta correspondencia con países de habla inglesa.

Luis Blacker Raygada mantuvo en funcionamiento la firma Blacker & Co y cuando tenía 22 años de edad contrajo matrimonio en Paita con María Hortencia León Coronado, quien era cinco años mayor que él. La novia era hija del finado Manuel León Seminario y Hortencia Coronado. La boda religiosa se efectuó el 27 de diciembre de 1901 y uno de los testigos fue José María Raygada Oyarzábal, quien en ese momento declaró tener 51 años, ser viudo, comerciante y domiciliado en la calle de la Merced, número 2, la misma casa donde residía el novio. El otro testigo del matrimonio fue Isaías Garrido, de 30 años, soltero, comerciante, domiciliado en la calle de la Marina, número 14. Tanto Luis Blacker como su esposa y los testigos se presentaron en la alcaldía de Paita a las 4 de la tarde del 25 de enero de 1902 para inscribir el matrimonio en los registros civiles.

La pareja tuvo dos hijas que desafortunadamente no sobrevivieron por mucho tiempo. María Teresa Blacker León murió en Paita pocos días después de su alumbramiento, mientras que Mariana Blacker León falleció en Piura dos horas después de nacer.

La esposa de Blacker se sintió particularmente afectada por ambas pérdidas, pero las malas noticias no dejarían de llegar para ella. En 1905, apenas tres años y cinco meses después de su matrimonio, su esposo cayó enfermo de tifoidea. Luis Blacker Raygada luchó contra la enfermedad por siete días, pero finalmente dejó de existir el 30 de mayo de 1905. Tenía apenas 25 años de edad.

La causa de su deceso fue puesta en duda por un artículo publicado en el diario La Prensa, que sugería que Blacker había fallecido atacado por la temible fiebre amarilla o peste bubónica, ya que una epidemia de esa enfermedad afectaba en esos momentos el puerto piurano.

El artículo produjo un intercambio de cartas entre el doctor Julio Guillermo Arbulú, médico sanitario de Paita, y el corresponsal del diario La Prensa en Paita, Federico Bolognesi, hijo del héroe de Arica, Coronel Francisco Bolognesi.

Las cartas, fechadas el 6 de junio de 1905, se publicaron en el diario El Comercio. En la primera de ellas el doctor Arbulú rechaza la insinuación hecha en La Prensa respecto a una modificación intencional en el diagnóstico sobre la muerte de Blacker, mientras que en la segunda carta Bolognesi le da la razón al doctor Arbulú desautorizando la versión de La Prensa y aclarando que envió a Lima el siguiente cablegrama: “Prensa.-Lima.-Después siete días enfermedad, murió hoy notable vecino Luis Blacker, fiebre tifoidea. Sentimiento general”.

En esas cartas se habla también de Luis Blacker como cónsul de Estados Unidos en Paita, pero está comprobado que por esa fecha el consulado norteamericano en el puerto piurano ya había sido cerrado. En realidad, Blacker cumplía funciones como agente consular norteamericano.

Respecto al hermano menor de Luis Blacker, Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, se sabe que en 1909 fue uno de los testigos de la venta de la finca que perteneció a su padre en el poblado de La Huaca. En el documento aparece citado como Carlos Blacker. La operación de venta fue hecha por el liquidador de la firma Blacker & Co, José María Raygada Oyarzábal, y el comprador fue Pedro Eugenio Raygada Arrese.

La casa todavía se mantiene en pie, aunque en estado ruinoso y su actual propietario es el juez de paz de La Huaca, Rodolfo Arca Sosa. En 1935 la viuda de Luis Blacker, María Hortencia León Coronado, apareció como interesada en conocer la situación legal del inmueble.

En relación a Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, se han encontrado pistas que permiten suponer que se alejó del Perú para establecerse como comerciante en Manchester, Inglaterra, donde se casó y fue conocido como Charles Edward Blacker o Chas Blacker (*).

También se conocen detalles de algunos de los viajes que hizo entre el Perú, Estados Unidos y Europa. Parece claro que sus actividades comerciales lo trajeron de vuelta al Perú en algunas ocasiones, pero su rastro se pierde definitivamente después de 1918.

No se ha podido establecer si en Inglaterra tuvo alguna relación con sus primos hermanos, los hijos de John Blacker Thierry y Carmen Espantoso. Tampoco se sabe si estableció algún tipo de contacto con sus sobrinos ingleses. Como ya se posteó anteriormente, el hijo menor de Carlos Blacker Espantoso y Caroline Frost falleció durante la Primera Guerra Mundial. John Robin Blacker Frost tenía apenas 18 años cuando fue abatido por los alemanes en la batalla de Loos. Su hermano mayor, Carlos Paton Blacker, también participó en la guerra y sus memorias están registradas en un libro titulado Have You Forgotten Yet?

Foto: Cartas de Julio Guillermo Arbulú y Federico Bolognesi aparecidas en el diario El Comercio en junio de 1905. En ellas se trata la muerte de Luis Blacker.

(*) Febrero 2011.- Charles Christopher George Blacker, nieto de Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, ha tenido la amabilidad de enviar desde Manchester información relacionada a su abuelo, cuyo rastro se había perdido después de que realizara una serie de viajes entre el Reino Unido, Estados Unidos y Perú entre los años 1915 y 1919.

Juan Clímaco Carlos Eduardo contrajo matrimonio en Manchester en octubre de 1908 con Eugenie King. En ese momento él tenía 22 años de edad. Después de la boda, la pareja regresó al Perú y tuvo a su primer hijo el 21 de octubre de 1909 en Paita. El niño recibió el nombre de Carlos Alejandro (Charles Alexander).


Después de una serie de viajes comerciales entre el Perú e Inglaterra, Juan Clímaco Carlos Eduardo decidió establecerse definitivamente en Manchester, donde inició su propio negocio de confección de trajes de algodón y estambre o lana peinada en Bradford Yorkshire. Posteriormente, en el mismo rubro, él se convirtió en director de la firma Seeger Bros, ocupación que tuvo hasta su muerte, ocurrida el 20 de enero de 1954 en Manchester.

En ese momento su hijo Charles Alexander Blacker King ya se había unido al negocio de los trajes de algodón y estambre que florecía en aquella época. Incluso se produjo una alianza comercial con una compañía manufacturera textil llamada Pearson & Foster, lo que convirtió a la familia Blacker en la mayor accionista de la fábrica. Charles Alexander se convirtió en el funcionario más importante de la firma hasta su muerte, que se produjo el 14 de mayo de 1958 en Manchester.

Charles Alexander Blacker King tuvo dos hijos: Charles Christopher George, quien amablemente escribió a este blog contando detalles de su familia, y John Edwin Alexander. Ellos, bisnietos de Alejandro Blacker Thierry, nunca supieron de la existencia de la familia de su tío Juan Blacker Thierry, también afincada en Inglaterra.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El testamento

Alexander Blacker Thierry declaró textualmente en su testamento que su fortuna consistía en lo que "designa, contiene y contendrá el libro mayor de su casa comercial", cuyo nombre era Blacker & Co. Nombró como sus herederos a su esposa Mariana Raygada (ya fallecida), a sus hijos Luis (Louis) y Carlos (Charles) Blacker Raygada, a sus nietas María Luisa Blacker Higginson y Elisa Blacker Higginson, así como a su hija Elisa María Blacker Higginson, quien residía en la ciudad de San Francisco, California, Estados Unidos.

Esta última era soltera y le otorgó un poder especial a su primo Alejandro Higginson, residente en Paita, para que cobre o perciba todo lo que le correspondía de la herencia paterna. Como albacea y liquidador de sus bienes, Alexander Blacker Thierry nombró a su primo político José María Raygada Oyarzábal, quien era hijo del ilustre General José María Raygada Gallo -héroe de las guerras de Independencia fallecido en 1859- y Juana Oyarzábal de la Canal.

En su testamento, Blacker también designó a Raygada Oyarzábal como "tutor y guardador de sus hijos menores", al mismo tiempo que citó como sus propiedades una casa habitación y una bodega en Paita, así como una finca y un establecimiento para despepitar algodón en el pueblo de La Huaca. Posteriormente, cuando se realizó el inventario de sus bienes, se descubrió que Blacker poseía también una rústica casa en Sullana. En la tasación se detallaron todos los enseres encontrados en sus propiedades.

Lo que llama la atención es que en su testamento Blacker aclara que "su primera esposa, Eliza Higginson, no aportó bienes algunos al matrimonio y que en la fecha de su muerte la sociedad conyugal no tenía capital alguno". La declaración sorprende porque hay sólidas evidencias que demuestran que Blacker manejó por algunos años el negocio de la familia de su esposa y que sus principales propiedades fueron adquiridas cuando Eliza Higginson todavía estaba con vida.

Foto: Primeras páginas del legajo que contiene en detalle el testamento del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry.

sábado, 14 de noviembre de 2009

La muerte del cónsul

Tres años antes de la muerte de Alejandro Carlos Blacker Higginson, su padre Alexander Blacker Thierry tuvo un segundo hijo con Mariana Raygada Días. El niño recibió el nombre de Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada. El nacimiento se produjo a las cuatro de la madrugada del 30 de marzo de 1886 en la calle de La Merced, casa número uno, en Paita.

Cinco meses más tarde, el niño fue inscrito en el registro civil de Paita por Carlos A. Naranjo. En el documento, fechado el 10 de agosto de 1886, se consigna los detalles referidos al nacimiento y también se consigna el nombre de los padrinos del menor: Manuel E. Raygada y Josefa Raygada.

Por otra parte, si bien el matrimonio religioso de Alexander Blacker y Mariana Raygada se efectuó en 1877, su inscripción en los registros civiles de Paita se realizó recién el 10 de agosto de 1895. Sólo un año después de esta inscripción, Mariana Raygada sufrió un cólico fulminante que le costó la vida. Ella tenía 45 años cuando dejó de existir en su casa del poblado de La Huaca. La fecha exacta de su muerte fue el 30 de noviembre de 1896 y sus restos reposan en el cementerio San Teodoro de Piura.

Cuando Mariana Raygada falleció, sus hijos Luis y Carlos tenían 17 y 10 años, respectivamente. Luis ya había pasado una temporada en el Clifton College de Inglaterra, el mismo colegio donde había seguido estudios su medio hermano Alejandro Carlos. Otra vez Alexander Blacker se quedaba viudo con dos hijos menores de edad, aunque no por mucho tiempo.

Sólo siete meses después de la muerte de su segunda esposa, Blacker fue atacado por la temible enfermedad de viruelas y tras una corta convalecencia falleció en Paita en la madrugada del 17 de junio de 1897 a la edad de 73 años.

Blacker dejó escrito un testamento, el cual fue registrado legalmente el 29 de mayo de 1891. Como dato adicional debe señalarse que en 1892, Blacker tuvo que dejar el cargo de vicecónsul británico en Paita tras 39 años de servicio ininterrumpido. En realidad, Inglaterra consideraba que ya no era necesario mantener una dependencia consular en el puerto piurano y ordenó clausurar la sede. A esas alturas la presencia comercial británica en Paita era casi nula y los súbditos británicos en el lugar no llegaban a la docena.

Foto: Inscripción de Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker en el registro civil de Paita. Fue el segundo hijo de Alexander Blacker y Mariana Raygada.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Alejandro Carlos Blacker

Poco después de la guerra con Chile, el primogénito de Alexander Blacker Thierry, Alejandro Carlos Blacker Higginson, se comprometió en matrimonio con su prima hermana María Luisa Higginson Carreño, quien era hija de Enrique Higginson Andrews y María Natividad Carreño.

Debido a su grado de consanguinidad, la pareja tuvo que solicitar una dispensa especial a la Iglesia Católica para ser autorizados a contraer matrimonio. La boda se efectuó el 17 de diciembre de 1883 en la parroquia de San Sebastián en Lima. El novio tenía 31 años y la novia 22.

Lamentablemente la unión duró sólo seis años. Alejandro Carlos Blacker, quien era comerciante como su padre, cayó enfermo de tuberculosis pulmonar y murió en Lima el 27 de mayo de 1889. Sus restos fueron velados en la casa de la familia de su esposa que estaba ubicada en la calle de Aumente. El memorialista Heinrich Witt asistió al velorio y escribió en su diario que no hubo una gran concurrencia. Blacker Higginson tenía sólo 36 años y entre 1883 y 1885 había sido alcalde de Paita como su padre.

Alejandro Carlos Blacker y su esposa tuvieron tres hijos: El primero fue Alejandro Ricardo Emilio Ramón Blacker Higginson, quien nació en el pueblo de La Huaca el 6 de octubre de 1886 y murió casi un año después, el 25 de setiembre de 1887. La segunda hija del matrimonio fue María Luisa Blacker Higginson, quien nació en Paita en 1889, y la tercera descendiente fue Elisa Blacker Higginson, quien nació en Piura en 1890. Es decir, Elisa fue hija póstuma ya que su nacimiento se produjo cuando su padre ya había muerto.

Foto: Alejandro Carlos Blacker Higginson en Lima. Archivo Courret.

martes, 1 de septiembre de 2009

Segundo matrimonio y guerra

Después de su breve periodo como alcalde de Paita en 1869, Alexander Blacker Thierry se convirtió en presidente de la Beneficencia del puerto. Su gestión fue muy reconocida por los pobladores, lo que lo llevó a postular por segunda vez a la alcaldía en el año 1876. Se trató de un accidentado proceso electoral que ha sido reseñado en el libro Paita, Hombres y Huellas de Reynaldo Moya Espinosa. Cuenta el autor que Blacker resultó elegido, pero el alcalde en funciones, Abelardo Garrido, se negó a entregar el cargo con la excusa de que las elecciones habían sido impugnadas.

Blacker recibió el apoyo de los paiteños y presentó un reclamo ante el gobierno central. Del mismo modo, montó una oficina de alcaldía en un lugar diferente. Por algunos meses, Paita tuvo dos alcaldes despachando paralelamente hasta que el gobierno le dio la razón a Blacker y Abelardo Garrido no tuvo otro camino que dejar su cargo.

Según los registros de la Municipalidad de Paita, Blacker fue alcalde de 1877 a 1879. Precisamente, durante su gestión, el comerciante y vicecónsul inglés contrajo matrimonio con Mariana Raygada Días, natural de Paita, de 28 años de edad, e hija del coronel de infantería del Ejército Eugenio Raygada Gallo y María Concepción Días Espinoza. La boda se efectuó el 29 de octubre de 1877.

Un mes antes del matrimonio, el 26 de setiembre de 1877, Blacker fue bautizado en Lima con el nombre de Alejandro Cipriano. En esa partida aparecen los nombres castellanizados de sus padres (Alejandro Blacker y Susana Thierry) y se consigna que tenía 50 años, aunque en realidad bordeaba los 52. Su padrino de bautizo fue Enrique E. Higginson, la misma persona que 27 años antes había sido su ahijado. Este hallazgo permite suponer que Blacker se bautizó expresamente para contraer matrimonio católico con Mariana Raygada y siembra algunas dudas sobre su primera boda con Eliza Higginson Andrews. No obstante, es posible que esa unión se haya efectuado bajo el rito protestante.

El primer hijo de su segundo matrimonio fue Luis Blacker Raygada, quien nació el 26 de octubre de 1879 y fue bautizado el 27 de marzo de 1880. Su padrino fue su tío Charles Louis Adolphus Blacker, hermano de su padre y quien había sido cónsul inglés en Matamoros, México, por un breve periodo (había sido nominado el 16 de noviembre de 1858, asumió funciones el 13 de noviembre de 1861 y renunció al cargo el 12 de setiembre de 1863). Sin embargo, Charles Louis Adolphus Blacker, quien se hacía llamar Louis Blacker, no estuvo presente en la ceremonia y envió un poder especial a su sobrino Alejandro Carlos Blacker, quien lo representó en el bautizo. La madrina del niño fue su abuela Concepción Días.

También en 1880 la guerra con Chile provocó una movilización masiva de hombres en el norte peruano y el vicecónsul inglés Alexander Blacker fue nombrado jefe de las milicias de Paita. Poco fue lo que se pudo hacer cuando el almirante chileno Patricio Lynch se presentó en el puerto con cuatro barcos y un ejército de las tres armas el 17 de setiembre de 1880. Las autoridades locales decidieron evacuar Paita y los chilenos nombraron una Comisión Municipal Provisoria presidida por Blacker e integrada por su hijo mayor, Alejandro Carlos, y dos súbditos extranjeros: Juan R. Bobbia y Jorge Woodhouse.

Ante ellos Lynch planteó el pago de 10 mil soles de plata como contribución de guerra, pero la respuesta del pueblo fue negativa y el almirante chileno incendió el local de la gobernación y la maestranza. Luego Lynch incursionó con una columna de caballería sobre El Arenal, La Huaca y -vadeando el río- llegó hasta Tangarará. El 21 de setiembre regresó a Paita y fue entonces cuando incendió la aduana rociándola de querosene.

Al día siguiente, Alexander Blacker emitió una declaración de tres puntos, señalando que los chilenos habían respetado la propiedad particular, que los almacenes del Estado fueron abiertos en su presencia y que sólo quedaron ahí las mercaderías no reclamadas por sus dueños. Finalizó su declaración comentando que la destrucción de la aduana se efectuó cuando el vecindario se negó a pagar la contribución de guerra. Por esta declaración muchos paiteños criticaron a Blacker insinuando que fue muy condescendiente con Lynch porque ambos tenían vínculos británicos.

Posteriormente, el 11 de junio de 1881, el invasor chileno Emilio Valverde, jefe político y militar de Paita, organizó una reunión “para tratar de asuntos de alta importancia de la localidad”. Los convocados a la cita fueron el vicecónsul inglés Blacker; el vicecónsul de los Países Bajos, Carlos P. López, y los vecinos Baltazar Poblete, Manuel León y S. F. Gil.

En esa reunión se firmó un acta en la que acordaron que Valverde prestaría apoyo y protección a los habitantes, al comercio y a los intereses neutrales y del país, mientras que Blacker, López, Poblete, León y Gil se comprometían a formar una Guardia Urbana para cuidar el orden y los intereses de la ciudad. Asimismo, debían suministrar diariamente los víveres y otros artículos para sostener a las fuerzas chilenas de ocupación.

Esta comisión especial que formaba Blacker junto a otros vecinos de Paita era llamada por los chilenos "junta municipal accidental" y tenía la representación oficial de la población ante el ejército invasor. En una de sus peticiones, fechada el 16 de julio de 1881, la comisión ruega que se restablezca el tráfico por ferrocarril en la ribera del río Chira debido a la alarmante escasez de agua que estaba afectando a la población del puerto de Paita. La solicitud para restablecer el ferrocarril entre Paita y Piura fue rechazada por los chilenos, aunque el jefe político y militar Emilio Valverde se comprometió a entregar 2 mil litros de agua diarios para que sea repartida entre los civiles.


Foto: Cuando tenía 15 años Luis Blacker Raygada fue registrado por su tío Alejandro Higginson en la Municipalidad de Paita. En esa época los registros civiles empezaban a ser tan importantes como los registros de las iglesias.

jueves, 20 de agosto de 2009

Vida pública

Como ya se señaló en un post anterior, Alexander Blacker Thierry no estuvo concentrado solamente en sus intereses comerciales. En 1866 fue nombrado agente consular francés en Paita y en 1869 se convirtió en alcalde del puerto por un breve periodo. Además, en 1870 fue autorizado por el gobierno para emitir moneda feble de 5 y 10 centavos y al mismo tiempo promovió la construcción del ferrocarril Paita-Sullana, que tuvo una subestación en el poblado de La Huaca.

Durante la investigación también se ha encontrado un documento, fechado el 28 de marzo de 1871, en el que Alexander Blacker aparece como tesorero de las obras públicas del pueblo de Colán y se compromete a responder financieramente con sus bienes al recibir una suma de 2,048 soles para refaccionar la iglesia de la localidad. Posteriormente Blacker también recibió fondos públicos para refaccionar la iglesia de Sullana y el cementerio de Paita.

Es evidente que el comerciante y vicecónsul inglés desarrolló una sólida relación con su comunidad y con el pueblo de Paita que, ante los ojos de muchos inmigrantes extranjeros, no era considerado un lugar acogedor. La mayoría de visitantes foráneos que han dejado evidencia escrita sobre su paso por Paita durante el Siglo XIX califican el pueblo como “miserable”. Solamente durante el breve apogeo de la industria ballenera norteamericana, el puerto piurano experimentó una actividad económica importante y atrajo a numerosos inmigrantes.

Sin embargo, desde su llegada en 1852 hasta su muerte en 1897, Blacker permaneció estrechamente ligado al lugar llevando una activa vida comercial, social y pública. Si bien es imposible conocer al detalle cómo Blacker percibía Paita y su población, algunas de sus ideas sobre el lugar han quedado registradas en un reporte oficial que el vicecónsul envió a Inglaterra el 31 de diciembre de 1871.

El documento, escrito en inglés, se encuentra en los Archivos Nacionales de Inglaterra y contiene información sobre salarios, precios de provisiones, así como referencias a la alimentación, vestido, vivienda y salud de la clase trabajadora de Paita.

Algunos pasajes relevantes incluyen la siguiente información (*): “el clima del departamento de Piura no hace necesaria la utilización de ropa especial. La vestimenta más simple como una camisa de algodón, pantalones y un sombrero de paja es todo lo que se necesita durante el año y se puede comprar por unos pocos dólares”.

“Los zapatos y las botas son artículos de lujo y se calzan solamente los domingos o días de fiesta cuando también se añade a la vestimenta un saco de lino para dar una apariencia de elegancia”.

“El clima es probablemente el más saludable del Perú. Ni fiebres ni epidemias han prevalecido en este lugar, la ausencia de lluvia y los vientos constantes mantienen la atmósfera libre de malos aires y hacen de este lugar, más allá de cualquier duda, el más saludable y placentero de cualquier país tropical en el mundo, lo cual explica la apatía y holgazanería de su población, la cual puede vivir feliz y satisfecha con muy poco, sin necesidad de trabajar duramente”.

“Durante la mayor parte del año la gente prefiere dormir a cielo abierto frente a sus casas y en ningún momento hay necesidad de usar algo más que una ligera frazada. Ropa de cama, como sábanas o colchones, son artículos de lujo, por lo que una hamaca es suficiente para dormir bien, sin que nadie o muy pocos aspiren a algo mejor”.

“La renta de una casa es moderada… 50 dólares y 8 centavos es el promedio de la renta de una casa de dos o cuatro habitaciones, dependiendo de su situación y calidad”.

“La comida es abundante y barata en comparación con otros lugares del Perú. Carne de res, muy buena, de 10 a 12 centavos por libra; cordero, de acuerdo a su condición y tamaño, de 4 a 5 dólares cada uno; cerdo, de 7 a 8 centavos por libra; cabras, de 4 a 5 dólares cada una y constituyen la principal comida animal de las clases más bajas; arroz, muy bueno, traído desde Lambayeque, precio promedio 8 centavos por libra; frijoles, lentejas, maíz, camotes, calabazas, cebollas, papas, yucas, tomates y muchos otros vegetales, todos abundantes y baratos, son posibles de conseguir a lo largo de todo el año”.

“La gente se contenta con la comida más simple. Arroz y frijoles, camotes, calabazas, cebollas y una pequeña cantidad de carne es todo lo que necesitan para mantenerse en condición saludable. Un hombre de las clases más bajas puede vivir con un ingreso de 35 a 50 centavos por día, incluyendo la usual bebida de cocoa o chocolate de inferior calidad”.

“El salario de los trabajadores agrícolas puede exceder los 6 reales por día, sin incluir comida; el trabajador común del pueblo, de 1 a 2 dólares por día; carpinteros, entre 2 dólares 4 centavos y 3 dólares por día; zapateros, entre 2 dólares y 2 dólares 4 centavos por día; el mismo salario se aplica para los sastres”.

“Hay amplio espacio para trabajo extranjero de cualquier característica en todo el departamento y todo foráneo asentado en este lugar ha logrado tener éxito para vivir con comodidad, pero, lamentablemente, la mayoría de artesanos extranjeros que ocasionalmente se establecieron en este lugar pronto se dedicaron a la bebida y cayeron más bajo que cualquier nativo en las mismas circunstancias. Sin embargo, ellos son preferidos sobre los artesanos nativos”.

“La gente de este país es probablemente la más feliz del mundo, perfectamente satisfecha con poco y, aparentemente, no más feliz con más; y si es el efecto del clima o no lo que afecta a los extranjeros, éstos generalmente muy rápido adoptan la misma vía de pensamiento y comportamiento de los nativos, y, por lo general, se vuelven inútiles, abandonados y una desgracia para el país”.

“La indiferencia general de la clase trabajadora y la consecuente dificultad para inducirlos a trabajar, combinadas con sus exageradas demandas que no corresponden a la calidad de su trabajo, obliga a las personas a buscar trabajadores en otro lugar antes que ceder a las extorsiones”.


Foto: Imagen de la plaza principal del puerto de Paita, captada probablemente a inicios del Siglo XX.

(*) Se trata de una traducción libre.

miércoles, 15 de julio de 2009

Triste Navidad

Apenas quince días después de su declaración a favor del cónsul norteamericano Charles Winslow, Alexander Blacker Thierry recibió un duro golpe en el plano personal. Su esposa Eliza Higginson Andrews no pudo seguir luchando contra la tuberculosis y murió en vísperas de Navidad, el 24 de diciembre de 1863, a los 42 años de edad. Su tumba se encuentra en el cementerio San Teodoro de Piura. Sólo dos días antes había muerto en Lima la niña Natalia Blacker Martel.

Algunos años antes de que se produzca la muerte de Eliza Higginson de Blacker, el viajero alemán Heinrich Witt había estado algunos días en Paita y dejó evidencia escrita de esa visita en su diario personal. Witt cuenta que el 1 de febrero de 1857 tomó desayuno en casa de Alexander Blacker junto a Richard Bullen y Gerald Garland, un inglés que llegó al Perú poco después de la independencia y que tras ser empleado en la casa Gibbs de Arequipa se había convertido en un próspero hombre de negocios. En aquella oportunidad, Witt notó que la esposa de Blacker ya lucía bastante afectada y demacrada por la enfermedad.

Meses después, Witt hizo otra visita a Paita y cuenta que Eliza Higginson de Blacker se había mudado permanentemente a una casa de campo en la villa de La Huaca, donde el clima era apropiado para su salud. Incluso Witt visitó La Huaca y señala que encontró a Alexander Blacker y a su hijo Alejandro Carlos bañándose en el río Chira sin temor a los caimanes que abundaban en la zona. Aquella vez Witt también desayunó con los Blacker y destacó su amabilidad.

Después de la muerte de Eliza Higginson en 1863, Alexander Blacker se quedó a cargo de dos hijos menores de edad (Alejandro Carlos, de 10 años; y María Elisa, de 1 año y 4 meses). Sin embargo, en el caso de la niña, existen fundadas sospechas para creer que muy pronto fue “adoptada” por la familia de su madre.

Existe información que revela que, a los 6 ó 7 años, María Elisa viajó a San Francisco, California, Estados Unidos, donde residían sus tías Caroline y Mary “Mariquita” Higginson. La primera casada con James Bowman, quien había sido agente portuario en Islay; y la segunda casada con Stephen H. Smith, un norteamericano que también había vivido en el Perú. Por esa misma época, el hijo mayor de Alexander Blacker fue enviado por su padre a Bristol, Inglaterra, con la finalidad de estudiar en el Clifton College, donde estuvo enrolado desde mayo de 1868 hasta julio de 1869.

Mientras tanto, en Paita, Blacker Thierry siguió involucrado en múltiples negocios y actividades públicas. En el libro Paita y el impacto de la flota ballenera norteamericana en el norte peruano 1832-1865, escrito por William L. Lofstrom, se revela que en la década de 1860 Alexander Blacker incursionó en el negocio del cultivo de algodón al mismo tiempo que otros extranjeros como Gerald Garland y Alfred Duvall, quienes, además, sirvieron interinamente como cónsules de Estados Unidos en distintas épocas.

En algún momento, Duvall, un ingeniero nacido en Baltimore, se convirtió en socio de Blacker y de otros comerciantes de Paita para exportar algodón a Europa, principalmente a Inglaterra. En el libro del profesor Lofstrom se señala que la plantación de algodón estuvo ubicada cerca del fundo de Monte Abierto, importante plantación situada en el amplio valle que se extiende al norte del río Chira, cerca de Sullana.

Respecto al mismo tema, el científico italiano Antonio Raimondi otorga más pistas en su trabajo titulado La Mirada del Viajero. Tras su visita al valle del Chira en el año 1869, Raimondi encontró que para irrigar sus campos muchos algodoneros habían adquirido potentes bombas de vapor cuyo combustible era la madera de algarrobo.

Raimondi revela que ubicó estas máquinas en las haciendas Paredones de J. Woodhouse, La Rinconada de A. Blacker, Pucusulá de M. Raygada y describió con precisión la bomba principal, ubicada en el fundo Monte Abierto de la gran hacienda Tangarará de la familia Arrese, que en algún momento formó una sociedad con Gerald Garland.

La exportación de algodón en gran escala desde Paita a Europa tuvo su apogeo en los años 1860 durante la crisis europea del algodón que estuvo asociada a la Guerra Civil norteamericana. Sin embargo, se sabe también que las bombas para riego artificial descritas por Raimondi no cumplieron su función a cabalidad. Las crecidas del río Chira de 1871, 1877 y 1879 destruyeron las instalaciones ubicadas al pie de las terrazas ribereñas que regaban. A pesar de las dificultades, hay evidencias de que Alexander Blacker nunca abandonó el negocio del algodón.

Foto: Casa conocida como El Palomar que -se dice- perteneció a Alexander Blacker. La propiedad ubicada en el poblado de La Huaca se encuentra en estado ruinoso.

sábado, 27 de junio de 2009

Blacker en Paita

En 1853, un año después de su boda, Alexander Blacker Thierry y Eliza Higginson Andrews tuvieron a su primer hijo: Alejandro Carlos Blacker Higginson. La familia ya había decidido afincarse en Paita debido a que Blacker tenía proyectos para incursionar en el negocio algodonero.

La segunda hija del matrimonio Blacker Higginson fue María Elisa, quien nació en Paita en 1855. Lamentablemente, la niña murió tres años después. Se presume que ella fue trasladada en barco de Paita al Callao para ser tratada de una angina de pecho, pero falleció durante la travesía. Su defunción fue inscrita en el Callao el 11 de julio de 1858. Lo curioso es que ningún familiar declaró su muerte y tampoco se consignó el nombre de sus padres en su partida de defunción. La única firma en el documento pertenece al cura de la iglesia matriz del Callao, quien certificó su deceso. La lápida de la niña se encuentra en el cementerio Presbítero Matías Maestro de Lima.

Esta triste desaparición afectó profundamente a la familia Blacker Higginson, que decidió rendirle un tributo a su hija donando una pila bautismal a la iglesia del pequeño poblado de La Huaca, ubicado a ocho leguas de Paita.

La pila bautismal tiene grabado el nombre de María Elisa Blacker hasta la actualidad y fue tallada en Lima como si se tratara de una fuente de agua. La pila tiene tres tipos de figuras: cabezas de león, cabezas de un niño y escudos del Perú. Los escudos se grabaron a pedido de Alexander Blacker, quien en su calidad de vicecónsul británico pretendió así rendirle homenaje al país donde cumplía funciones.

La pila fue donada en 1862 y en ella fue bautizada la tercera hija del matrimonio Blacker Higginson, quien llevó el mismo nombre de su hermana desaparecida. El bautizo de María Elisa fue el primero que se realizó en aquella pila y también el primero que quedó registrado en los libros de la iglesia de La Huaca porque hasta esa fecha la parroquia no estaba autorizada a celebrar bautizos ni matrimonios. María Elisa Blacker Higginson fue bautizada el 11 de agosto de 1862 a los 4 meses y medio de nacida. Sus padrinos fueron Toribio Seminario y Váscones, y Ricarda Cortés.

En aquella época muchos de los más prósperos comerciantes de Paita tenían casas de campo en La Huaca o sus alrededores. Además, muchos de los negociantes dedicados al cultivo de algodón también tenían propiedades en la zona. Incluso casas comerciales extranjeras tenían locales en el lugar, que hoy luce tristemente empobrecido.

No se sabe por cuánto tiempo Alexander Blacker estuvo a cargo del negocio heredado de la familia Higginson, pero posteriormente fundó la firma Blacker & Co. Paralelamente a sus actividades comerciales, Blacker desarrolló una activa vida pública en Paita llegando a ser alcalde y artífice de la creación de la primera compañía de bomberos en 1860.

Exactamente el 24 de noviembre de ese año se formó en Paita la compañía contra Incendios por Grigos, que no soólo fue la primera en la provincia de Piura, sino también en la región norte del Perú. Como comandante y presidente de la primera junta directiva fue elegido Alexander Blacker, mientras que los propietarios de los negocios paiteños se autoimpusieron un tributo de un real al mes (llamado "derechos de incendio") para el sostenimiento económico de la compañía. Los miembros del cuerpo de bomberos lucían uniforme de pantalón blanco y casa roja con casco metálico, cuyo color diferenciaba los grados.

En esos momentos, la posición social de Blacker en el pueblo era cada vez más importante. En 1863, Blacker aceptó defender al cónsul de Estados Unidos Charles Winslow, quien fue víctima de una campaña para desacreditar su administración tanto en el consulado como en el hospital norteamericano que funcionaba en Paita y que era exclusivo para ciudadanos estadounidenses. Los ataques contra Winslow, alentados por capitanes de barcos norteamericanos, se hicieron tan evidentes que incluso se imprimieron panfletos acusándolo de realizar cobros indebidos en el consulado.

El 10 de dicembre de 1863 Alexander Blacker aceptó ser entrevistado por Winslow sobre la situación del consulado norteamericano en Paita. El documento se envió a Washington y se conserva en los Archivos Nacionales de Estados Unidos. En él, Blacker afirmó que los balleneros norteamericanos con frecuencia desembarcaban a sus tripulantes enfermos sin observar las formalidades de ley. También señaló que desde la llegada de Winslow en setiembre de 1862 se había hecho una "limpieza" general de norteamericanos indeseables en paita y que las amenzas de los capitanes de las naves habían disminuido.

Blacker añadió que Winslow era un "perfecto caballero", que su carácter y dignidad eran superiores a los de sus predecesores y que se había registrado una "notable mejora"en la respetabilidad del consulado.

Foto: El nombre de María Elisa Blacker está grabado en la pila bautismal de la iglesia del poblado de La Huaca hasta la actualidad.

martes, 19 de mayo de 2009

Blacker y Higginson

La vida del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry en el Perú transitó por un camino totalmente diferente al seguido por su hermano John. Como se consignó al inicio de esta investigación, uno de los primeros rastros de la presencia del apellido Blacker en el país involucra a Alexander, cuyo nombre castellanizado aparece en la partida de bautizo de Enrique Eduardo Higginson Carreño. El documento data del 18 de octubre de 1850 y en él Alejandro Blacker figura como padrino. El bautizo se realizó en la iglesia San Simón y San Judas Tadeo del Callao y los padres del niño fueron Enrique Higginson Andrews y María Natividad Carreño.

Este último dato es el primero de una serie de pistas que llevan a pensar que Alexander Blacker llegó al Perú a mediados del Siglo XIX con el apoyo y amparo de la familia Higginson, cuyos miembros ocupaban un lugar visible en la sociedad de aquella época.

Después de establecerse en Lima por un par de años, Blacker se trasladó en 1852 al puerto de Paita, donde transcurrió la mayor parte de su vida. Esta decisión también se produjo por influencia de los Higginson debido a que el patriarca de la familia, Charles Higginson, radicaba en el puerto piurano, donde funcionaba su propia compañía y era, además, encargado del viceconsulado inglés.

Charles Higginson era un comerciante inglés que había nacido el 15 de julio de 1778 en Chester, Islas Orientales, pero que había vivido en Sudamérica desde inicios del Siglo XIX. En Buenos Aires existe registro de la presencia de Higginson en 1811 cuando el comerciante británico adquirió junto a Robert Hunt un extenso terreno propiedad de don Francisco de Paula Illescas para levantar un establecimiento dedicado a la salazón de carnes.

No ha sido posible determinar cuánto tiempo permaneció Higginson en Argentina, pero lo que se sabe es que en 1817 ya se había mudado a Chile. El inglés Samuel Haigh, en su libro Sketches of Buenos Ayres and Chile, señala que en 1817 había aproximadamente una docena de ingleses viviendo en Santiago y que la mayoría de ellos había llegado procedente de Buenos Aires tras la batalla de Chacabuco, que ocurrió el 12 de febrero de 1817 y que fue decisiva para la independencia de Chile.

Se presume que Higginson fue uno de esos ingleses porque su presencia en Chile en 1817 está plenamente confirmada por un documento encontrado en los archivos del Consulado, que era como se conocía al tribunal comercial chileno en ese entonces. En noviembre de 1817 el Consulado notó que el almacén de Charles Higginson había vendido al por menor “dos piezas de algodón”, por lo que ordenó el cierre inmediato del local comercial y el embargo de todos sus productos.

Unos días después, Higginson envió una carta de disculpa por haber roto la ley y explicó que él no se encontraba en su almacén al momento de la venta y que la responsabilidad había sido de uno de sus empleados. Muy pronto, el Consulado ordenó la reapertura del almacén y el levantamiento del embargo a sus productos.

Otra documentación encontrada sobre la presencia de Higginson en Chile certifica que en la ciudad de Santiago, junto a Diego O’Brien, formó la compañía Higginson, O’Brien & Co, mientras que en Valparaíso fue socio de la firma Guillermo Taylor & Co.

Por otra parte, en 1819 Charles Higginson era el comerciante extranjero que adeudaba mayor cantidad de dinero a la Administración de Aduanas de Chile (31,299 pesos y 1 ¾ reales). No obstante, este dato demuestra también que era el más activo.

El mismo año, Higginson dirigió una petición al senado chileno como apoderado de Samuel Gibson, un oficial inglés al servicio de la escuadra chilena que apoyaba la guerra de independencia en el Perú. En su solicitud, Higginson pedía una licencia para que el bergantín Tiber, de propiedad de Gibson, sea dedicado al comercio de madera de cabotaje. Higginson solicitaba que el bergantín sea autorizado a trasladarse a Talcahuano para recoger un cargamento de madera que luego sería distribuido en los puertos de Valparaíso y Coquimbo.

Aunque en la resolución final el senado chileno reconoce que “Higginson ha suplido jenerosamente (sic) hasta 40,000 para auxilio de la escuadra nacional”, la petición fue rechazada porque el cabotaje era una actividad reservada a los chilenos.

Poco tiempo después, Higginson se dirigió nuevamente al senado solicitando esta vez autorización para transportar cobre por vía marítima desde Huasco a Coquimbo, pero el senado tampoco aceptó su solicitud.

En 1821, dos años después de estos intentos fallidos, Higginson anunció la disolución de las firmas de las que era socio: Higginson, O’Brien & Co de Santiago y Guillermo Taylor & Co de Valparaíso.
Poco después de la desaparición de ambas firmas, Higginson se trasladó al Perú atraído por las nuevas posibilidades comerciales que prometía la independencia.

En Paita fundó la firma Higginson & Co, que comercializaba todo tipo de servicios y artículos navales, así como algunas manufacturas locales. Además, Higginson se dedicó durante un tiempo a la exportación de productos exóticos tales como cochinilla, orchilla, concurango y ratania.

A pedido de la industria ballenera de Massachussets, Higginson estuvo al frente del consulado de Estados Unidos en Paita desde enero de 1835 hasta mediados de julio de 1839. Posteriormente se convirtió en vicecónsul británico. Durante gran parte del siglo XIX, Paita fue un punto de recalada clave para las embarcaciones dedicadas a la caza de ballenas. Esta actividad impulsó la economía de la zona de una manera significativa y permitió la llegada de un alto número de inmigrantes extranjeros.

En el plano personal, Charles Higginson se casó con la inglesa María Andrews presumiblemente en Argentina , y tuvo siete hijos: Charles (Carlos), Caroline, Mary, Henry (Enrique), William (Guillermo), Eliza y Emily.

El hijo mayor, Charles, nació en Buenos Aires, aproximadamente en 1808. El trabajó por muchos años en las oficinas de la Casa Gibbs en Lima como asistente de Charles R. Pflucker y luego, en 1845, se trasladó a Paita para asumir el control del negocio familiar, ya que su padre había decidido dedicarse únicamente a sus obligaciones en el consulado británico.

El hijo mayor permaneció por varios años al frente del negocio bajo la asesoría de su padre, quien murió el 5 de noviembre de 1852. Sorprendentemente, un día antes de la muerte de Charles Higginson, su hija Eliza Higginson Andrews contrajo matrimonio con Alexander Blacker Thierry. En aquel momento Blacker tenía 27 años, mientras que Eliza -que había nacido en Valparaíso el 17 de diciembre de 1821- tenía 31. En su diario personal, el viajero alemán Heinrich Witt describe a Eliza Higginson como “bien parecida” y revela que la conoció durante un baile ofrecido por Mr. Green en 1845.

Dos meses después de su matrimonio y de la muerte de su suegro, Alexander Blacker se convirtió en el nuevo vicecónsul de la monarquía británica en Paita. La carta que envió a Inglaterra informando sobre la toma de posesión de su cargo está fechada el 1 de enero de 1853. En ese momento la reina Victoria ya llevaba 16 años en el trono.

El cargo de vicecónsul en Paita no era particularmente atractivo en términos económicos. Por ejemplo, Blacker cobraba un salario de 100 libras esterlinas al año, mientras que la cabeza del cuerpo diplomático inglés en Lima, S. H. Sullivan, percibía un salario de 1,700 libras esterlinas anuales. La diferencia era abismal, pero el cargo de vicecónsul le daba a quien lo ocupaba mayor influencia con las autoridades locales y un mejor status social en su comunidad.

Pero Blacker no solamente heredó el viceconsulado, sino también el negocio de la familia Higginson. En 1853, su cuñado encargado de la compañía, Charles Higginson Jr, decidió traspasarle la firma para viajar a Londres, donde llevó una vida disipada de soltero viviendo en una casa club. Alexander Blacker le enviaba regularmente pagos derivados de los intereses que generaba el negocio en Paita.

Foto: Partida de bautizo de Enrique Eduardo Higginson, cuyo padrino fue Alejandro Blacker en 1850. Una de las pistas más antiguas de la presencia del apellido Blacker en el Perú.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los Blacker Mascaro

Nemesio Leoncio Blacker Mascaro fue el primogénito de Leoncio Blacker Martel. Nacido en 1880, en plena guerra con Chile, Nemesio Leoncio vivió gran parte de su infancia y juventud en la calle Ilave junto a su abuela Gavina Martel.

Se han recogido diferentes versiones provenientes de fuentes orales que señalan que Gavina decidió “adoptar a la fuerza” a su primer nieto. Nemesio Leoncio, junto a su hermana Delia Victoria Blacker Mascaro, vivían en casa de su padre, quien aceptó hacerse cargo de los dos hijos naturales que había tenido con Josefina Mascaro Lozano cuando ella inició una relación sentimental con Rosendo Fernández.

Sin embargo, Nemesio Leoncio y Delia Victoria no tuvieron una vida fácil en la casa de su padre porque su madrastra Emilia León no les daba el mejor trato. Una sorpresiva visita de Gavina Martel a la casa de su hijo sirvió para que encontrara a su nieto mayor mal vestido, descuidado y dedicado a labores domésticas. Nemesio Leoncio tenía aproximadamente 7 años y no asistía al colegio. Furiosa, Gavina decidió llevarlo a vivir con ella. Delia Victoria siguió el mismo camino. A partir de este hecho, la relación entre Gavina Martel y Emilia León se deterioró por completo.

Impulsado por su abuela, Nemesio Leoncio se dedicó a los estudios. Fue alumno en el prestigioso Liceo Internacional que dirigía el doctor Germán Leguía y Martínez, y terminó la educación secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente estudió medicina, siguió una especialización en cirugía general y se recibió en 1915 después de una larga preparación.

Poseedor de un carácter impredecible e irascible, Nemesio Leoncio fue controlado y engreído por su abuela, quien fue la persona que encaminó su carrera profesional. El llegó a convertirse en un médico reputado y formó un hogar con Irene Funes Torres, quien vivía en la calle Huari, a la espalda de la calle Ilave, en Barrios Altos.

Irene conoció a Leoncio cuando ella ayudaba en las tareas de la casa a Gavina Martel. En principio, Gavina se opuso tenazmente a la relación sentimental entre su nieto e Irene, quien era madre soltera de tres hijos. Gavina deseaba ver a Nemesio Leoncio casado con una mujer de la alta sociedad y no podía aceptar que se haya fijado en la persona que la ayudaba en las labores de la casa. Finalmente, a pesar de la oposición de su abuela, Nemesio Leoncio e Irene decidieron formalizar su relación y tuvieron ocho hijos.

En el mejor momento de su vida profesional, la muerte sorprendió a Nemesio Leoncio Blacker Mascaro, quien tenía 52 años cuando falleció el 20 de junio de 1933. Su hermana Delia Victoria Blacker Mascaro había muerto veinte años antes. Atacada por una feroz tifoidea, ella dejó de existir el 23 de diciembre de 1913. Era soltera y tenía 26 años. Ambos hermanos fallecieron en el hospital Italiano.

Después de la muerte de Nemesio Leoncio, su familia perdió totalmente el contacto con la rama Blacker León e incluso se inició una larga disputa judicial por las propiedades inmobiliarias de la familia. La madre de Nemesio Leoncio y Delia Victoria, Josefina Mascaro Lozano, contrajo finalmente matrimonio con Rosendo Fernández y tuvo un hijo, también llamado Rosendo, quien fue un destacado notario que murió sin dejar descendencia.

Foto: Anuncio de defunción de Delia Victoria Blacker Mascaro publicado en el diario El Comercio en 1913.

viernes, 17 de abril de 2009

Nueva vida

La muerte de Gavina Martel y la posterior lectura de su testamento produjeron una serie de cambios al interior de la familia Blacker León. Gavina había sido durante muchos años un soporte económico para la familia de su fallecido hijo Leoncio, sobre todo para su viuda y sus nietas. Con su desaparición desaparecía también el apoyo económico que la viuda de Leoncio recibía periódicamente.

Cuando Gavina murió en 1926, Carlos Blacker León era el único hijo varón que permanecía en el país. Alejandro Blacker León ya se había mudado a Brasil con su familia, mientras que Emilio Blacker León residía en Argentina. En aquella época, para muchas familias, era impensable que las mujeres salieran a trabajar.

Sin embargo, poco tiempo después de la muerte de su abuela Gavina, Carlos también decidió buscar fortuna en otro país dejando a su madre y a sus hermanas en el Perú. Le explicó a sus familiares que tenía muchos problemas políticos por ser partidario de Augusto B. Leguía y además su matrimonio en Lima no había funcionado. Carlos se había casado el 28 de agosto de 1909 con Esther Isabel Ruiz Remy, hija de Manual Alcibiades Ruiz Cabrera y Zoila Emma Remy Arres. La unión se disolvió pocos años después.

Al partir Carlos, las hermanas Mercedes Blacker León y Carmen Blacker León tomaron las riendas de la familia y administraron austeramente los ingresos que generaba el alquiler de uno de los ranchos que heredaron en Chorrillos. Posteriormente, cuando su tía Manuela Blacker de Monteverde falleció, ellas iniciaron una larga batalla legal para tomar posesión de las diferentes propiedades que habían pertenecido a su abuela Gavina.

Carlos Blacker León llegó a Valparaíso en 1927. Antes de llegar al puerto chileno, él pasó un corto período en Argentina junto a su hermano Emilio. En Valparaíso, ciudad a la que llegó sin mayores recursos económicos, Carlos desempeñó varios trabajos y trató también de involucrarse en temas políticos. Allá conoció a Rufina Ayala Núñez, con quien contrajo matrimonio y tuvo un solo hijo: Juan Blacker Ayala.

A pesar de que durante mucho tiempo Carlos cumplió un papel muy activo en los asuntos relacionados a su familia, no se tienen mayores detalles sobre su vida en Chile. Aparentemente, en algún momento perdió todo contacto con su familia en Lima. Su hijo Juan Blacker Ayala, un respetado profesional que ahora se encuentra retirado, se casó con Natalia del Carmen Arias Soto, natural de Valparaíso, nacida el 4 de junio de 1938 e hija de Luis Alberto Arias Maturana y Eduvigis del Carmen Soto Vera. La pareja no tuvo hijos.

Por otra parte, Emilio Blacker León había migrado a Argentina a inicios de la década de 1920. Con mucho esfuerzo logró establecerse en un nuevo país y el 26 de noviembre de 1928 contrajo matrimonio con María Porcell Echevarría en la localidad de Concordia, Entre Ríos. La pareja tuvo tres hijos: Juan Carlos Blacker Porcell, María del Carmen Teresa Blacker Porcell y Emilio Leoncio José Blacker Porcell.

En tanto, la primera descendiente Blacker León que contrajo matrimonio en Lima fue María Elisa, quien a inicios de la década de 1920 se casó con Julio Jourde Vera, natural de Macate, provincia del Santa, departamento de Ancash, hijo de Julio Francisco Jourde Marcial y Zoraida Vera Fazt o Fahz. Ellos tuvieron tres hijos: Julio Jourde Blacker, Gladys Jourde Blacker y Graciela Jourde Blacker.

En este punto vale la pena agregar que el primer Jourde que llegó al Perú fue el francés Pierre Jourde, cuyo nombre fue castellanizado como Pedro. Junto a su esposa Rosalía Touloot y algunos de sus hijos, Pierre Jourde se estableció en el valle de Cañete presumiblemente a inicios de 1850. Su hijo Julio Jourde Touloot, nacido también en Francia, se casó en San Vicente de Cañete con la peruana Carmen Marcial Abrill el 8 de febrero de 1869. Su descendencia es la que perdura hasta la actualidad en el país.

De otro lado, Aurelia Blacker León se casó el 12 de febrero de 1930 con Francisco Eduardo Gregorio Barrios Ordóñez, natural de Moquegua, hijo de Eduardo Barrios y Mercedes Ordóñez. La pareja tuvo tres hijos: Fernando Barrios Blacker, Ricardo Barrios Blacker y Eduardo Barrios Blacker.

La hija menor de la familia Blacker León, María Teresa, se casó con Francisco Noya Muro, natural de Chiclayo, y tuvieron cinco hijos: Jorge Noya Blacker, Ernesto Noya Blacker, Rafael Noya Blacker, Teresa Noya Blacker y José Antonio Noya Blacker.

Por último, Carmen Blacker León se casó con el estadounidense Howard Eidson, no tuvieron descendientes, pero Carmen vivió por mucho tiempo con los cuatro hijos de su esposo: Christian Eidson Aubry, Patricia Eidson Aubry, Paul Eidson Aubry y Amalia Eidson Aubry. Mercedes Blacker León no se casó y no tuvo hijos. Murió en Lima el 6 de marzo de 1977.

Respecto a Emilia León Mandujano, esposa de Leoncio Blacker Martel, se sabe que convivió muchos anos con una serie de enfermedades producto de su obesidad y murió a inicios de la década de 1940. La genealogía de su familia puede ser consultada en el libro Apuntes sobre cien familias asentadas en el Perú de Juan Miranda Costa.

Foto: Boda de Emilio Blacker León y María Porcell Echevarría en la localidad de Concordia, Entre Ríos, Argentina.