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lunes, 29 de marzo de 2010

Raíces irlandesas, influencia alemana

Con el objetivo de cerrar esta extensa historia respecto a los hermanos John y Alexander Blacker Thierry, nos remontaremos ahora a los orígenes de su familia.

Tanto John como Alexander fueron hijos del comerciante Alexander Blacker Burrows (nacido en Hamburgo, Alemania, el 17 de agosto de 1789) y de Jane Susan Marie Thierry Borkenstein (nacida en Hannover, Alemania, el 17 de mayo de 1795). (*)

La pareja contrajo matrimonio en la localidad alemana de Schleswig-Holstein el 23 de octubre de 1820 y poco tiempo después se trasladó a Inglaterra, específicamente a Gloucestershire, donde Blacker Burrows se dedicó al comercio de lana y donde nacieron sus tres primeros hijos: John Blacker Thierry (el 25 de febrero de 1822), Susan Blacker Thierry (el 19 de febrero de 1824) y Alexander Blacker Thierry (el 7 de abril de 1825). Posteriormente, la familia se mudó a otra ciudad inglesa, Brixton, donde nacieron Louis Blacker Thierry (el 17 de octubre de 1827) y Richard Blacker Thierry (el 26 de setiembre de 1829).

Esta rama de la familia Blacker tuvo origen irlandés, pero estuvo asentada en Alemania por muchos años. En el siglo XIX, Louis Blacker Thierry elaboró con su puño y letra un árbol genealógico de la familia (ver foto). Este documento se inicia citando el nombre de Marmaduke Blacker, quien nació alrededor de 1664 en Irlanda, probablemente en Limerick, una pequeña pero histórica ciudad medieval situada en la costa oeste irlandesa, muy cerca del río Shannon.

Es probable que Marmaduke Blacker haya nacido poco tiempo después de que Irlanda cayera bajo el poder del famoso político y militar inglés Oliver Cromwell. Se sabe que Marmaduke Blacker tuvo por lo menos dos hijos: William Blacker, nacido en Irlanda en 1686, y Eleanor Blacker, nacida también en Irlanda en año desconocido.

A inicios del Siglo XVIII, en 1705, cuando tenía 19 años, William Blacker dejó Irlanda y se trasladó a Inglaterra, donde conoció y contrajo matrimonio con Mip Reafearn, quien era natural de la localidad de Woodsome Mill, ubicada cerca de Hudders Fields Yorks. El matrimonio Blacker-Reafearn tuvo tres hijos: Thomas, John y William.

De los tres, John Blacker Reafearn, de acuerdo a lo que aparece escrito en el árbol genealógico de la familia, se convirtió en un hombre muy exitoso en el plano económico y social. El nació el 20 de agosto de 1729 en Finney Bridge, localidad correspondiente a la parroquia de Kirkheaton, en West Riding, condado de York, Inglaterra.

Alrededor de 1750, cuando tenía 21 años, viajó a Hamburgo, ciudad portuaria alemana que en ese momento era considerada el centro comercial más importante de Europa. En ese momento, en Hamburgo, ya existía la “sociedad de los comerciantes aventureros”, una organización conocida también como la British Factory que estaba formada por mercaderes ingleses que, bajo el amparo de la monarquía británica, había conseguido grandes concesiones de las autoridades alemanas para tener el monopolio de la comercialización de ciertos productos, principalmente ropa hecha de lana.

La “sociedad de los comerciantes aventureros” tenía su propio local, se regía bajo las leyes británicas sin que las autoridades alemanas pudieran intervenir en sus asuntos internos e incluso contaban con una parroquia, donde se celebraban ceremonias protestantes en inglés, lo que usualmente provocaba las quejas de la iglesia luterana alemana.

Desde aproximadamente 1780 John Blacker Reafearn llegó a convertirse en “Court Master” de la sociedad; es decir, en el funcionario de más alto rango. En ese entonces él ya había fundado la firma “The House of Blacker” en sociedad con sus dos cuñados: Thomas y John Cock. La compañía fue un éxito. Thomas se retiró de la firma con una utilidad de 40 mil libras esterlinas y se estableció en Londres, mientras que John Cock se retiró con 50 mil libras esterlinas y permaneció viviendo en Hamburgo.

Cuando los hermanos Cock decidieron retirarse de la firma, un sobrino de John Blacker Reafearn llamado Joseph Blacker, junto a sus dos hijos mayores (John y Thomas), se convirtieron en socios de la compañía y alcanzaron también altas posiciones en la “sociedad de los comerciantes aventureros”.

John Blacker Reafearn murió el 16 de marzo de 1798 dejando una fortuna estimada en un millón 600 mil libras. En el árbol genealógico de la familia Blacker se consignan datos respecto a sus herederos y a la ubicación de su casa comercial en Hamburgo, pero la dirección está escrita en alemán y con letra indescifrable.

En el aspecto personal John Blacker Reafearn se casó con Sarah Cock, natural de Harrington, Lancash, y tuvo ocho hijos: Charles, Thomas, Jane, Lucy, John, Frances, Sarah y Ann.

John Blacker Cock nació en Hamburgo el 28 de junio de 1763 y se casó en la misma ciudad cuando tenía 23 años. Su esposa, Elizabeth Burrows, también era natural de Hamburgo, aunque su familia era de origen inglés. La pareja tuvo seis hijos: John, Edward, Elizabeth, Henry, Frederick y Alexander Blacker Burrows.

Se sospecha que la familia sufrió en carne propia lo que fue la abrupta disolución de la sociedad inglesa de los comerciantes aventureros. En noviembre de 1806 las tropas francesas de Napoleón tomaron el control del puerto de Hamburgo y detuvieron a todos los comerciantes ingleses, quienes fueron declarados prisioneros de guerra. Así, bajo la presión militar francesa, se llegó a un acuerdo para disolver definitivamente la “sociedad de comerciantes aventureros” en 1808. Joseph Blacker fue el último “Court Master”.

Esta situación afectó significativamente los intereses ingleses en la región, pero John Blacker Cock, su esposa Elizabeth Burrows y sus hijos permanecieron viviendo en Hamburgo. Años más tarde, uno de sus seis hijos, Alexander Blacker Burrows, decidió dejar Alemania y trasladarse a Inglaterra, donde se convertiría en el padre de los hermanos Blacker, aquellos quienes a mediados del Siglo XIX llegaron al Perú como comerciantes en busca de fortuna, seguramente inspirados por el enorme éxito que alguna vez alcanzó su bisabuelo John Blacker Reafearn.

Foto: Primera página del árbol genealógico de la familia Blacker. El documento fue escrito por Louis Blacker Thierry en el Siglo XIX. (Cortesía Dr. John Blacker)

(*) Jane Susan Marie Thierry Borkenstein (en varios documentos alemanes el apellido aparece escrito como Borckenstein) fue hija de Carl Ludwig Thierry y Dorothea Amalia Borkenstein, quienes se casaron en Hamburgo el 31 de mayo de 1791. Carl Ludwig Thierry, quien entre ingleses decía llamarse Charles Louis, fue un activo comerciante de vino y pequeños productos, además de socio de la firma Thierry Borkenstein & Co de Hamburgo. Sus padres fueron Andre Thierry y Lucie -Catherina Schmalen, y nació en Hannover el 28 de julio de 1766. Además de Jane Marie Susan (o Susette en alemán), el matrimonio tuvo otros dos hijos: Johann Ludwig (John Louis) Thierry Borkenstein y Johann Adolph Thierry Borkenstein.

viernes, 1 de enero de 2010

Ultimos Blacker en Paita

Después de la muerte del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry, los dos hijos de su segundo matrimonio quedaron bajo la tutoría y cuidado de José María Raygada Oyarzábal. Pronto el adolescente Luis Blacker Raygada siguió los pasos de su padre convirtiéndose en comerciante e involucrándose en asuntos consulares. En algunos documentos aparece citado como Louis Blacker e inclusive él utilizaba ese nombre para firmar cierta correspondencia con países de habla inglesa.

Luis Blacker Raygada mantuvo en funcionamiento la firma Blacker & Co y cuando tenía 22 años de edad contrajo matrimonio en Paita con María Hortencia León Coronado, quien era cinco años mayor que él. La novia era hija del finado Manuel León Seminario y Hortencia Coronado. La boda religiosa se efectuó el 27 de diciembre de 1901 y uno de los testigos fue José María Raygada Oyarzábal, quien en ese momento declaró tener 51 años, ser viudo, comerciante y domiciliado en la calle de la Merced, número 2, la misma casa donde residía el novio. El otro testigo del matrimonio fue Isaías Garrido, de 30 años, soltero, comerciante, domiciliado en la calle de la Marina, número 14. Tanto Luis Blacker como su esposa y los testigos se presentaron en la alcaldía de Paita a las 4 de la tarde del 25 de enero de 1902 para inscribir el matrimonio en los registros civiles.

La pareja tuvo dos hijas que desafortunadamente no sobrevivieron por mucho tiempo. María Teresa Blacker León murió en Paita pocos días después de su alumbramiento, mientras que Mariana Blacker León falleció en Piura dos horas después de nacer.

La esposa de Blacker se sintió particularmente afectada por ambas pérdidas, pero las malas noticias no dejarían de llegar para ella. En 1905, apenas tres años y cinco meses después de su matrimonio, su esposo cayó enfermo de tifoidea. Luis Blacker Raygada luchó contra la enfermedad por siete días, pero finalmente dejó de existir el 30 de mayo de 1905. Tenía apenas 25 años de edad.

La causa de su deceso fue puesta en duda por un artículo publicado en el diario La Prensa, que sugería que Blacker había fallecido atacado por la temible fiebre amarilla o peste bubónica, ya que una epidemia de esa enfermedad afectaba en esos momentos el puerto piurano.

El artículo produjo un intercambio de cartas entre el doctor Julio Guillermo Arbulú, médico sanitario de Paita, y el corresponsal del diario La Prensa en Paita, Federico Bolognesi, hijo del héroe de Arica, Coronel Francisco Bolognesi.

Las cartas, fechadas el 6 de junio de 1905, se publicaron en el diario El Comercio. En la primera de ellas el doctor Arbulú rechaza la insinuación hecha en La Prensa respecto a una modificación intencional en el diagnóstico sobre la muerte de Blacker, mientras que en la segunda carta Bolognesi le da la razón al doctor Arbulú desautorizando la versión de La Prensa y aclarando que envió a Lima el siguiente cablegrama: “Prensa.-Lima.-Después siete días enfermedad, murió hoy notable vecino Luis Blacker, fiebre tifoidea. Sentimiento general”.

En esas cartas se habla también de Luis Blacker como cónsul de Estados Unidos en Paita, pero está comprobado que por esa fecha el consulado norteamericano en el puerto piurano ya había sido cerrado. En realidad, Blacker cumplía funciones como agente consular norteamericano.

Respecto al hermano menor de Luis Blacker, Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, se sabe que en 1909 fue uno de los testigos de la venta de la finca que perteneció a su padre en el poblado de La Huaca. En el documento aparece citado como Carlos Blacker. La operación de venta fue hecha por el liquidador de la firma Blacker & Co, José María Raygada Oyarzábal, y el comprador fue Pedro Eugenio Raygada Arrese.

La casa todavía se mantiene en pie, aunque en estado ruinoso y su actual propietario es el juez de paz de La Huaca, Rodolfo Arca Sosa. En 1935 la viuda de Luis Blacker, María Hortencia León Coronado, apareció como interesada en conocer la situación legal del inmueble.

En relación a Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, se han encontrado pistas que permiten suponer que se alejó del Perú para establecerse como comerciante en Manchester, Inglaterra, donde se casó y fue conocido como Charles Edward Blacker o Chas Blacker (*).

También se conocen detalles de algunos de los viajes que hizo entre el Perú, Estados Unidos y Europa. Parece claro que sus actividades comerciales lo trajeron de vuelta al Perú en algunas ocasiones, pero su rastro se pierde definitivamente después de 1918.

No se ha podido establecer si en Inglaterra tuvo alguna relación con sus primos hermanos, los hijos de John Blacker Thierry y Carmen Espantoso. Tampoco se sabe si estableció algún tipo de contacto con sus sobrinos ingleses. Como ya se posteó anteriormente, el hijo menor de Carlos Blacker Espantoso y Caroline Frost falleció durante la Primera Guerra Mundial. John Robin Blacker Frost tenía apenas 18 años cuando fue abatido por los alemanes en la batalla de Loos. Su hermano mayor, Carlos Paton Blacker, también participó en la guerra y sus memorias están registradas en un libro titulado Have You Forgotten Yet?

Foto: Cartas de Julio Guillermo Arbulú y Federico Bolognesi aparecidas en el diario El Comercio en junio de 1905. En ellas se trata la muerte de Luis Blacker.

(*) Febrero 2011.- Charles Christopher George Blacker, nieto de Juan Clímaco Carlos Eduardo Blacker Raygada, ha tenido la amabilidad de enviar desde Manchester información relacionada a su abuelo, cuyo rastro se había perdido después de que realizara una serie de viajes entre el Reino Unido, Estados Unidos y Perú entre los años 1915 y 1919.

Juan Clímaco Carlos Eduardo contrajo matrimonio en Manchester en octubre de 1908 con Eugenie King. En ese momento él tenía 22 años de edad. Después de la boda, la pareja regresó al Perú y tuvo a su primer hijo el 21 de octubre de 1909 en Paita. El niño recibió el nombre de Carlos Alejandro (Charles Alexander).


Después de una serie de viajes comerciales entre el Perú e Inglaterra, Juan Clímaco Carlos Eduardo decidió establecerse definitivamente en Manchester, donde inició su propio negocio de confección de trajes de algodón y estambre o lana peinada en Bradford Yorkshire. Posteriormente, en el mismo rubro, él se convirtió en director de la firma Seeger Bros, ocupación que tuvo hasta su muerte, ocurrida el 20 de enero de 1954 en Manchester.

En ese momento su hijo Charles Alexander Blacker King ya se había unido al negocio de los trajes de algodón y estambre que florecía en aquella época. Incluso se produjo una alianza comercial con una compañía manufacturera textil llamada Pearson & Foster, lo que convirtió a la familia Blacker en la mayor accionista de la fábrica. Charles Alexander se convirtió en el funcionario más importante de la firma hasta su muerte, que se produjo el 14 de mayo de 1958 en Manchester.

Charles Alexander Blacker King tuvo dos hijos: Charles Christopher George, quien amablemente escribió a este blog contando detalles de su familia, y John Edwin Alexander. Ellos, bisnietos de Alejandro Blacker Thierry, nunca supieron de la existencia de la familia de su tío Juan Blacker Thierry, también afincada en Inglaterra.

sábado, 27 de junio de 2009

Blacker en Paita

En 1853, un año después de su boda, Alexander Blacker Thierry y Eliza Higginson Andrews tuvieron a su primer hijo: Alejandro Carlos Blacker Higginson. La familia ya había decidido afincarse en Paita debido a que Blacker tenía proyectos para incursionar en el negocio algodonero.

La segunda hija del matrimonio Blacker Higginson fue María Elisa, quien nació en Paita en 1855. Lamentablemente, la niña murió tres años después. Se presume que ella fue trasladada en barco de Paita al Callao para ser tratada de una angina de pecho, pero falleció durante la travesía. Su defunción fue inscrita en el Callao el 11 de julio de 1858. Lo curioso es que ningún familiar declaró su muerte y tampoco se consignó el nombre de sus padres en su partida de defunción. La única firma en el documento pertenece al cura de la iglesia matriz del Callao, quien certificó su deceso. La lápida de la niña se encuentra en el cementerio Presbítero Matías Maestro de Lima.

Esta triste desaparición afectó profundamente a la familia Blacker Higginson, que decidió rendirle un tributo a su hija donando una pila bautismal a la iglesia del pequeño poblado de La Huaca, ubicado a ocho leguas de Paita.

La pila bautismal tiene grabado el nombre de María Elisa Blacker hasta la actualidad y fue tallada en Lima como si se tratara de una fuente de agua. La pila tiene tres tipos de figuras: cabezas de león, cabezas de un niño y escudos del Perú. Los escudos se grabaron a pedido de Alexander Blacker, quien en su calidad de vicecónsul británico pretendió así rendirle homenaje al país donde cumplía funciones.

La pila fue donada en 1862 y en ella fue bautizada la tercera hija del matrimonio Blacker Higginson, quien llevó el mismo nombre de su hermana desaparecida. El bautizo de María Elisa fue el primero que se realizó en aquella pila y también el primero que quedó registrado en los libros de la iglesia de La Huaca porque hasta esa fecha la parroquia no estaba autorizada a celebrar bautizos ni matrimonios. María Elisa Blacker Higginson fue bautizada el 11 de agosto de 1862 a los 4 meses y medio de nacida. Sus padrinos fueron Toribio Seminario y Váscones, y Ricarda Cortés.

En aquella época muchos de los más prósperos comerciantes de Paita tenían casas de campo en La Huaca o sus alrededores. Además, muchos de los negociantes dedicados al cultivo de algodón también tenían propiedades en la zona. Incluso casas comerciales extranjeras tenían locales en el lugar, que hoy luce tristemente empobrecido.

No se sabe por cuánto tiempo Alexander Blacker estuvo a cargo del negocio heredado de la familia Higginson, pero posteriormente fundó la firma Blacker & Co. Paralelamente a sus actividades comerciales, Blacker desarrolló una activa vida pública en Paita llegando a ser alcalde y artífice de la creación de la primera compañía de bomberos en 1860.

Exactamente el 24 de noviembre de ese año se formó en Paita la compañía contra Incendios por Grigos, que no soólo fue la primera en la provincia de Piura, sino también en la región norte del Perú. Como comandante y presidente de la primera junta directiva fue elegido Alexander Blacker, mientras que los propietarios de los negocios paiteños se autoimpusieron un tributo de un real al mes (llamado "derechos de incendio") para el sostenimiento económico de la compañía. Los miembros del cuerpo de bomberos lucían uniforme de pantalón blanco y casa roja con casco metálico, cuyo color diferenciaba los grados.

En esos momentos, la posición social de Blacker en el pueblo era cada vez más importante. En 1863, Blacker aceptó defender al cónsul de Estados Unidos Charles Winslow, quien fue víctima de una campaña para desacreditar su administración tanto en el consulado como en el hospital norteamericano que funcionaba en Paita y que era exclusivo para ciudadanos estadounidenses. Los ataques contra Winslow, alentados por capitanes de barcos norteamericanos, se hicieron tan evidentes que incluso se imprimieron panfletos acusándolo de realizar cobros indebidos en el consulado.

El 10 de dicembre de 1863 Alexander Blacker aceptó ser entrevistado por Winslow sobre la situación del consulado norteamericano en Paita. El documento se envió a Washington y se conserva en los Archivos Nacionales de Estados Unidos. En él, Blacker afirmó que los balleneros norteamericanos con frecuencia desembarcaban a sus tripulantes enfermos sin observar las formalidades de ley. También señaló que desde la llegada de Winslow en setiembre de 1862 se había hecho una "limpieza" general de norteamericanos indeseables en paita y que las amenzas de los capitanes de las naves habían disminuido.

Blacker añadió que Winslow era un "perfecto caballero", que su carácter y dignidad eran superiores a los de sus predecesores y que se había registrado una "notable mejora"en la respetabilidad del consulado.

Foto: El nombre de María Elisa Blacker está grabado en la pila bautismal de la iglesia del poblado de La Huaca hasta la actualidad.

martes, 19 de mayo de 2009

Blacker y Higginson

La vida del comerciante inglés Alexander Blacker Thierry en el Perú transitó por un camino totalmente diferente al seguido por su hermano John. Como se consignó al inicio de esta investigación, uno de los primeros rastros de la presencia del apellido Blacker en el país involucra a Alexander, cuyo nombre castellanizado aparece en la partida de bautizo de Enrique Eduardo Higginson Carreño. El documento data del 18 de octubre de 1850 y en él Alejandro Blacker figura como padrino. El bautizo se realizó en la iglesia San Simón y San Judas Tadeo del Callao y los padres del niño fueron Enrique Higginson Andrews y María Natividad Carreño.

Este último dato es el primero de una serie de pistas que llevan a pensar que Alexander Blacker llegó al Perú a mediados del Siglo XIX con el apoyo y amparo de la familia Higginson, cuyos miembros ocupaban un lugar visible en la sociedad de aquella época.

Después de establecerse en Lima por un par de años, Blacker se trasladó en 1852 al puerto de Paita, donde transcurrió la mayor parte de su vida. Esta decisión también se produjo por influencia de los Higginson debido a que el patriarca de la familia, Charles Higginson, radicaba en el puerto piurano, donde funcionaba su propia compañía y era, además, encargado del viceconsulado inglés.

Charles Higginson era un comerciante inglés que había nacido el 15 de julio de 1778 en Chester, Islas Orientales, pero que había vivido en Sudamérica desde inicios del Siglo XIX. En Buenos Aires existe registro de la presencia de Higginson en 1811 cuando el comerciante británico adquirió junto a Robert Hunt un extenso terreno propiedad de don Francisco de Paula Illescas para levantar un establecimiento dedicado a la salazón de carnes.

No ha sido posible determinar cuánto tiempo permaneció Higginson en Argentina, pero lo que se sabe es que en 1817 ya se había mudado a Chile. El inglés Samuel Haigh, en su libro Sketches of Buenos Ayres and Chile, señala que en 1817 había aproximadamente una docena de ingleses viviendo en Santiago y que la mayoría de ellos había llegado procedente de Buenos Aires tras la batalla de Chacabuco, que ocurrió el 12 de febrero de 1817 y que fue decisiva para la independencia de Chile.

Se presume que Higginson fue uno de esos ingleses porque su presencia en Chile en 1817 está plenamente confirmada por un documento encontrado en los archivos del Consulado, que era como se conocía al tribunal comercial chileno en ese entonces. En noviembre de 1817 el Consulado notó que el almacén de Charles Higginson había vendido al por menor “dos piezas de algodón”, por lo que ordenó el cierre inmediato del local comercial y el embargo de todos sus productos.

Unos días después, Higginson envió una carta de disculpa por haber roto la ley y explicó que él no se encontraba en su almacén al momento de la venta y que la responsabilidad había sido de uno de sus empleados. Muy pronto, el Consulado ordenó la reapertura del almacén y el levantamiento del embargo a sus productos.

Otra documentación encontrada sobre la presencia de Higginson en Chile certifica que en la ciudad de Santiago, junto a Diego O’Brien, formó la compañía Higginson, O’Brien & Co, mientras que en Valparaíso fue socio de la firma Guillermo Taylor & Co.

Por otra parte, en 1819 Charles Higginson era el comerciante extranjero que adeudaba mayor cantidad de dinero a la Administración de Aduanas de Chile (31,299 pesos y 1 ¾ reales). No obstante, este dato demuestra también que era el más activo.

El mismo año, Higginson dirigió una petición al senado chileno como apoderado de Samuel Gibson, un oficial inglés al servicio de la escuadra chilena que apoyaba la guerra de independencia en el Perú. En su solicitud, Higginson pedía una licencia para que el bergantín Tiber, de propiedad de Gibson, sea dedicado al comercio de madera de cabotaje. Higginson solicitaba que el bergantín sea autorizado a trasladarse a Talcahuano para recoger un cargamento de madera que luego sería distribuido en los puertos de Valparaíso y Coquimbo.

Aunque en la resolución final el senado chileno reconoce que “Higginson ha suplido jenerosamente (sic) hasta 40,000 para auxilio de la escuadra nacional”, la petición fue rechazada porque el cabotaje era una actividad reservada a los chilenos.

Poco tiempo después, Higginson se dirigió nuevamente al senado solicitando esta vez autorización para transportar cobre por vía marítima desde Huasco a Coquimbo, pero el senado tampoco aceptó su solicitud.

En 1821, dos años después de estos intentos fallidos, Higginson anunció la disolución de las firmas de las que era socio: Higginson, O’Brien & Co de Santiago y Guillermo Taylor & Co de Valparaíso.
Poco después de la desaparición de ambas firmas, Higginson se trasladó al Perú atraído por las nuevas posibilidades comerciales que prometía la independencia.

En Paita fundó la firma Higginson & Co, que comercializaba todo tipo de servicios y artículos navales, así como algunas manufacturas locales. Además, Higginson se dedicó durante un tiempo a la exportación de productos exóticos tales como cochinilla, orchilla, concurango y ratania.

A pedido de la industria ballenera de Massachussets, Higginson estuvo al frente del consulado de Estados Unidos en Paita desde enero de 1835 hasta mediados de julio de 1839. Posteriormente se convirtió en vicecónsul británico. Durante gran parte del siglo XIX, Paita fue un punto de recalada clave para las embarcaciones dedicadas a la caza de ballenas. Esta actividad impulsó la economía de la zona de una manera significativa y permitió la llegada de un alto número de inmigrantes extranjeros.

En el plano personal, Charles Higginson se casó con la inglesa María Andrews presumiblemente en Argentina , y tuvo siete hijos: Charles (Carlos), Caroline, Mary, Henry (Enrique), William (Guillermo), Eliza y Emily.

El hijo mayor, Charles, nació en Buenos Aires, aproximadamente en 1808. El trabajó por muchos años en las oficinas de la Casa Gibbs en Lima como asistente de Charles R. Pflucker y luego, en 1845, se trasladó a Paita para asumir el control del negocio familiar, ya que su padre había decidido dedicarse únicamente a sus obligaciones en el consulado británico.

El hijo mayor permaneció por varios años al frente del negocio bajo la asesoría de su padre, quien murió el 5 de noviembre de 1852. Sorprendentemente, un día antes de la muerte de Charles Higginson, su hija Eliza Higginson Andrews contrajo matrimonio con Alexander Blacker Thierry. En aquel momento Blacker tenía 27 años, mientras que Eliza -que había nacido en Valparaíso el 17 de diciembre de 1821- tenía 31. En su diario personal, el viajero alemán Heinrich Witt describe a Eliza Higginson como “bien parecida” y revela que la conoció durante un baile ofrecido por Mr. Green en 1845.

Dos meses después de su matrimonio y de la muerte de su suegro, Alexander Blacker se convirtió en el nuevo vicecónsul de la monarquía británica en Paita. La carta que envió a Inglaterra informando sobre la toma de posesión de su cargo está fechada el 1 de enero de 1853. En ese momento la reina Victoria ya llevaba 16 años en el trono.

El cargo de vicecónsul en Paita no era particularmente atractivo en términos económicos. Por ejemplo, Blacker cobraba un salario de 100 libras esterlinas al año, mientras que la cabeza del cuerpo diplomático inglés en Lima, S. H. Sullivan, percibía un salario de 1,700 libras esterlinas anuales. La diferencia era abismal, pero el cargo de vicecónsul le daba a quien lo ocupaba mayor influencia con las autoridades locales y un mejor status social en su comunidad.

Pero Blacker no solamente heredó el viceconsulado, sino también el negocio de la familia Higginson. En 1853, su cuñado encargado de la compañía, Charles Higginson Jr, decidió traspasarle la firma para viajar a Londres, donde llevó una vida disipada de soltero viviendo en una casa club. Alexander Blacker le enviaba regularmente pagos derivados de los intereses que generaba el negocio en Paita.

Foto: Partida de bautizo de Enrique Eduardo Higginson, cuyo padrino fue Alejandro Blacker en 1850. Una de las pistas más antiguas de la presencia del apellido Blacker en el Perú.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los Blacker Mascaro

Nemesio Leoncio Blacker Mascaro fue el primogénito de Leoncio Blacker Martel. Nacido en 1880, en plena guerra con Chile, Nemesio Leoncio vivió gran parte de su infancia y juventud en la calle Ilave junto a su abuela Gavina Martel.

Se han recogido diferentes versiones provenientes de fuentes orales que señalan que Gavina decidió “adoptar a la fuerza” a su primer nieto. Nemesio Leoncio, junto a su hermana Delia Victoria Blacker Mascaro, vivían en casa de su padre, quien aceptó hacerse cargo de los dos hijos naturales que había tenido con Josefina Mascaro Lozano cuando ella inició una relación sentimental con Rosendo Fernández.

Sin embargo, Nemesio Leoncio y Delia Victoria no tuvieron una vida fácil en la casa de su padre porque su madrastra Emilia León no les daba el mejor trato. Una sorpresiva visita de Gavina Martel a la casa de su hijo sirvió para que encontrara a su nieto mayor mal vestido, descuidado y dedicado a labores domésticas. Nemesio Leoncio tenía aproximadamente 7 años y no asistía al colegio. Furiosa, Gavina decidió llevarlo a vivir con ella. Delia Victoria siguió el mismo camino. A partir de este hecho, la relación entre Gavina Martel y Emilia León se deterioró por completo.

Impulsado por su abuela, Nemesio Leoncio se dedicó a los estudios. Fue alumno en el prestigioso Liceo Internacional que dirigía el doctor Germán Leguía y Martínez, y terminó la educación secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente estudió medicina, siguió una especialización en cirugía general y se recibió en 1915 después de una larga preparación.

Poseedor de un carácter impredecible e irascible, Nemesio Leoncio fue controlado y engreído por su abuela, quien fue la persona que encaminó su carrera profesional. El llegó a convertirse en un médico reputado y formó un hogar con Irene Funes Torres, quien vivía en la calle Huari, a la espalda de la calle Ilave, en Barrios Altos.

Irene conoció a Leoncio cuando ella ayudaba en las tareas de la casa a Gavina Martel. En principio, Gavina se opuso tenazmente a la relación sentimental entre su nieto e Irene, quien era madre soltera de tres hijos. Gavina deseaba ver a Nemesio Leoncio casado con una mujer de la alta sociedad y no podía aceptar que se haya fijado en la persona que la ayudaba en las labores de la casa. Finalmente, a pesar de la oposición de su abuela, Nemesio Leoncio e Irene decidieron formalizar su relación y tuvieron ocho hijos.

En el mejor momento de su vida profesional, la muerte sorprendió a Nemesio Leoncio Blacker Mascaro, quien tenía 52 años cuando falleció el 20 de junio de 1933. Su hermana Delia Victoria Blacker Mascaro había muerto veinte años antes. Atacada por una feroz tifoidea, ella dejó de existir el 23 de diciembre de 1913. Era soltera y tenía 26 años. Ambos hermanos fallecieron en el hospital Italiano.

Después de la muerte de Nemesio Leoncio, su familia perdió totalmente el contacto con la rama Blacker León e incluso se inició una larga disputa judicial por las propiedades inmobiliarias de la familia. La madre de Nemesio Leoncio y Delia Victoria, Josefina Mascaro Lozano, contrajo finalmente matrimonio con Rosendo Fernández y tuvo un hijo, también llamado Rosendo, quien fue un destacado notario que murió sin dejar descendencia.

Foto: Anuncio de defunción de Delia Victoria Blacker Mascaro publicado en el diario El Comercio en 1913.

viernes, 17 de abril de 2009

Nueva vida

La muerte de Gavina Martel y la posterior lectura de su testamento produjeron una serie de cambios al interior de la familia Blacker León. Gavina había sido durante muchos años un soporte económico para la familia de su fallecido hijo Leoncio, sobre todo para su viuda y sus nietas. Con su desaparición desaparecía también el apoyo económico que la viuda de Leoncio recibía periódicamente.

Cuando Gavina murió en 1926, Carlos Blacker León era el único hijo varón que permanecía en el país. Alejandro Blacker León ya se había mudado a Brasil con su familia, mientras que Emilio Blacker León residía en Argentina. En aquella época, para muchas familias, era impensable que las mujeres salieran a trabajar.

Sin embargo, poco tiempo después de la muerte de su abuela Gavina, Carlos también decidió buscar fortuna en otro país dejando a su madre y a sus hermanas en el Perú. Le explicó a sus familiares que tenía muchos problemas políticos por ser partidario de Augusto B. Leguía y además su matrimonio en Lima no había funcionado. Carlos se había casado el 28 de agosto de 1909 con Esther Isabel Ruiz Remy, hija de Manual Alcibiades Ruiz Cabrera y Zoila Emma Remy Arres. La unión se disolvió pocos años después.

Al partir Carlos, las hermanas Mercedes Blacker León y Carmen Blacker León tomaron las riendas de la familia y administraron austeramente los ingresos que generaba el alquiler de uno de los ranchos que heredaron en Chorrillos. Posteriormente, cuando su tía Manuela Blacker de Monteverde falleció, ellas iniciaron una larga batalla legal para tomar posesión de las diferentes propiedades que habían pertenecido a su abuela Gavina.

Carlos Blacker León llegó a Valparaíso en 1927. Antes de llegar al puerto chileno, él pasó un corto período en Argentina junto a su hermano Emilio. En Valparaíso, ciudad a la que llegó sin mayores recursos económicos, Carlos desempeñó varios trabajos y trató también de involucrarse en temas políticos. Allá conoció a Rufina Ayala Núñez, con quien contrajo matrimonio y tuvo un solo hijo: Juan Blacker Ayala.

A pesar de que durante mucho tiempo Carlos cumplió un papel muy activo en los asuntos relacionados a su familia, no se tienen mayores detalles sobre su vida en Chile. Aparentemente, en algún momento perdió todo contacto con su familia en Lima. Su hijo Juan Blacker Ayala, un respetado profesional que ahora se encuentra retirado, se casó con Natalia del Carmen Arias Soto, natural de Valparaíso, nacida el 4 de junio de 1938 e hija de Luis Alberto Arias Maturana y Eduvigis del Carmen Soto Vera. La pareja no tuvo hijos.

Por otra parte, Emilio Blacker León había migrado a Argentina a inicios de la década de 1920. Con mucho esfuerzo logró establecerse en un nuevo país y el 26 de noviembre de 1928 contrajo matrimonio con María Porcell Echevarría en la localidad de Concordia, Entre Ríos. La pareja tuvo tres hijos: Juan Carlos Blacker Porcell, María del Carmen Teresa Blacker Porcell y Emilio Leoncio José Blacker Porcell.

En tanto, la primera descendiente Blacker León que contrajo matrimonio en Lima fue María Elisa, quien a inicios de la década de 1920 se casó con Julio Jourde Vera, natural de Macate, provincia del Santa, departamento de Ancash, hijo de Julio Francisco Jourde Marcial y Zoraida Vera Fazt o Fahz. Ellos tuvieron tres hijos: Julio Jourde Blacker, Gladys Jourde Blacker y Graciela Jourde Blacker.

En este punto vale la pena agregar que el primer Jourde que llegó al Perú fue el francés Pierre Jourde, cuyo nombre fue castellanizado como Pedro. Junto a su esposa Rosalía Touloot y algunos de sus hijos, Pierre Jourde se estableció en el valle de Cañete presumiblemente a inicios de 1850. Su hijo Julio Jourde Touloot, nacido también en Francia, se casó en San Vicente de Cañete con la peruana Carmen Marcial Abrill el 8 de febrero de 1869. Su descendencia es la que perdura hasta la actualidad en el país.

De otro lado, Aurelia Blacker León se casó el 12 de febrero de 1930 con Francisco Eduardo Gregorio Barrios Ordóñez, natural de Moquegua, hijo de Eduardo Barrios y Mercedes Ordóñez. La pareja tuvo tres hijos: Fernando Barrios Blacker, Ricardo Barrios Blacker y Eduardo Barrios Blacker.

La hija menor de la familia Blacker León, María Teresa, se casó con Francisco Noya Muro, natural de Chiclayo, y tuvieron cinco hijos: Jorge Noya Blacker, Ernesto Noya Blacker, Rafael Noya Blacker, Teresa Noya Blacker y José Antonio Noya Blacker.

Por último, Carmen Blacker León se casó con el estadounidense Howard Eidson, no tuvieron descendientes, pero Carmen vivió por mucho tiempo con los cuatro hijos de su esposo: Christian Eidson Aubry, Patricia Eidson Aubry, Paul Eidson Aubry y Amalia Eidson Aubry. Mercedes Blacker León no se casó y no tuvo hijos. Murió en Lima el 6 de marzo de 1977.

Respecto a Emilia León Mandujano, esposa de Leoncio Blacker Martel, se sabe que convivió muchos anos con una serie de enfermedades producto de su obesidad y murió a inicios de la década de 1940. La genealogía de su familia puede ser consultada en el libro Apuntes sobre cien familias asentadas en el Perú de Juan Miranda Costa.

Foto: Boda de Emilio Blacker León y María Porcell Echevarría en la localidad de Concordia, Entre Ríos, Argentina.

lunes, 23 de febrero de 2009

El deceso de Gavina

El mismo año de la muerte de Manuel Augusto Blacker León se produjo el deceso de su abuela Gavina Martel Reyes. A la edad de 91 años, Gavina dejó de existir en su casa de la calle Ilave el 17 de agosto de 1926. Su defunción fue inscrita por su nieto Carlos Blacker León, quien se declaró “propietario” y “casado”. Esta vez Carlos no hizo ninguna referencia al apellido Alzamora y consignó el nombre de su abuela e, incluso, el de sus bisabuelos: José Dolores Martel y Gertrudis Reyes.

Asimismo, Carlos inscribió a su abuela como viuda de Juan Blacker y añadió que ella era natural de Londres. Sin embargo, este último dato es una errata que se corrige en el mismo documento, consignándose que en lugar de “Londres” se debe escribir “Lima”. Los restos de Gavina Martel Reyes reposan actualmente en el cementerio Presbítero Matías Maestro y la inscripción de su lápida dice “Gavina Vda. de Blacker”.

A las 4 de la tarde del 28 de abril de 1924, dos años antes de su muerte, Gavina Martel testó ante el notario público Francisco Flores Chinarro en su casa de la calle Ilave. Los testigos testamentarios fueron José Figallo, Antonio E. Rocca y Emilio Anselmi, los tres de raíces italianas. Según el documento, Gavina estaba enferma y postrada en cama, pero en pleno ejercicio de sus facultades intelectuales.

Lo que queda claro al revisar el testamento es que Gavina sembró pistas contradictorias sobre su relación con John Blacker hasta los últimos días de su vida. En presencia del notario y los tres testigos, ella declaró que fue “casada con Carlos Blacker” y no hizo ninguna referencia al primer nombre del comerciante inglés al que conoció en Lima a inicios de la década de 1850.

Asimismo, Gavina consigna haber tenido dos hijos: Manuela Blacker de Monteverde y Leoncio Blacker, quien había muerto en 1909. Ella no menciona a sus hijas Aurelia y Natalia, fallecidas sin descendencia, y tampoco hace referencia a su hijo mayor, José Páramo, caído durante la guerra con Chile.

Respecto a este último caso, a lo largo de la investigación no se ha encontrado ninguna información que revele el nombre del padre del primer hijo de Gavina Martel. Aparentemente, José Páramo nunca fue bautizado y tampoco se han hallado rastros de él en los censos de 1860 y 1866. En un primer momento se dudó incluso de su filiación materna, pero existen tres sólidas evidencias que demuestran que fue hijo de Gavina Martel. La primera es una fotografía fechada en septiembre de 1875 en la que José Páramo aparece vestido con uniforme militar. En el reverso de esa fotografía, él escribe la siguiente dedicatoria: “un recuerdo de cariño a mi madre doña Gavina Alzamora de su hijo”. Esta imagen perteneció a Gavina Martel y lleva la firma de “José Z. Páramo”.

La segunda evidencia es la dedicatoria que escribió Leoncio Blacker desde Piura, también en 1875, citando “a sus hermanos José, Manonga y Aurelia”. La tercera evidencia, la más sólida, es la resolución ministerial que otorga a Gavina Martel una pensión por la muerte de su hijo José Páramo en la Batalla de Miraflores. No existen más pistas sobre José Páramo, aunque se sospecha que su segundo nombre fue Zacarías y que fue padre de una niña llamada Emma María Ester Páramo, bautizada en la iglesia de Santa Ana en julio de 1879. La madre de la infante fue Mercedes Quea.

Volviendo al testamento de Gavina Martel, ella declaró como su único bien la finca de la calle Ilave 118 y nombró como sus herederos a su hija Manuela y a sus nietos Alejandro, Carlos, Emilio, Manuel, Mercedes, Elisa, Aurelia, Carmen y Teresa Blacker León, así como a su nieto natural Leoncio Blacker Mascaro. Gavina no menciona a sus nietas fallecidas Luz Amelia Jennie Blacker León y Delia Victoria Blacker Mascaro (ambas murieron solteras y no dejaron descendencia).

En el testamento Gavina indica que fue propietaria de inmuebles en Chorrillos que posteriormente fueron vendidos, sin precisar fecha, a su yerno Juan Monteverde. Asimismo, Gavina manifiesta textualmente: “En honor a la verdad, debo hacer la siguiente declaración: cuando mi hija Manuela compró diversas propiedades en el pueblo de la Magdalena del Mar, manifestó mi citada hija en la escritura de compra que dichas adquisiciones las hacía... con dinero que (yo) le había entregado. Rectificando esta declaración manifiesto que nunca he entregado dinero a mi referida hija, habiéndose efectuado esas compras con dinero exclusivo en su totalidad de mi yerno don Juan Monteverde”.

Lo que queda claro en el testamento es que Gavina Martel estaba decidida a demostrar que las numerosas propiedades de Chorrillos y Magdalena pertenecían en realidad a su yerno y no a ella. Esta versión se reforzaba porque tres villas de Magdalena llevaban los nombres “Monteverde”, “Manuelita” y “San Colombano”.

Se sabe que Gavina Martel nunca tuvo una buena relación con su nuera Emilia León y esa relación se hizo incluso más fría y distante cuando Leoncio Blacker murió en 1909. Parece claro que Gavina, a través de su testamento, trató de evitar que Emilia y sus hijos hereden importantes bienes económicos.

Esta conclusión se desprende del hecho de que los ranchos de Chorrillos y las villas de Magdalena siempre fueron considerados propiedades de Gavina. Incluso, su hijo Leoncio murió en uno de sus ranchos y Emilia con sus hijos vivieron en uno de ellos por muchos años. En total, fueron seis ranchos ubicados en la calle del Tren, hoy conocida como José Olaya.

Por otra parte, Gavina dejó 50 libras peruanas de oro “a su sobrina carnal doña Hercilia Martel” y dejó la misma cantidad de dinero para que “se digan misas en sufragio de su alma en la parroquia del Cercado”. A su nieto Leoncio Blacker Mascaro, quien vivió muchos años junto a ella, le heredó los muebles de la sala de la casa de la calle Ilave, además de un escritorio para que “lo tenga como recuerdo suyo”.

Sobre sus joyas, sus artículos de lujo y su dinero, Gavina no dejó escrita ni una sola palabra. Se presume que la mayor parte la repartió en vida entre su hija Manuela y su nieto Nemesio Leoncio, así como entre sus nietos Blacker-León.

Por otra parte, en la práctica, la última voluntad de Gavina Martel se respetó parcialmente porque poco tiempo después de su muerte se firmó un acuerdo entre Manuela Blacker de Monteverde (*) y la familia Blacker León, cuyos miembros cedían su herencia de la casa de la calle Ilave a cambio de dos ranchos en Chorrillos.

Pocos años después, el acuerdo fue desconocido por los descendientes Blacker León, quienes impugnaron el testamento, lo que generó una prolongada disputa judicial que recién se resolvió en la década de 1970.

Un detalle peculiar en la vida de Gavina Martel es que dejó escritos varios documentos que llevan su firma. Sin embargo, cada documento ha sido escrito con un tipo de letra distinto e incluso las firmas de Gavina Martel no son siempre las mismas. Además, a lo largo de su vida, pareció empeñada en ocultar los detalles de su relación con John Blacker. Es probable que por ese motivo haya usado el apellido Alzamora, al que también se hace referencia en el expediente testamentario, aunque esta vez para aclarar dudas.

Legalmente se estableció que Gavina Martel viuda de Blacker y Gavina Alzamora viuda de Blacker eran la misma persona, aunque el expediente en el que se hace la explicación completa del caso está extraviado.

Foto: Aviso de defunción de Gavina Martel publicado en el diario El Comercio.

(*) Manuela Blacker de Monteverde murió en Lima el 2 de agosto de 1931 a los 76 años de edad. Su esposo, el comerciante italiano Juan Monteverde, murió el 10 de junio de 1944 a los 88 años en su casa de la avenida Pardo 522, en el distrito de Miraflores. La pareja no tuvo hijos y sus propiedades fueron heredadas por los hijos de Leoncio Blacker Martel y Emilia León.

lunes, 26 de enero de 2009

Muerte inesperada

El tercer miembro de la familia Blacker León en casarse fue Manuel Augusto, quien en junio de 1913 contrajo matrimonio con María Edelmira Teodosia Murrieta Suárez, hija de José Murrieta y Rosa Suárez. Manuel Augusto tenía 23 años y ella 35, pero la notoria diferencia de edad nunca fue un problema para la pareja. Ellos tuvieron dos hijos: Augusto Blacker Murrieta y Javier Blacker Murrieta.

Manuel Augusto dedicó parte de su juventud a trabajar en las minas de Cerro de Pasco, donde llegó a hacer unos denuncios que al final no prosperaron. Después de su experiencia minera, él optó por regresar a Lima y tiempo más tarde se trasladó a Chiclayo para trabajar en la hacienda Cayaltí, que a mediados del Siglo XIX, bajo el control de la familia Aspíllaga Anderson, alcanzó la producción anual de azúcar más alta a nivel nacional.

Manuel Augusto viajó a Chiclayo solo, mientras que su esposa y sus hijos permanecieron en la capital. El trabajó en Cayaltí durante una época en la que los hacendados gozaban de un gran poder económico. Las haciendas costeñas se habían convertido en inmensos y modernos latifundios agroindustriales desligados de la economía nacional y cuya producción estaba destinada a la exportación. Usaban maquinaria moderna, créditos del sistema financiero y producían principalmente azúcar. Por ese motivo, estos latifundios fueron conocidos también como plantaciones o ingenios azucareros.

Era la época de “La República Aristocrática” o “el segundo civilismo”, que se había iniciado en 1899. El historiador Jorge Basadre acuñó el término de “República Aristocrática” porque percibió en la elite de poder de inicios del siglo XX actitudes propias de las antiguas aristocracias cortesanas europeas de antiguo régimen. Incluso, Basadre llamó a los hacendados azucareros “barones del azúcar”, resaltando las pretensiones nobiliarias de los oligarcas costeños.

Durante este periodo, el poder político lo ostentó una oligarquía vinculada al Partido Civil, numéricamente reducida, pero compuesta por un conjunto de familias cuyo poder se basaba en la propiedad de la tierra, las propiedades mineras, la banca y el comercio de exportación e importación. En aspectos sociales eran principalmente conservadores, profundamente católicos, paternalistas, abiertamente racistas y cultores de la vida de lujo y ostentación.

Mientras tanto, paralelamente a su trabajo, Manuel Augusto Blacker desarrolló un marcado interés por la política y tanto él, como sus hermanos, fueron resueltos defensores de Augusto B. Leguía, quien ejerció la presidencia del Perú durante dos periodos (1908-1912 y 1919-1930). Al inicio de su carrera política, Leguía también había pertenecido al Partido Civil.

Antes de iniciar su segundo mandato en 1919, Leguía tuvo que enfrentar a una tenaz oposición que lo acusaba de haber ganado irregularmente las elecciones. En ese año las organizaciones de trabajadores habían ganado mucha fuerza e incluso habían logrado que se apruebe la jornada laboral de las 8 horas a nivel nacional.

En vista de la tensa situación, Leguía y sus partidarios decidieron dar un golpe de estado en la madrugada del 4 de julio del mismo año. Leguía asumió el poder como presidente provisional y disolvió el congreso para convocar a un plebiscito destinado a reformar la Constitución. También llamó a elecciones para formar un nuevo congreso que recibió el nombre de Asamblea Nacional, la cual el 2 de octubre de 1919 eligió a Leguía como presidente constitucional por cinco años. El 12 de octubre de 1919 asumió el mando y el 18 de enero de 1920 empezó a regir la nueva Constitución.

Durante los siguientes años, la situación política del país se volvió inestable y violenta. Por eso no sorprende que en una manifestación pública de apoyo al presidente Leguía, Manuel Augusto Blacker haya sido atacado por manifestantes opositores. Recibió una golpiza brutal y quedó inconsciente tendido en el suelo. Fue trasladado a un hospital y a pesar de que ensayó una aparente mejoría durante su internamiento, no resistió mucho tiempo y murió días después.

Manuel Augusto Blacker padecía, además, de tuberculosis, una enfermedad muy común de la época que lo había debilitado físicamente y que agravó después de la golpiza que recibió. El falleció el 30 de octubre de 1926 a los 36 años de edad.

Manuel no fue el primer descendiente de la familia Blacker León que murió. Antes había fallecido su hermana Luz Amelia Jennie Blacker León en extrañas circunstancias. La fecha exacta de su muerte fue el 24 de julio de 1921 y se produjo en la calle Colmena 590. El deceso fue declarado por el farmacéutico Héctor Remy y en la partida de defunción se consigna equivocadamente que la difunta tenía 27 años. En realidad, ella tenía 26 años y era soltera.

Foto: Manuel Blacker León (sentado) flanqueado por sus hermanos Carlos Blacker León y Leoncio Blacker Mascaro.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Blacker en Brasil

El 20 de enero de 1910, apenas cinco meses después de la muerte de Leoncio Blacker Martel, su hijo Juan Alejandro Blacker León, de 23 años, contrajo matrimonio en la iglesia de Belén con Estela Leontina Kemish Vaslin, de 26 años, una reconocida integrante de la alta sociedad limeña que solía participar activamente en los más selectos bailes y fiestas de la época.

Ella, quien era conocida socialmente como Ninón Kemish, había nacido en Lima el 9 de diciembre de 1883 y había sido bautizada en el Sagrario de la Catedral el 4 de octubre de 1886. Su padre fue el inglés Charles Kemish, natural de Birmingham, quien llegó al Perú como ingeniero hidráulico y plomero de la Compañía Duncan y que luego se convirtió en un empresario de marcado éxito en el sector de agua potable, siendo socio principal de la compañía Kemish & Melson. La madre de Ninón fue Carolina Vaslin, hija del comerciante francés Francisco Vaslin, quien poseía una famosa tienda de sombreros en la calle Mercaderes.

Charles Kemish ya había muerto cuando su hija Ninón contrajo matrimonio con Alejandro Blacker León en una ceremonia privada. Los padrinos de la pareja fueron Carlos Blacker, hermano del novio, y Carolina Vaslin de Kemish. Después de la boda, se realizó una discreta reunión en la casa de la familia Silva Rodríguez por el reciente duelo del novio. Posteriormente, la pareja viajó de luna de miel a Buenos Aires en el vapor "Polynesia".

El matrimonio duró muy poco tiempo y aparentemente culminó en los peores términos. Se sabe que Ninón Kemish se mudó a París tras su fracaso matrimonial, mientras que Alejandro Blacker formó rápidamente una familia con Aída Clara Gunner Kemish, prima hermana de su esposa. Aída había nacido en el Callao el 8 de marzo de 1891 y era hija del inglés John Gunner y la estadounidense Jane Kemish O´Brien.

No se conocen las repercusiones sociales que tuvo la sorpresiva unión de Alejandro con la prima hermana de Ninón, pero llama la atención que haya pocos rastros oficiales de la pareja en Lima, donde supuestamente nacieron sus dos hijas mayores: Lucy y Perla.

Hasta la fecha solo se ha encontrado la inscripción civil de Perla Blacker Gunner, quien fue registrada con el nombre de Pearl el 1 de mayo de 1916. Perla había nacido el 26 de abril de 1916 a las ocho de la mañana. En el documento Alejandro Blacker se identificó como Alex John Blacker, dijo tener 30 años, ser casado, comerciante y vivir en la Avenida Exposición número 475. Sobre su esposa, la identificó como Ayda Gunner, natural de Nueva York y de 25 años de edad. Sus testigos fueron Augusto Stagnaro y Rodolfo Crevani.

En tanto, en Estados Unidos se ha hallado una lista de pasajeros del barco a vapor "Tivives", que el 30 de septiembre de 1913 arribó a Nueva York teniendo entre sus ocupantes a Alejandro Blacker y Aída Gunner, quien se declaró su esposa. Asimismo, Alejandro señaló ser “agente” y consignó como su domicilio la calle del Tren, en Chorrillos, donde vivía la familia Blacker León.

Tras su retorno de Estados Unidos, Alejandro y Aída no permanecieron por mucho tiempo en el Perú. El era aparentemente agente de seguros de una compañía internacional y estaba obligado a viajar a distintos países, en los que pasaba largas temporadas. Por ejemplo, su tercer hijo, Alexandre, nació en Santiago de Chile; mientras que su última descendiente, Gladys, nació en Mendoza, Argentina. Sin embargo, los viajes constantes terminaron cuando Alejandro y Aída decidieron establecerse en Brasil, país al que ingresaron formalmente el 4 de noviembre de 1920.

Los motivos por los que eligieron Brasil como lugar de residencia no están claros, pero no fue una feliz elección. Tres o cuatro años después de su llegada, Alejandro Blacker León desapareció sin dejar rastro. Un día salió de su casa y se detuvo en un bar de la calle do Acre con Rua Sao Bento, en la región portuaria de Río de Janeiro. En el bar dejó algunas de sus pertenencias y nunca más se le volvió a ver. Su esposa lo buscó desesperadamente durante décadas sin ningún éxito.

Una hipótesis es que Alejandro Blacker fue tomado preso y luego asesinado. Esta idea se basa en el hecho de que él solía hablar de política con apasionamiento y se cree que en el bar tuvo una discusión. Era una época de una gran represión gubernamental en todo Brasil y, como Blacker era extranjero, no es extraño pensar que fue apresado y luego desaparecido.

En los años 20 se había producido en Brasil una explosión militarista, muy influida por los sucesos que ocurrían en Europa y que provocó manifestaciones de distinto signo, que fueron severamente reprimidas. Por ejemplo, en 1924, se produjo la rebelión de los "tenentes", uno de cuyos principales dirigentes era Luis Carlos Prestes, posteriormente un líder mítico del Partido Comunista Brasileño. Los "tenentes" eran un grupo de oficiales jóvenes que intentaban minar el componente oligárquico del sistema político brasileño.

Después de la desaparición de Alejandro, Aída y sus cuatro hijos permanecieron en Brasil con la esperanza de hallarlo algún día. Más de una década después de ese triste episodio, el 10 de noviembre de 1939, Aída se registró en el Consulado Peruano en Río de Janeiro con el nombre de Aída Gunner Blacker. En esa ocasión informó que era viuda y que residía en Matías Barbosa, una ciudad pequeña en el estado de Minas Gerais.

Foto: Nota aparecida en El Comercio sobre el matrimonio de Alejandro Blacker León y Ninón Kemish Vaslin. El enlace fue efímero.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuatro mujeres

Menos de un mes después de la subasta de la biblioteca privada de John Blacker, su hijo Leoncio y Emilia tuvieron en Lima a su séptimo descendiente. Fue una niña y se llamó María Elisa Francisca. Ella nació el 3 de diciembre de 1897 y fue bautizada en la iglesia de Santa Ana el 19 de junio de 1898. Sus padrinos fueron José Devescovi y Adela Vargas de Devescovi.

Por otra parte, existe registro civil del nacimiento de un niño llamado Juan Blacker el 24 de junio de 1899. Otra niña nació el 2 de agosto de 1900 de la mano del Siglo XX y su nombre fue Carmen María Angélica Blacker León. Casi dos años después, el 3 de julio de 1902, vino al mundo Aurelia Blacker León, cuyo bautizo se realizó el mismo día en la iglesia de Santa Ana y su madrina fue Manuela Blacker de Monteverde.

Finalmente, el 15 de octubre de 1907, nació María Teresa Blacker León. En círculos familiares siempre se comentó que Leoncio y Emilia fueron padres de 10 hijos, pero está claro que tuvieron un número mayor tomando en cuenta los registros de María Gavina Andrea y Juan, presumiblemente fallecidos de manera prematura.

La mayoría de los hijos de la familia Blacker León nacieron en los altos de la calle Huanta, número 60, en Barrios Altos. Emilia León conocía muy bien esa zona ya que, antes de casarse con Leoncio, ella había vivido en el número 245 de la calle Mestas.

Barrios Altos era en esa época un barrio muy importante, que albergaba a personas muy adineradas y que al mismo tiempo tenía entre sus vecinos a pequeños comerciantes provincianos y empleados de oficios menores. Era usual que en medio de casonas y negocios lujosos se encontrara un corralón, caracterizado por ser un solar de dimensiones generalmente rectangulares, con un solo caño de agua, sin servicios higiénicos, casi sin ventilación y alumbrado por la luz de las velas o las "mechas" de los famosos "lamparines" a kerosene.

En aquellos tiempos Lima continuaba dividida en cuarteles y se cree que la familia Blacker León vivía en el cuartel 2, distrito 4, que se ubicaba hacia el lado de la iglesia de Santa Ana, terminando por la calle Mestas hasta la calle Rufas. En esa zona residieron también una gran cantidad de inmigrantes italianos y por ese motivo a la Plaza Santa Ana se le rebautizó con el nombre de Plaza Italia. Actualmente, su nombre oficial es Plaza Raimondi.

Las condiciones generales en las que se desarrolló la vida de la familia Blacker-León no se conocen al detalle. Se sabe que Leoncio Blacker fue un hombre muy estricto con sus hijos y que fue comerciante, aunque el éxito o fracaso de sus actividades profesionales no se puede determinar con exactitud porque no existen registros al respecto.

Lo que se puede comprobar es que alcanzó cierta notoriedad social porque su matrimonio se anunció en la prensa y la noticia de su muerte, en 1909, se publicó con una fotografía en la revista Variedades. Los hijos de Leoncio solían decir que su padre era inglés. En realidad, era una costumbre de esos tiempos que un descendiente de padre extranjero tome la nacionalidad del progenitor, así haya sido hijo natural y no haya sido inscrito en un consulado. Eso le permitía adquirir cierta posición dentro de la sociedad, porque Lima era una ciudad particularmente generosa con todo lo que tuviera que ver con los foráneos de raza blanca llegados de Europa o Norteamérica. Esos extranjeros y sus descendientes, sin importar el oficio que desempeñaran, eran siempre tratados con admiración y respeto.

Foto: Leoncio Blacker junto a su esposa Emilia, su hermana Manuela, sus hijos Leoncio y Delia Victoria Blacker Mascaro y sus hijos Alejandro, Carlos, Manuel, Emilio, Jennie y Mercedes Blacker León.

martes, 19 de agosto de 2008

El obstinado coleccionista

El comerciante inglés John Blacker Thierry no tuvo una buena relación con su hijo Carlos, a quien siempre le reprochó su escaso interés por los negocios y su apego a la vida distraída. Sin embargo, Blacker siempre aceptó a su hijo en casa y, fiel a las costumbres de la época respecto a los hijos varones, le dio el privilegiado trato de primogénito, aunque en realidad tenía un hijo mayor, Leoncio, viviendo en el Perú.

Un año después de la boda de Carlos, John Blacker continuaba trabajando y se había acostumbrado a convivir con una bronquitis crónica. Sus problemas de salud no parecían serios cuando, de forma inesperada, un fatal ataque cardíaco le costó la vida. Blacker murió en su casa el 6 de abril de 1896 a los 73 años de edad y su deceso fue inscrito en Londres por su hijo menor, John.

Tras su muerte se conocieron una serie de increíbles detalles acerca de su enloquecida afición por coleccionar libros antiguos, cuyo valor no radicaba en sus páginas sino en que estaban cubiertos por las más finas encuadernaciones del periodo del Renacimiento, las que alguna vez habían pertenecido a bibliotecas de reyes, reinas, coleccionistas, papas y cardenales.

La delirante historia está registrada en el libro Eloquent Witnesses, bookbindings and their history, editado por Mirjam M. Foot. En la publicación se señala que desde 1873 John Blacker tuvo el monopolio de las compras de los libros encuadernados que enviaba en consignación desde París a Londres un tal Monsieur J. Caulin.

Todos los libros llegaban a la tienda del respetado anticuario Bernard Quaritch y Caulin aseguraba que los libros habían sido propiedad de Francisco I, Enrique II y III, Catherine de Medici, Diane de Poitiers y Anne de Montmorency, entre otros personajes de la realeza y el clero. Por una comisión del 5 por ciento, Quaritch vendía indefectiblemente tales tesoros a John Blacker, a quien llamaba “el cliente importante”.

No fue hasta 1885 que un hecho casual fue clave para descubrir que los costosos libros que Quaritch vendía a Blacker eran, en realidad, simples falsificaciones. En el verano de 1885, después de muchos años de rechazar cualquier posibilidad de viajar fuera de Londres por temor a alejarse de sus libros, John Blacker viajó repentinamente a la ciudad de Blois, en Francia. El comerciante inglés no tenía dudas de la autenticidad de sus encuadernaciones, pero estaba ansioso por aprender más sobre ellas. Sin embargo, en ese viaje a Francia, Blacker fue advertido de que Caulin era el seudónimo que utilizaba un famoso falsificador llamado Hagué, quien ya había perpetrado un gran fraude en un museo.

A su regreso de Blois, John Blacker se reunió con Quaritch y le contó los detalles de su descubrimiento. Quaritch, aparentemente horrorizado, se comprometió a detener toda transacción futura. No obstante, Blacker le insistió que continuara vendiéndole los libros de Caulin. El comerciante inglés se rehusaba a creer que eran falsificaciones y pensaba que todo era un ardid del mismo Caulin para recuperar los libros a bajo precio.

Quaritch aceptó continuar con las transacciones, pero con tres condiciones: la primera, que en las futuras negociaciones actuaría como simple servidor de Blacker; la segunda, que estaría al margen de cualquier responsabilidad legal o financiera; y la tercera, que cobraría 10 por ciento de comisión en lugar de 5 por ciento. El anticuario argumentó que el alza de la comisión se justificaba porque era un riesgo para su reputación vender libros que podían ser falsificados.

Estas extraordinarias condiciones fueron aceptadas por John Blacker, quien firmó un acuerdo el 9 de enero de 1886. Durante cinco años más, hasta 1890, Blacker continuó pagando incluso cantidades más altas para adquirir los libros enviados por Caulin a Quaritch. En total, el comerciante inglés gastó una fortuna superior a las 70 mil libras esterlinas de aquella época.

Tanta obsesión desarrolló Blacker por sus libros antiguos que prohibió a su familia hablar sobre ellos. Incluso, su esposa Carmen Espantoso (*) e hijos no podían atreverse ni siquiera a mirarlos. Para conservar los libros, Blacker encargó confeccionar cajas especiales a medida, las cuales fueron hechas de cuero y terciopelo por la firma Leuchars, la más cara en Bond Street.

Cada libro encajaba perfectamente en cada caja, en la que el comerciante inglés guardaba además un sachet de perfume Atkinson. Cada noche, después de la cena, Blacker se sentaba en absoluta soledad en el comedor de su casa para admirar sus libros. Si alguien de la familia aparecía por casualidad, Blacker tenía siempre a la mano una tela de seda para cubrir los libros e impedir que sean vistos. Alguna vez, cuando un técnico fue a su casa a arreglar el cierre de una de sus finas cajas, Blacker comentó que “hubiera sido capaz de pagar 50 libras esterlinas para que ese hombre no viera el libro”.

La obsesión que desarrolló llegó a extremos incomprensibles. Nunca quiso mostrar los libros ni discutir sobre ellos con otros coleccionistas o conocedores, y disfrutó su afición en estricto secreto, como si se tratara de algo prohibido.

La historia dio un vuelco radical e inesperado en 1890 cuando Caulin, el proveedor de los libros, viajó a Londres para conocer personalmente a John Blacker. El encuentro se produjo en la tienda de Quaritch, ubicada en Piccadilly Street número 15. Aquel día, contra toda lógica, Caulin confirmó que en realidad era el falsificador Hagué y confesó que él mismo había hecho las encuadernaciones de todos los libros que había enviado a Quaritch y que habían terminado en manos de Blacker.

A pesar de haber escuchado la confesión con sus propios oídos, el comerciante inglés rechazó obstinadamente la historia que había escuchado, sostuvo que los libros no podían ser falsificaciones y creyó que Hagué estaba tratando simplemente de comprárselos a bajo precio para poderlos revender. No obstante, desde ese día hasta su muerte en 1896, Blacker no compró otro libro enviado por Caulin (Hagué) a Quaritch.

El heredero de la biblioteca de John Blacker fue su hijo Carlos, quien nunca había visto los libros y ni siquiera sospechaba que eran falsificaciones. Cuando se produjo la muerte de su padre, Carlos confiaba en recuperarse económicamente con la venta de tan fastuosa colección privada. Por ese motivo decidió visitar al anticuario Bernard Quaritch, quien personalmente le contó todos los detalles de la historia. Ante semejante revelación, Carlos terminó desanimado y confundido. Posteriormente, Quaritch lo visitó en su casa para revisar los libros y le recomendó llevar algunas piezas al Museo Británico para que sean evaluadas por expertos.

Carlos no debía mencionar ninguna duda sobre los libros y sólo preguntar por su valor, de modo que los expertos pudieran decidir imparcialmente sobre su precio. Al final, Carlos y su esposa seleccionaron cuatro libros y los llevaron al Museo Británico. Dos expertos tomaron primero el libro con la encuadernación más modesta y se entusiasmaron con él. Inmediatamente lo señalaron del periodo del rey francés Francisco I.

Luego, revisaron un segundo ejemplar, lo miraron en silencio e intercambiaron miradas. Sin mencionar palabra alguna tomaron nuevamente el modesto libro que habían visto con anterioridad. Uno de ellos lo examinó cuidadosamente, sacudió su cabeza y luego hizo comentarios a su colega acerca de algo incorrecto en la cubierta. Una parte del diseño no se ajustaba al periodo supuesto.

Después de esto, ellos perdieron interés y necesitaron sólo una mirada más para decir que todos eran una falsificación. La evaluación no les tomó más de 10 minutos y aunque admiraron la encuadernación y el trabajo a mano, no dudaron en decir que eran falsificaciones. La esposa de Carlos Blacker, Caroline Frost, se mostró sorprendida porque en menos de 15 minutos los expertos del Museo Británico habían descubierto algo que Quaritch y su experto, Mr. Kearney, no pudieron descubrir durante casi 20 años.

Comprensiblemente enfadado, Carlos Blacker fue a increpar a Quaritch por los resultados obtenidos y le preguntó: "¿Por qué usted no solicitó la opinión de un experto durante todo el tiempo que le vendió los libros a mi padre?" Quaritch replicó: "No hay mayor experto en el mundo que nuestro Mr. Kearney".

En realidad, Michael Kearney, un reputado linguista y pensador al servicio de Quaritch, sí había tenido sospechas sobre las encuadernaciones. Aunque no era un especialista en la materia, Kearney le había advertido a Quaritch de que en algunas encuadernaciones el cuero lucía sospechosamente reluciente y que algunos finos acabados parecían haberse conseguido con la utilización de herramientas modernas. Quaritch siempre minimizó esas advertencias.

Finalmente, la colección completa fue rematada en Sotheby´s el 11 de noviembre de 1897 a un precio irrisorio de 1,900 libras esterlinas y fue presentada bajo el siguiente nombre: “A Remarkable Collection of Books in Magnificent Modern Bindings, formed by an Amateur (Recently deceased)”.

Carlos hizo todo lo posible para que el tema no se hiciera público con la finalidad de evitar que su padre sea recordado como un absoluto tonto y se convirtiera, además, en una burla pública. Con esta acción también ayudó a salvaguardar el prestigio y honestidad de Bernard Quaritch, cuya casa comercial funciona hasta la actualidad en Inglaterra.

John Blacker Thierry dejó escrito un testamento en el que no hace ninguna mención a los hijos naturales que tuvo en el Perú.

Foto: John Blacker Thierry (sentado) en una fotografía familiar junto a su hijo Carlos.

(*) Respecto a Carmen Espantoso Oramas, esposa de John Blacker Thierry, debe decirse que falleció el 27 de noviembre de 1917. Los detalles de su muerte forman parte de las memorias escritas por su nieto Carlos Paton Blacker Frost.

Unas semanas antes de su deceso y en plena Primera Guerra Mundial, Carmen Espantoso cayó enferma con dolores abdominales. Varios doctores fueron consultados y todos coincidieron al decir que no había nada que hacer porque ella tenía un tumor inoperable.

El caso fue finalmente tomado por el doctor Maumus, quien era en cierta medida amigo de la familia. Maumus decidió utilizar morfina para aliviar los dolores de la paciente lo que provocó que Carmen Espantoso perdiera el apetito (no comió por nueve días antes de su muerte) y sufriera alucinaciones repitiendo constantemente frases en francés y español, tales como 'Mon Dieu comme c'est beau de mourir,' 'Que tu es beau, mon Dieu' y 'Señorito Jesús, qué lindo eres".

Además, según relataron sus familiares más cercanos, su fallecimiento estuvo rodeado de heroicidad y sacrificio. Carmen Espantoso era una devota católica y quedó particularmente afectada cuando se enteró de que su nieto John Robin Blacker Frost había muerto durante la guerra a los 18 años de edad.

Por eso, cuando el conflicto armado todavía no había terminado, decidió hacer un ofrecimiento a Dios para salvar las vidas de sus familiares más jóvenes, en especial las de sus nietos Carlos Paton Blacker Frost, quien también formaba parte del ejército británico (Coldstream Guards), y Ernest Devaux Blacker, oficial en la armada alemana, paradójicamente enemiga de Inglaterra.


Antes de morir y sufriendo terribles dolores, Carmen Espantoso le contó a su hija Dolores que se sentía muy feliz porque Dios había aceptado su sacrificio y tomaría su vida a cambio de preservar la de sus familiares más jóvenes.

Producto de una travesura del destino o de la inmensa fe de Carmen Espantoso, su nieto Carlos Paton sobrevivió en efecto a la guerra, estudió medicina, se especializó en psiquiatría, participó en la Segunda Guerra Mundial y luego se convirtió en uno de los pioneros de la planificación familiar en el mundo. Carlos Paton murió en 1975 dejando tres hijos: John Blacker, Thetis Blacker y Carmen Blacker. Los tres alcanzaron alto reconocimiento profesional en Inglaterra y fallecieron sin dejar descendencia.

sábado, 9 de agosto de 2008

Carlos Blacker Espantoso

Corría también el año 1895 cuando, poco antes de las sangrientas disputas políticas de Lima, el hijo mayor del comerciante inglés John Blacker y Carmen Espantoso contrajo matrimonio en Londres. Juan Carlos Blacker, quien solamente utilizaba su segundo nombre, se casó con la estadounidense Caroline “Carrie” Frost.

Ella era hija de Daniel Frost, un estricto hombre natural de St. Louis, quien había ocupado cargo de general en el ejército confederado durante la guerra civil norteamericana. Daniel Frost se oponía a la boda de su hija, pero ella encontró la manera de viajar de Estados Unidos a Inglaterra para casarse con Carlos Blacker en febrero de 1895.

Carlos estudió en Oxford, era políglota, brillante lingüista, con refinados gustos y variados intereses, entre los que se encontraban la literatura, la antropología social y el estudio de la religión comparada. Además, tuvo como buenos amigos a distinguidas personalidades literarias como Anatole France, George Bernard Shaw y el polémico Oscar Wilde, quien lo consideraba el “hombre más elegante de Londres” e incluso le dedicó uno de sus libros para niños llamado The Happy Prince.

Sin embargo, Carlos Blacker era también un amante del ocio y, antes de su matrimonio, nunca había hecho ningún intento serio para ganarse la vida. Su única incursión en el mundo de los negocios tuvo resultados catastróficos porque perdió todo su dinero y fue declarado en bancarrota en 1894. Este desastre económico lo condujo además a la ruptura con uno de sus mejores amigos, el Duque de Newcastle, quien lo acusó de hacer trampa jugando a las cartas delante de varios testigos.

Sin dinero y totalmente desconcertado por la falsa acusación que se difundió por todo Londres, Carlos Blacker decidió imponerse un autoexilio y alejarse de Inglaterra para vivir entre París y Friburgo, donde residía su hermana Carmen. Su hijo mayor, Carlos Paton, nació en París el 8 de diciembre de 1895 y dos años después nació su segundo hijo: John Robin.

En todo el material investigado hasta el momento no se ha encontrado ninguna pista que permita saber si Carlos Blacker tuvo alguna referencia sobre la existencia de sus cuatro medios hermanos en el Perú. Lo más probable es que sus padres hayan mantenido en absoluto secreto cualquier información relacionada a Gavina Martel y a sus hijos.

Por otro lado, en la actualidad es posible encontrar diversas referencias a Carlos Blacker en varias publicaciones relacionadas al afamado Caso Dreyfus. Por ejemplo, existe un libro en francés llamado L´Affaire Dreyfus de A á Z, en el cual el doctor J. Robert Maguire escribe un capítulo corto titulado Carlos Blacker.

Alfred Dreyfus fue un militar judío francés, acusado de traidor y espía, que fue degradado públicamente en París por vender secretos militares a Alemania. Dreyfus fue sentenciado a cumplir una condena de por vida en la Isla del Diablo, en la Guyana Francesa. Blacker, en su momento, conoció la verdad del caso a través de un amigo cercano, el coronel italiano Alessandro Panizzardi, quien le reveló que Dreyfus no era culpable y que el verdadero responsable de espionaje era el comandante Marie-Charles-Ferdinand Walsin-Esterhazy, un exéntrico personaje que pagaba con información secreta sus deudas de juego.

Blacker le contó la historia a Oscar Wilde con la intención de darle el estímulo necesario para retomar su carrera literaria y escribir una historia a favor de Dreyfus. Sin embargo, Wilde no atravesaba por un buen momento personal, había sido condenado a dos años de trabajos forzados acusado de actos homosexuales y estaba arruinado material y moralmente. Wilde no le dio importancia al asunto y, además, le contó a un periodista los detalles de lo revelado por Blacker. Esta inesperada deslealtad de Wilde provocó que Blacker reciba una andanada de ataques en la prensa francesa, por lo que tuvo que abandonar París junto a su familia.

Finalmente, el escritor Emile Zola publicó la verdadera historia del caso en 1898 bajo el nombre Yo acuso y provocó una profunda conmoción en la sociedad francesa. Dreyfus fue absuelto de los cargos en su contra y su caso llegó a ser tan importante que se crearon tres nuevas palabras en francés vinculadas al hecho: dreyfusards, dreyfusiens y dreyfusistes.

"Dreyfusards" fueron llamados los primeros defensores de Dreyfus, los que lo apoyaron desde un principio, incondicionalmente. Entre ellos se cuenta a Carlos Blacker Espantoso. "Dreyfusistes" fueron llamados quienes reflexionaron sobre las implicancias profundas del caso y sostenían a partir del mismo la necesidad de realizar reformas políticas y sociales.

Los "Dreyfusiens" recién aparecieron en diciembre de 1898 cuando el enfrentamiento entre dreyfusards y antidreyfusards se volvió excesivamente áspero, llegando a comprometer la estabilidad de la Tercera República Francesa. Aunque consideraban injusta la situación de Dreyfus, su principal preocupación era calmar la situación para salvar al régimen republicano parlamentario de entonces.

Foto: Carlos Blacker Espantoso nació en Lima y fue medio hermano de Leoncio, Manuela, Aurelia y Natalia. Fotografía J. E. Mayall Studios.

viernes, 25 de julio de 2008

La familia crece

Al inicio de la última década del siglo XIX la economía peruana intentaba recuperarse, pero la situación política del país era siempre motivo de incertidumbre. Nicolás de Piérola escapó de prisión, estuvo oculto en Lima durante seis meses y partió a Guayaquil el 14 de abril de 1891 amenazando la estabilidad del gobierno de Morales Bermúdez.

Poco tiempo después del viaje de Piérola, exactamente el 12 de mayo de 1891, la familia de Leoncio Blacker y Emilia León siguió creciendo. Ese día nació el cuarto hijo varón del matrimonio: Emilio Maximiliano.

También en el año 1891 se realizó un nuevo censo en Inglaterra, en el cual el comerciante John Blacker Thierry aparece viviendo en la dirección ya conocida de Sussex Square junto a su esposa Carmen, su hijo John –de 24 años y sin ocupación– y seis sirvientes.

Volviendo a la familia Blacker-León, un nuevo miembro llegó muy pronto. Se trató de una niña, quien nació el 24 de septiembre de 1892. La bebe recibió el nombre de María Mercedes. Fue bautizada a los seis meses y 25 días de nacida en la iglesia de Santa Ana el 19 de abril de 1893. Sus padrinos fueron Samuel Palacios, y Eliza Urriaga y León.

Curiosamente, ese mismo día fue bautizado Emilio Maximiliano, quien estaba a punto de cumplir dos años de edad. Sus padrinos fueron Lisandro de la Puente (su apellido materno fue Brousset y se trató de un reputado coronel muy cercano a Andrés Avelino Cáceres) e Isabel Chacón o Charón, quien anteriormente había sido madrina del segundo hijo de Leoncio y Emilia: Carlos.

Ocho meses después del primer cumpleaños de María Mercedes se produjo la muerte del presidente Remigio Morales Bermúdez en pleno ejercicio de su mandato, lo que provocó el regreso de Cáceres a la presidencia y el surgimiento de guerrillas rebeldes afines al presidente y a Nicolás de Piérola en el interior del país.

Cuando Morales Bermúdez murió en mayo de 1894, Emilia León estaba nuevamente embarazada. Así, el 17 de agosto de 1894, nació el sexto descendiente de la familia y fue una niña: Luz Amelia Jennie Blacker León, bautizada en la iglesia de Santa Ana el 24 de febrero de 1895. Sus padrinos fueron el coronel Samuel Palacios y Mendiburu, y la señorita Josefina Devescovi. Sobre Palacios, quien también era padrino de María Mercedes, debe decirse que en 1890 fue presidente de la Comisión Especial Organizadora de la Administración del Departamento de Loreto por encargo de Andrés Avelino Cáceres.

En marzo de 1895, días después del bautizo de Luz Amelia Jennie, Nicolás de Piérola ingresó violentamente a la ciudad de Lima al mando de las guerrillas rebeldes que habían surgido al interior del país y entre sus acompañantes se encontraba Edmundo Seminario y Aramburu, quien años antes había sido testigo en el matrimonio de Leoncio y Emilia.

Durante dos días, Piérola y sus montoneros se enfrascaron en encarnizadas luchas callejeras con las fuerzas leales al presidente Cáceres. El caos fue total en la ciudad y los muertos pasaron los dos millares. Los cadáveres, desperdigados por las calles de Lima, se convirtieron en una amenaza para la salud pública ante la posibilidad de una epidemia.

Los civiles se refugiaron en sus casas hasta que después de una tregua para enterrar a los muertos se logró establecer una Junta de Gobierno que convocó a elecciones. Cáceres dejó el país y Nicolás de Piérola resultó elegido presidente. La primera vicepresidencia recayó en Guillermo Billinghurst y la segunda vicepresidencia la ocupó Augusto Seminario y Váscones, quien había sido padrino en la boda de Leoncio y Emilia. Este episodio histórico es conocido como la batalla de Lima y, según el historiador Jorge Basadre, inicia el primer gobierno civil de la República Aristocrática.

Respecto a los personajes que aparecen ligados a la familia de Leoncio Blacker en este particular momento, llama la atención que dos coroneles cercanos a Cáceres hayan sido padrinos de tres de sus hijos y que dos acérrimos "pierolistas" hayan sido padrino y testigo en su matrimonio. Eso era como mezclar el agua y el aceite en una época claramente marcada por la discusión y el enfrentamiento político.

Foto: El coronel Samuel Palacios y Mendiburu, padrino de bautizo de dos hijas de Leoncio Blacker y Emilia León. Archivo Courret.

domingo, 29 de junio de 2008

La boda de Leoncio y Emilia

Mientras el Perú trataba de recuperar el rumbo y cerrar las heridas de la guerra con Chile bajo el mandato de Andrés Avelino Cáceres, la vida personal de Leoncio Blacker Martel depararía más de una sorpresa.

En 1887 Leoncio tuvo dos hijas naturales. Una de ellas llamada Delia Victoria, hija de Josefina Mascaro Lozano, la madre de su primogénito, mientras que la segunda niña se llamó María Gavina Andrea, hija de Emilia León Mandujano. Respecto a esta segunda bebe, existe un documento en el registro civil que certifica que fue declarada y reconocida por Leoncio Blacker, y que su nacimiento se produjo el 10 de noviembre de 1887.

Esta información permite suponer que durante un tiempo indeterminado Leoncio desarrolló una relación sentimental paralela con Josefina Mascaro y Emilia León. Las repercusiones sociales o familiares que produjo esta situación no se conocen al detalle, pero se sabe que la madre de Leoncio, Gavina Martel, nunca tuvo una relación cordial con Emilia. Sin embargo, la oposición de su madre no fue una barrera para que Leoncio deje de frecuentar a su joven pareja. En relación a María Gavina Andrea Blacker León, se presume que murió poco tiempo después de su nacimiento porque no fue bautizada y no existen mayores datos sobre su existencia.

Pasado el año 1887, parece claro que la relación entre Leoncio Blacker y Emilia León termina por consolidarse definitivamente. El 19 de diciembre de 1888 nació Nemesio Carlos Blacker León. Paradójicamente, el niño nació el mismo día que su medio hermano Nemesio Leoncio y ambos compartieron el primer nombre porque el 19 de diciembre se celebraba en Lima a San Nemesio mártir. El bautizo de Carlos fue el 18 de octubre de 1889 en la iglesia de Santa Ana y sus padrinos fueron Reynaldo Luya e Isabel Chacón o Charón.

A pesar de su numerosa descendencia, Leoncio permanecía soltero. No obstante, su estado civil estaba a punto de cambiar. Días antes del bautizo de Carlos ya se había abierto el expediente matrimonial de Leoncio Blacker Martel, de 34 años de edad, y Emilia León Mandujano, de 21.

En ese documento Leoncio se declaró hijo natural de Juan Blacker y Gavina Martel, y adjuntó una carta al arzobispo, fechada el 1 de octubre de 1889, con el objeto de que se acelerara la lectura de las proclamas porque tenía urgencia de contraer matrimonio: “... no siéndome posible demorar su realización hasta la terminación de lectura de proclamas que prescribe el Santo Concilio de Trento, por las razones que verbalmente he expuesto a su excelentísima y reverendísima; ocurro a su benevolencia suplicándole que en merito a ellas se digne a habilitar martes y jueves diez del presente para la lectura de dos de las proclamas”, dice la carta de Leoncio.

El arzobispo accedió a la petición y aunque no se citan las razones por las que Leoncio pidió acelerar la celebración de la boda, se ha descubierto que hubo un motivo que pudo ser concluyente para convencer al arzobispo: Emilia tenía ocho meses de embarazo. Los testigos de soltería de la pareja fueron los italianos Santiago Queirolo, quien ya había fundado en La Magdalena Vieja (hoy Pueblo Libre) una taberna cuya fama perdura, y Juan Monteverde, el esposo de Manuela Blacker.

Finalmente, el 14 de diciembre de 1889, en la iglesia de Santa Ana, se llevó a cabo el matrimonio de Leoncio y Emilia. Los padrinos fueron Gavina Martel y Augusto Seminario y Váscones, respetado hacendado y coronel perteneciente a una influyente familia piurana y quien, además, había cumplido una activa participación en la guerra con Chile.

Como testigos del enlace se presentaron Lorenzo Martel, hermano de Gavina, y un sobrino de Augusto Seminario y Váscones llamado Edmundo Seminario y Aramburu, quien años más tarde se involucraría en revueltas políticas y llegaría a ser diputado. La noticia del enlace fue publicada en el diario El Comercio y menos de un mes después del matrimonio, el 1 de enero de 1890, nació Manuel Augusto Blacker León. Su bautizo se efectuó once días más tarde, el 12 de enero, en la iglesia de Santa Ana. Actuaron como sus padrinos Lorenzo Martel y Jesús Aedo.

En ese mismo año, Andrés Avelino Cáceres, quien ya había firmado el controvertido Contrato Grace para intentar salvar la economía del país, dejaría la presidencia en manos del coronel Remigio Morales Bermúdez, otro miembro del Partido Constitucional que Cáceres formó después de la guerra con Chile. El triunfo electoral de Morales Bermúdez se facilitó porque el gobierno envió a prisión a Nicolás de Piérola, a quien considerada un peligroso adversario en las elecciones.

En 1890 la economía nacional había experimentado una leve mejoría. Las cámaras de Comercio de Lima, Arequipa y Callao habían vuelto a funcionar, se fundó la Sociedad de Minería y los grupos extranjeros residentes en Lima fundaron varias asociaciones, bancos y beneficencias.

Foto: Recorte del diario El Comercio en el que se anuncia el matrimonio de Leoncio Blacker y Emilia León. Diciembre de 1889.

jueves, 12 de junio de 2008

Después de la guerra

Tras la ocupación de Lima en 1881, la guerra con Chile se trasladó al interior del país y la sierra central resistió los intentos de penetración del ejército chileno. Dirigida por Andrés Avelino Cáceres, la resistencia de la Breña repelió al enemigo a través de una guerra de guerrillas que devolvió cierta esperanza al país. Sin embargo, hastiado de la presencia chilena y de la destrucción sistemática del Perú, el presidente provisorio Miguel Iglesias decidió terminar el conflicto armado capitulando con el invasor. El 20 de octubre de 1883 se firmó el Tratado de Paz de Ancón que incluyó cesiones territoriales permanentes y temporales a las fuerzas enemigas.

La guerra del Pacífico aniquiló la economía nacional y agudizó el desorden político. En principio, Cáceres no reconoció ni la autoridad de Iglesias ni los términos del tratado de paz firmado con Chile y de esta forma se inició el segundo militarismo y la lenta reconstrucción del Perú a manos, nuevamente, de los caudillos.

Dos años después del retiro de las tropas chilenas de Lima, en enero de 1885, Manuela Blacker Martel se casó vestida de negro en señal de luto por los caídos en la guerra. El novio fue el comerciante italiano Juan Monteverde y Monteverde, de 30 años, hijo de Juan Monteverde y Agustina Monteverde. Los testigos de soltería de la pareja fueron los italianos Juan Botto y Agustín Macchiavello.

En el expediente matrimonial Manuela se declaró hija natural de Juan Blacker y Gavina Martel y Alzamora, al mismo tiempo que dejó evidencia de una costumbre femenina de la época: se rebajó la edad. Manuela declaró tener 25 años cuando en realidad tenía 31. Este detalle permite suponer que la Iglesia no era tan escrupulosa como se creía a la hora de celebrar los matrimonios, ya que Manuela tenía partida de bautizo y en ella se consignaba claramente que nació el 25 de marzo de 1853. En el mismo expediente Juan Monteverde citó su domicilio en la calle Carmen Alto, mientras que Manuela señaló que vivía en la calle del Cercado número 4.

Mientras tanto, un año antes del matrimonio de Manuela, en junio de 1884, su media hermana Dolores “Dolly” Blacker Espantoso se casó en Londres con el fabricante de cerveza inglés Stephen George Holland, con quien tuvo tres hijos: Kenneth George Holland, Dolores "Nini" Holland y Vivian Ernest Holland. La familia vivió por mucho tiempo en la calle Sussex Square, a pocos pasos de la casa de los padres de Dolly.

Por otra parte, en 1886, cuando Manuela ya había cumplido el primer aniversario de matrimonio, su hermano Leoncio Blacker fue padre por segunda vez. En esta ocasión la madre del niño fue Ruperta Emilia León Mandujano, una joven de 17 años, hija de Juan León Valenzuela y Mercedes Mandujano Arenas.

El bebé, nacido el 17 de marzo de 1886, fue bautizado con el nombre de Juan Alejandro Blacker León en una ceremonia efectuada el 25 de abril de 1886 en la iglesia de San Lázaro. Sus padrinos fueron Antonio Flores y Victoria León. Según se consigna en la misma inscripción, Leoncio Blacker se acercó a la iglesia y reconoció a su hijo el 20 de noviembre de 1886; es decir, ocho meses después de su nacimiento. En ese momento Leoncio continuaba soltero.

De otro lado, también en 1886, el Consejo de Ministros del Perú ordenó expedir una cédula de montepío a favor de Gavina Martel y le asignó una pensión mensual de 36 soles y 66 centavos, monto que correspondía a las dos terceras partes del haber de su hijo mayor, el subteniente José Páramo, quien -como se señaló en el post anterior- murió durante la Batalla de Miraflores el 15 de enero de 1881.

Foto: Fotografía matrimonial del comerciante italiano Juan Monteverde y Manuela Blacker Martel.

-Nota: Después de la guerra con Chile se creó un Tribunal Arbitral Anglo-chileno para analizar posibles reclamaciones de súbditos británicos contra el gobierno de Chile. Muchos británicos residentes en el Perú presentaron reclamos por el hurto de sus mercaderías y pertenencias o por la destrucción de sus casas o firmas en Chorrillos, Miraflores, Barranco, Cerro Azul, Arica, Iquique, Pisagua, Mollendo, Tacna, etc.
Entre los reclamantes estuvieron Richard Thomas Anderson, David Duncan, Henry J. Fox, Thomas Woodsend, Alexander C. Mitchell, David Genno, John Farquharson, Tomas Lawlor, Alfredo J. Brierly, William E. Aitken, Benjamin J. Smith, Guillermo Tweddle, James Kirkwood, Jorge y Guillermo Stafford, Alejandro Hartley, Guillermo Ricketts, John Mathison, George Petrie, Alexander Prentice, John James Harris, Bates Stokes & Co, Huth & Co, Carlos Kemish, Ricardo Melson, Roberto Reid, William V. Fry, William Simpson, The Lima Railways & Co Limited, Thomas Keppel, Carlos Watson, Roberto Key Jeffery, John Scott, William Long, James Bishop, Carlos Baker, Thomas Simonds Tuffield, Lebbeus Sumpter, Samuel Peake, Guillermo S. Main, Juan Meikle, Carlos Hume Williams, John Briggs, Jefferson & Co, Viuda de Miller & Co, Robert Bishop, Roger Davies, George P. Rosenthal, Mary Watkins, María Portocarrero (viuda de Alejandro MacLean), Santiago Canny, Jorge Elster, Alicia E. Gallagher de Carrol, John Tregear, Juan Tomas North, Virginia Mariátegui (viuda de Enrique Swayne), Guillermo Sans Stanley, W. S. MacLelland, William Speedie, John Jefferson, Robert Smart, J. A. Robilliard, Julia MacLean de Outram, Guillermo Hill, Alejandro Stenhouse, Susana Cooper, Antonio Delolme, The Peruvian Guano Company Limited, Mercedes Méndez (viuda de Guillermo Reid), Campbell Jones & Co, Crown Parfumery & Co, Simon Israel & Co, Gerald Garland, Tomas Chapman, William MacLean, Federico Ford, John Farner, Thomas Wheelock, Jorge E. Brooking, Guillermo Sutherland, A. M. Fischer, etc.