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martes, 21 de octubre de 2008

La muerte de Leoncio

El 19 de agosto de 1909, cuando su hija menor tenía apenas 2 años de edad, Leoncio Blacker Martel murió en la calle del Tren, número 92, en el distrito de Chorrillos. La defunción fue registrada en la Municipalidad de Chorrillos por su joven hijo Carlos, quien en ese momento se declaró soltero y comerciante.

En la partida de defunción se señala correctamente que Leoncio falleció a la edad de 54 años, mientras que los testigos del deceso fueron el empleado Miguel Fragua y el comerciante Pedro Guimet. Sin embargo, un dato que causa sorpresa es que Carlos Blacker inscribió a su padre como hijo de Juan Blacker y Gavina Alzamora. Esto no sólo significa que la confusión respecto al verdadero apellido de Gavina duró muchos años, sino que el fallecido quedó registrado erróneamente como Leoncio Blacker Alzamora y así permanece en los archivos del municipio chorrillano.

En la partida de defunción se señala, además, que la causa de muerte fue un "epitelioma de cuello", pero en la inscripción posterior, antes del entierro en el cementerio Presbítero Maestro, se anota que la causa de fallecimiento fue una neumonía.

A pesar de que pasó varios días postrado en cama antes de su muerte, Leoncio no dejó testamento. Según fuentes familiares, él trabajaba en ese entonces para su madre como encargado de cobrar los alquileres de las propiedades que Gavina Martel poseía en La Magdalena y Chorrillos.

Su muerte dejó a su numerosa familia en una incómoda posición económica y su viuda, Emilia León, se vio obligada a pedirle ayuda a su suegra, aunque la relación entre ambas no era nada cordial. La madre de Leoncio aceptó apoyar económicamente a su nuera, pero con una reducida mensualidad. En ese momento las niñas Blacker León acudían al colegio León de Andrade, que estaba ubicado en el centro de Lima y que posteriormente se convertiría en el colegio Sophianum.

Por los testimonios recogidos es evidente que Gavina Martel exhibía en esa época una sólida posición económica. Incluso, unos días antes de la muerte de Leoncio, Gavina sufrió un robo en su propia casa de la calle Ilave. Fue un hurto valioso que mereció la atención de la prensa y la noticia se publicó en el diario El Comercio el 5 de agosto de 1909. En la nota periodística se detalla el robo de varias alhajas valorizadas en 1,920 soles de la época y Gavina aparece citada como viuda de Blacker.

La manera cómo Gavina Martel acumuló propiedades y joyas permanece en el misterio. Ella recibía una pensión mensual por la muerte de su hijo José Páramo en la guerra con Chile, pero ese dinero no era prueba suficiente para explicar su buena situación económica. No ha sido posible comprobar si recibió periódicamente dinero del comerciante inglés John Blacker (como ella lo declaró cuando solicitó al Arzobispado de Lima la partida de bautizo de su hijo Leoncio) o si recibió algún tipo de indemnización, aunque existe un documento que podría aclarar algunas dudas.

En ese documento, que data de diciembre de 1888 y que fue encontrado en el Arzobispado de Lima, Gavina señala textualmente lo siguiente: “siéndome necesario absolutamente acreditar mi legitimidad y la de mi difunto hermano don Matías Martel, presbítero de la diócesis de Trujillo, acudí a la parroquia del Sagrario para obtener tanto mi partida bautismal como la de mi referido hermano, pero desgraciadamente ambas matrices no se hallan en los registros de dicha parroquia”.

Gavina agrega que su hermano había fallecido el 26 de octubre de 1888 en la ciudad de Piura “dejando intereses sin heredero”, y acota: “yo como legítima hermana debo hacer míos legalmente esos intereses”.

A los 53 años de edad, Gavina solicitó por primera vez su partida de bautizo y se dio con la sorpresa de que no existía. Para acreditar que decía la verdad tuvo que presentar dos testigos: el agricultor Valentín del Corral y Juan Loyola, amigo íntimo de sus padres. Ambos supuestamente habían estado presentes en su bautizo. Adicionalmente presentó otro testigo: el carpintero Melchor Balbuena, ex vecino de su familia en el barrio de Santo Domingo. Finalmente, Gavina adjuntó como prueba de legitimidad la partida de matrimonio de sus padres.

En corto tiempo, la iglesia aceptó su solicitud y ella quedó registrada en el libro de bautizos de diciembre de 1888 como hija de José Dolores Martel y Gertrudis Reyes. Según el documento, Gavina nació el 19 de febrero de 1835, lo que a lo largo de esta investigación nos ha permitido calcular su edad “oficial”, aunque otro documento deja abierta la posibilidad de que en realidad haya nacido dos años antes, en 1833.

Por otra parte, la partida de bautizo de su hermano Matías se registró recién en 1890 y en ella figura que nació en 1837. Se cree que la inscripción de las partidas bautismales le permitió a Gavina acceder a los intereses dejados por su hermano fallecido, lo que podría explicar, en parte, la posición económica que alcanzó. Decimos “en parte” porque su hermano fue un religioso de rango intermedio y es poco probable que haya amasado una considerable fortuna.

Un hecho anecdótico en esta historia es que como madrina de bautizo de Gavina Martel aparece citada Mercedes Zamora, cuyo apellido es muy similar al que se atribuyó Gavina durante muchos años. Sin embargo, en esta petición al Arzobispado, Gavina extrañamente no hizo ninguna referencia al apellido Alzamora. Por eso sorprende que en 1909, veinte años después de este episodio, su nieto Carlos haya declarado que su padre Leoncio fue hijo de Gavina Alzamora.

Foto: La revista Variedades publicó una fotografía de Leoncio Blacker y una pequeña reseña dando cuenta de su fallecimiento.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Cóctel de emociones

Después del viaje de Leoncio a Piura en 1875, las nuevas pistas sobre la familia Blacker Martel se encuentran en plena guerra con Chile. En medio de ese conflicto armado y a los 25 años de edad, Leoncio fue padre por primera vez. La madre del niño fue la limeña Josefina Mascaro Lozano, hija de Cipriano Mascaro y Petronila Lozano.

El bebé, nacido el 19 de diciembre de 1880, fue bautizado con el nombre de Nemesio Leoncio Blacker en la parroquia de San Marcelo el 1 de enero de 1881. En la partida de bautizo se consigna que Leoncio Blacker era comerciante y se inscribe al niño como “hijo legítimo”, aunque Leoncio no era casado con Josefina.

En aquel momento la situación del país era particularmente desgraciada. La fuerza naval peruana, con el almirante Miguel Grau a la cabeza, había sido aniquilada en octubre de 1879; las provincias sureñas de Tarapacá, Tacna y Arica habían caído bajo el dominio del ejército chileno y las tropas invasoras ya habían desembarcado en Chilca para iniciar la ocupación de Lima.

Doce días después del bautizo del primogénito de Leoncio Blacker se produjo la batalla de San Juan y Chorrillos, mientras que el 15 de enero tuvo lugar la batalla de Miraflores, que fue particularmente dolorosa para Gavina Martel porque en ella pereció su hijo mayor: el subteniente del Ejército, José Páramo.

Vencida la resistencia peruana y desatados el caos, la destrucción y la incertidumbre, el ejército de Chile ingresó a la ciudad de Lima el 17 de enero de 1881. Sólo tres días después de la invasión, el 20 de enero, otro terrible suceso volvió a enlutar a la familia Blacker Martel: la muerte de Aurelia. No se ha podido establecer si el deceso de la hermana de Leoncio tuvo relación directa con la intervención militar chilena, pero llama la atención que la causa de su muerte haya sido una fractura.

Aurelia, la tercera hija de John Blacker y Gavina Martel, tenía apenas 23 años de edad y era soltera sin descendencia. Su tumba se encuentra en el cementerio Presbítero Maestro y en el documento de la Beneficencia de Lima redactado antes de su entierro se consigna que vivía en la calle Ilave.

Desde nuestra perspectiva actual es difícil de calcular el impacto que causó en los miembros de la familia la acumulación de noticias tan importantes y dramáticas en tan corto periodo. En apenas treinta días, Leoncio se convirtió en padre, José Páramo murió en combate, el ejército chileno ocupó Lima y Aurelia sufrió una fractura que le costó la vida. Un cóctel de emociones que debe haber afectado particularmente a Gavina Martel, quien se convirtió en abuela y perdió dos hijos en el transcurso de un mes.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, John Blacker llevaba una placentera vida en Londres. En el censo londinense correspondiente al año 1881 el comerciante inglés aparece viviendo en la misma casa de Sussex Square que declaró diez años antes. Con él vivían su esposa Carmen Espantoso, su hija Dolores y seis sirvientes.

Su hijo menor, John, era alumno interno en el prestigioso colegio católico St Edmund´s en Standon, mientras que su hija Carmen Blacker se casó en marzo de 1880 con el comerciante inglés Charles Alexander J. Devaux, con quien tuvo tres hijos: Charles John Devaux, Ernest Joachim Devaux y Carmen Devaux.

Los tres niños nacieron en Londres y la familia residió por algunos años en Paddington, aunque poco tiempo después del nacimiento de su última hija, los Devaux-Blacker viajaron a Alemania y se establecieron de manera permanente en la ciudad de Friburgo.

Foto: Partida de bautizo del primer hijo de Leoncio Blacker Martel. El niño, Nemesio Leoncio Blacker Mascaro, nació en plena guerra con Chile.

jueves, 1 de mayo de 2008

El bautizo de Leoncio

Respecto a la relación de John Blacker con los hijos que dejó en el Perú sólo existen referencias indirectas que fueron halladas en documentos fechados en diciembre de 1873 y en enero de 1874. Ambos escritos contienen detalles de un reclamo de Gavina Martel ante el Arzobispado de Lima debido a que la constancia de bautizo de su hijo Leoncio no se registró en los libros de la parroquia del Sagrario, por lo que pide que se subsane el error y se extienda otra partida.

La primera carta data de diciembre de 1873 y lleva la firma de “Gabina Martel de Alzamora”, quien revela que Leoncio fue “hijo natural de Juan Carlos Blacker” y agrega que el comerciante inglés “reconoció siempre por su hijo a Leoncio, pasando hasta el día una mesada para él y para su otra hija Manuela Encarnación Blacker”.

Respecto a los detalles de su petición, Gavina Martel escribe textualmente lo siguiente: “en 1 de marzo de 1855 di a luz un niño, al cual se le puso la agua del bautismo en mi casa por el finado padre Seminario por caso de necesidad, y como a los 15 días fue llevado a que se le pusiera el óleo en la parroquia del Sagrario, de donde era yo feligrés, y en cuya parroquia se había bautizado antes mi 1ra hija Manuela Encarnación Blacker, pero sea por descuido o por cualquier otro motivo; lo cierto es, que necesitando en días pasados la partida bautismal de mi hijo, no se ha encontrado en los libros de dicha parroquia...”.

En la segunda carta, fechada en enero de 1874, Gavina aduce que su hijo Leoncio no puede acreditar su edad y que además es perjudicado porque no puede ser admitido en el colegio. En este último punto es probable que ella se refiera en realidad a un colegio militar o profesional porque, al momento de la petición, Leoncio ya contaba con 18 años.

Para comprobar la autenticidad de lo señalado en sus cartas, Gavina propuso tomar declaración a tres testigos: el comerciante Jenaro Gutierres (sic) y los abogados Manuel Chepote y Luciano Benjamín Cisneros, quien era además diputado y abogado del Banco Nacional del Perú. Mediante un decreto, la Iglesia declaró “no ha lugar” el pedido de Gavina Martel argumentando que el padre de Leoncio se encontraba ausente y que se requería su presencia para expedir la partida.

La única alternativa posible para obtener el documento era que Leoncio fuese declarado “hijo de padre no conocido” o que John Blacker, quien vivía en Londres, concurra a la citación. El decreto fue puesto en conocimiento de Gavina Martel, quien no lo firmó, haciéndolo por ella su hijo Leoncio en enero de 1874.

La revisión completa de todos los documentos referidos a este caso deja abiertas varias interrogantes. Por ejemplo, es extraño que Gavina no haya mencionado en su petición a su hija Aurelia, cuyo padre era también John Blacker y había sido bautizada en 1858, por lo que su nombre aparecía en los libros de la iglesia. También llama la atención que no haya hecho referencia a su fallecida hija Natalia Blacker.

Otra curiosidad es que Gavina se refiere a Manuela como su primera hija y le atribuye un segundo nombre (Encarnación) que no aparece en su partida de bautizo. En este punto es oportuno recordar que el primer hijo de Gavina fue José Páramo.

Otro detalle es que Gavina identifica a John Blacker como “Juan Carlos”, aunque el segundo nombre del comerciante inglés era Lewis. En un post anterior, referido a la partida de bautizo de Natalia Blacker, se consideró que el nombre "Juan Carlos" fue utilizado para encubrir información respecto a la filiación paterna de la niña. Sin embargo, es probable que el mismo comerciante inglés se haya atribuido ese nombre y la pista que apunta en esa dirección es que Blacker bautizó como “Juan Carlos” al primer hijo de su matrimonio con Carmen Espantoso.

Por otra parte, un año después de que fracasó la petición de Gavina Martel ante el Arzobispado de Lima, su hijo Leoncio Blacker, de 20 años, se trasladó a la ciudad de Piura. No se conocen exactamente los motivos de su viaje, pero se presume que pretendió reunirse o se reunió con Alexander Blacker, quien vivía en el puerto de Paita y era hermano de su padre.

Es probable que Leoncio, a través de su tío, haya tratado de establecer algún tipo de contacto con John Blacker para poder obtener su partida de bautizo. Hay evidencia de ese viaje porque Leoncio envió una fotografía en la que escribió una dedicatoria a “sus hermanos José, Manonga y Aurelia” con fecha 13 de abril de 1875.

Si Leoncio Blacker hizo alguna gestión para inscribir extemporáneamente su constancia de bautizo, parece que no tuvo éxito. A pesar de que no pudo acreditar su identidad (*), Leoncio Blacker sí logró enrolarse finalmente en una institución educativa ya que es citado como "estudiante" en el Almanaque del Comercio de Lima, editado por Carlos Lemale en 1876. Según la publicación, Leoncio vivía en el número 39 de la calle Cailloma y en la misma dirección residía un comerciante de apellido Lariva y funcionaba la comisaría del distrito primero.

En esa época, para facilitar su administración, Lima se dividía en cinco cuarteles, y cada cuartel comprendía dos distritos. Es decir, habían cinco cuarteles y diez distritos, los que, en total, comprendían 46 barrios. Además, Lima había experimentado varios cambios de carácter urbano debido al crecimiento de la población. Por ejemplo, cada cuadra había dejado de tener nombre propio y ahora formaba parte de una calle. En el caso de Cailloma, incluía las cuadras que habían sido conocidas como Monopinta, Villegas, Acequia Alta, Arévalo, Calonge, Argandoña y Afligidos.

Otro cambio importante en la ciudad se notaba en el pavimento de las calles y en las acequias y albañales, que habían sido cubiertos, evitando así epidemias, malos olores y la vista desagradable de los desperdicios de la ciudad.

También en 1876 se ha encontrado información respecto a la firma Isaac & Co, la cual continuaba operando en Lima tras la partida de John Blacker. Su representante era en ese momento Adolfo E. Polis, quien figura en el directorio de la compañia Sud-Americana de Seguros contra riesgos marítimos e incendios. Asimismo, la firma Isaac & Co tenía como dirección el número 100 de la calle Lampa.

Foto: Extracto de una de las cartas enviadas por Gavina Martel al Arzobispado de Lima para solicitar la partida de bautizo de su hijo Leoncio Blacker.

(*) Está comprobado que Leoncio Blacker sí fue bautizado, pero con un apellido paterno diferente. El 10 de marzo de 1855, en la iglesia de Santa Ana y a los diez días de nacido, Leoncio fue bautizado con el nombre de José Leonsio. En el documento aparece como hijo natural de don José Mendiburu y de doña Gavina Alzamora. Su padrino fue Manuel María Marín. La partida se encuentra en el libro 21, folio 40. A lo largo de su vida, la madre de Leoncio mantuvo esta información en absoluto secreto y más tarde le atribuyó a su hijo el apellido Blacker debido al evidente parecido físico de Leoncio con el comerciante inglés John Blacker Thierry. Este hallazgo permite suponer que Gavina había desarrollado una relación ocasional con John Blacker, por lo que en 1855 no sabía a ciencia cierta quién era el padre de su hijo. Respecto a las gestiones que realizó Gavina ante el Arzobispado de Lima en 1873 y 1874 con la finalidad de obtener la partida de bautizo de Leoncio, parecen haber sido sólo un desesperado intento por lograr una inscripción extemporánea y subsanar así el supuesto error cometido en 1855.

viernes, 1 de febrero de 2008

Leoncio Blacker

Como ya se señaló en un post anterior, Manuela Blacker Martel nació en marzo de 1853, mientras que dos años más tarde, el 1 de marzo de 1855, nació su hermano Leoncio. Eran tiempos de profundos cambios en la historia del Perú. En aquel 1855 Ramón Castilla derrocó al presidente José Rufino Echenique, a quien precisamente le había cedido el poder en 1851.

Con el retorno de Castilla a la presidencia entró en vigencia la ley que abolió la esclavitud y se anuló el tributo obligatorio que debían pagar los indígenas, mientras que en el aspecto urbano se impulsó la creación de la empresa de agua potable y se dieron los primeros pasos para mejorar la salud pública porque Lima era una ciudad que vivía en constante riesgo de sufrir epidemias. Precisamente, en 1854, un año antes del nacimiento de Leoncio, se había producido una epidemia de fiebre amarilla que causó pánico y más de dos mil muertos en la capital.

Al no existir un apropiado servicio de desagüe, la mayoría de calles de la ciudad tenían acequias y albañales de poco fondo donde se depositaban desperdicios, así como las deyecciones de personas y animales. El funcionamiento del ferrocarril no significó que las mulas, los burros y los caballos dejasen de ser un útil medio de transporte. Además, los campesinos solían conducir por la ciudad rebaños de vicuñas y alpacas llevando diferentes productos. Todos esos animales evacuaban sus excreciones en las calles y en las acequias, que no sólo emanaban olores desagradables sino se desbordaban con facilidad, provocando serios riesgos para la salud.

El agua limpia que se consumía en Lima provenía del río Surco y de un manantial formado por filtraciones del río Rímac, pero no llegaba a las casas a través de tuberías. Las cañerías subterráneas conducían el agua a las piletas y fuentes públicas que se ubicaban en plazas y plazuelas. De aquellas piletas y fuentes, los aguadores tomaban el agua que luego vendían a pie o montados sobre el flaco lomo de sus mulas, con dos barriles llenos que hacían contrapeso. Los vecinos también podían tomar libremente el agua de las fuentes, mientras que algunas casas tenían pozos de agua subterránea o acequias.

En esa época el concepto de higiene y salud pública recién empezaba a adquirir importancia, lo que era además una muestra de los nuevos tiempos que se vivían en la capital a partir de la riqueza generada por el guano. En octubre de 1855 el gobierno concedió a Thomas Wheelock un privilegio por 50 años para llevar agua a las casas a través de cañerías, contrato que posteriormente el concesionario transfirió a Manuel Mariano Basagoytia, quien se convirtió en accionista principal de la "Empresa de Agua".

Por otra parte, el 5 de mayo de 1857, cuando Leoncio Blacker tenía dos años de edad, Lima siguió su camino hacia la modernidad con la inauguración del sistema público de alumbrado a gas. Por orden del presidente Castilla se encendieron 400 lampadarios que alumbraron el Palacio de Gobierno y cuatro cuadras a la redonda en medio de la curiosidad y alegría general.

Sólo dos meses después de aquella inauguración, el 27 de julio de 1857, Gavina Martel Reyes dio a luz a una niña que recibió el nombre de Aurelia Blacker. Ella fue bautizada en la parroquia de San Marcelo el 7 de mayo de 1858, a los 9 meses y días de nacida. En la partida de bautizo se consigna que la niña ya había sido bautizada antes, por caso de necesidad, por el presbítero José María Chumpitaz.

Esta situación puede parecer extraña, aunque la explicación se encuentra en una costumbre de la época. Si una persona tenía amistad con el cura de la iglesia correspondiente a su barrio, no era insólito que le pidiera que acuda a su casa a “ponerle agua bautismal” al recién nacido, sobre todo si el niño tenía algún problema de salud o algún brote infeccioso se había presentado en la ciudad.
El cura acudía a la casa del feligrés de su iglesia, efectuaba una ceremonia sencilla, apuntaba en un pequeño papel los datos del niño y posteriormente registraba el bautizo en los libros de la iglesia. No obstante, en fecha posterior, el niño tenía que ser llevado obligatoriamente a la iglesia para recibir “óleo y crisma”. Este fue el caso de Aurelia Blacker.

También en 1857 el Salón de Comercio y la Biblioteca Inglesa de Lima, institución que ya era conocida simplemente como Bolsa o club Inglés, se trasladó a la casa del ciudadano Pedro Terry, en la calle Melchor Malo, donde siguió operando con sus más de cien miembros inscritos. Unos años antes esta institución había funcionado bajo la presidencia de Samuel Went.

Foto: Leoncio Blacker Martel a los 20 años de edad. Imagen tomada en Piura.