El desarrollo de nuevas rutas marítimas hizo más fácil el arribo de inmigrantes al Perú. Sin embargo, así como muchos extranjeros llegaban al país, otros decidían marcharse. Uno de los comerciantes ingleses que decidió buscar fortuna en otro país fue Henry Dalton, cuya casa comercial sufrió daños en 1838 durante la guerra entre Chile y la Confederación Peruana-Boliviana.La inestabilidad política del Perú, el declive de sus negocios y una enfermedad desconocida empujaron a Dalton a irse del país. El comerciante inglés partió del Callao en 1841 rumbo a México en el único barco que le quedaba y llevó consigo una importante cantidad de mercaderías. Endeudado con otros comerciantes ingleses y abandonando todo, incluyendo a una mujer con la que nunca se casó y a sus hijos, Dalton dejó atrás veinte años de estadía en el Perú.
Paradójicamente, ese mismo año se inició una actividad que cambiaría la situación económica y política del país: la comercialización del guano. El fertilizante natural fue un éxito en Europa y produjo una prosperidad que atraería a nuevos comerciantes, aventureros y artesanos no sólo británicos sino de toda Europa. A mediados de la década de 1840, el guano era el principal producto de las exportaciones peruanas. Las islas guaneras estaban repartidas entre las diferentes provincias del litoral y habían acumulado a través de los años inmensas cantidades de estiércol de aves.
De otro lado, el rápido crecimiento de la Pacific Steam Navigation Company y su tránsito marítimo más intenso provocó que empezara a encontrar cada vez más problemas para realizar reparaciones y aprovisionarse de carbón. Esta situación condujo a la construcción, en 1843, de un depósito y un taller de reparaciones en el Callao para el uso exclusivo de la PSNC, lo que obviamente permitió la llegada de un importante número de mecánicos e ingenieros ingleses. En algún momento la compañía llegó a tener más de 40 vapores operando en costas peruanas, por lo que también tuvo que establecer en el Callao una panadería y una carnicería para aprovisionar a los barcos. Incluso, la PSNC tenía tierras para criar ganado y construyó casas para sus empleados ingleses, así como su propio hospital y teatro.
La colonia británica ya estaba organizada y cumplía un rol importante en la sociedad. Una nueva muestra de ello fue la fundación de la Biblioteca Inglesa, un lugar donde se ofrecían periódicos extranjeros, principalmente franceses, ingleses y españoles, así como las obras más modernas relacionadas al comercio y la literatura.
En aquella época la vida nacional giraba alrededor del guano. En 1849 uno de los lugares más protegidos por las autoridades nacionales, a través de ordenanzas que incluso prohibían molestar a las aves, eran las llamadas Islas Chincha, un grupo de rocas situadas a una decena de millas de la costa, al frente de la ciudad de Pisco. Cuando un navío llegaba a esa zona recibía un número de orden que indicaba su turno de carga, el que a veces demoraba dos o tres meses en hacerse efectivo.
Al llegar su turno, la nave atracaba cerca de las rocas puntiagudas que formaban la isla y a través de una larga manga de tela que bajaba de lo alto de esas rocas se transportaba el guano. La explotación del fertilizante natural era un trabajo simple. Los barcos se amarraban en los puntos de las islas más pacíficos y volquetes arrastrados por mulas, sobre pequeños trenes de rieles móviles, se acercaban hasta los barcos a vaciar su carga. Para esta operación sólo se necesitaban algunos centenares de trabajadores, que el gobierno elegía, por economía, entre los inmigrantes chinos y polinesios, quienes además vivían en las islas y dormían en cuadras bajo inhumanas condiciones.
Agentes del fisco estaban encargados de las operaciones y vigilancia del negocio. Ellos permanecían un año en sus puestos y vivían también en las islas, en casas de madera, que no eran inmunes al penetrante olor a amoníaco que despedía el abono. La explotación del guano se impulsó bajo el sistema de contratos y consignaciones que hizo particularmente poderosa a la casa londinense de Antony Gibbs & Co y su sucursal limeña, y produjo una bonanza económica que sirvió para apaciguar los afanes caudillistas que habían impedido durante años concretar cualquier política nacional de largo plazo.
La importancia que alcanzó el fertilizante natural terminó con el periodo histórico conocido como el Primer Militarismo y fortaleció la figura del presidente Ramón Castilla durante su primer gobierno (1845-1851). Además, generó la llegada de créditos extranjeros, aumentó la presencia de inmigrantes europeos en el país y las importaciones se duplicaron.
También se inició el pago de la deuda externa (sobre todo a Inglaterra) y el pago de la deuda interna a las familias y comerciantes que habían aportado con dinero, joyas u otros objetos de valor a las guerras de independencia o a las sublevaciones de los caudillos. Para reclamar el pago, las personas o familias que habían colaborado con las causas patrióticas debían entregar bonos de consolidación, que eran documentos que certificaban las deudas y que en algunos casos llevaban las firmas de los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar.
El apogeo del guano le permitió al presidente Castilla mejorar la institucionalidad nacional, aplacar el desorden político y modernizar, sobre todo, la ciudad de Lima. Desde la emancipación, el gobierno del Perú había estado en manos de militares que no tenían una idea clara del papel que debía cumplir el Estado para impulsar el desarrollo del país. La mayor parte del presupuesto público se invertía en armas y las mayores preocupaciones de los gobernantes pasaban simplemente por encontrar la manera de perseguir a sus rivales políticos y sofocar posibles revueltas destinadas a expulsarlos del poder.
Esta idea empezó a cambiar a partir de este periodo y por fin el país ingresó en una momentánea etapa de tranquilidad interna que sirvió para atraer más inmigrantes. En esta época el Salón de Comercio formado en 1835 se fusionó con la Biblioteca Inglesa en un local de la calle Bodegones 186 y pasó a llamarse Salón de Comercio y Biblioteca Inglesa de Lima.
Durante los tiempos del apogeo del guano y en años posteriores, un gran número de ciudadanos de origen inglés residían en el Perú. Se han encontrado registros de los hermanos John y Alexander Blacker, Stephen Henry Sulivan, John Barton, Edward Robertson, Charles Wilthew, George Hodges Nugent, Charles Higginson y familia, Henry Swayne, Clements R. Markham, Charles Edward Stubbs, Charles Eggert, Samuel Went, William Pitt Adams, William Russell Grace, Thomas Eldredge, Thomas Wheelock, Pedro Terry, John Rowe, Charles Rowe, John Mathison, Thomas Conroy, Joseph Brown, James Henry, George Logan, Charles Thomas, G. J. Rodewald, Gerald Garland, John Gallagher, John Robinson, Charles Williams, Chas. Browne, los hermanos John y Francis Bryce, John Black, Archibald Smith, J. A. Burnett, J. W. Clarke, John Mackie, Adam Butters, Henry Humphreys, los hermanos John y Charles Edwards, Thomas Dawson, Gerrit S. Backus, Douglas Hastings, Horatio Bolton, James Graham, Hugh Torrence, James Wingate, Samuel Duncan, Norman Evans, John Ward, John Gunner, Henry Hammond, Charles Kemish, Alex E. Prentice, Walter S. Church, José P. Davis, José Hindle, Thomas Buckley, Max Blum, Henry Hilton Leigh, Thomas Cole, entre otros.
También se han encontrado referencias a los apellidos Anderson, Elliot, Donovan, Adams, Thorndike, Bailey, Bayly, Moss, Briggs, Simpson, Lang, Park, Arrop, Redman, Porter, Pittman, Leslie, Nicholson, Hill, Griffiths, Allison, Ruden, Marriott, Benson, Caldwell, Clay, Clark, Colville, Meiggs, Crunning, Miller, Kendall, Maclean, Leadly, Dyer, Durham, Wingate, Torrence, Grey, MacGilvery, Farmer, Fleming, Taylor, Cochrane, O´Brien, Temple, Crosby, Fraser, Petrie, Ford, O´Phelan, Smith, White, Williams, Watson, Prain, Parker, Mayne, Elmore, Wells, Shaw, Sothers, entre muchos otros.
Foto: Registro oficial de cónsules británicos que cumplían funciones en Lima, Callao, Islay, Arica y Paita en 1855.